3 excéntricos hábitos de Einstein que pudieron llevarlo a la genialidad

Todos tenemos hábitos o ‘rituales’ personales que, a nuestro parecer, nos ayudan a seguir adelante con nuestra vida diaria de la mejor manera.

Desde lo que hacemos en cuanto despertamos, cómo nos preparamos para salir a la calle, la forma en la que comemos, las actividades que realizamos por la tarde o cómo nos alistamos para la hora de dormir; a cada momento del día le ponemos nuestro propio toque, algo que incluso los grandes personajes de la historia han hecho.

Tal es el caso del genio alemán Albert Einstein, cuyas excéntricas costumbres han intrigado a los expertos, razón por la que muchos han estudiado la relación de las mismas con su capacidad mental.

Hoy, te compartimos tres únicos hábitos del físico y su posible relación con su genialidad.

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Dormir diez horas

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A Albert Einstein le gustaba dormir, por lo menos, diez horas al día, cuando la mayoría de nosotros descansa, en promedio, 6.8 horas. El propio científico dijo en varias ocasiones que muchas de sus grandes ideas, incluida la teoría de la relatividad, llegaron a su mente en forma de sueños pero, ¿pudo esto ser cierto?

Cuando dormimos, nuestro cerebro pasa por toda una serie de ciclos. Cada 90 a 120 minutos, el órgano central fluctúa entre el sueño ligero, el profundo y la fase conocida como REM (Rapid eye movement o movimientos oculares rápidos) que, hasta hace poco, se pensaba que desempeñaba un importante papel en el aprendizaje y la memoria.

Sin embargo, los seres humanos “pasamos el 60% de nuestra noche en un sueño no REM”, explicó Stuart Fogel, neurocientífico de la Universidad de Ottawa, en Canadá. Este tipo de sueño se caracteriza por rápidas ráfagas de actividad cerebral que ocurren miles de veces cada noche en periodos que duran apenas unos cuantos segundos.

Conocidas como huso del sueño o ritmo sigma, comienzan con un aumento en la energía eléctrica generado por las estructuras profundas del cerebro. El principal responsable de este fenómeno es el tálamo, una región que actúa como el principal “centro de comunicaciones”, así como la corteza cerebral.

De acuerdo con el experto, quienes presentan más incidencias de husos del sueño tienden a tener una mayor “inteligencia fluida”, es decir, la habilidad de resolver problemas, usar la lógica en nuevas situaciones e identificar patrones; una clase de inteligencia que Einstein parecía poseer en abundancia.

Así, sus largos periodos de descanso efectivamente pudieron tener que ver con su capacidad mental.

Caminar

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Para Albert Einstein su caminata diaria era algo sagrado. Al ir y regresar desde su casa hasta la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey, donde trabajó más de 20 años, recorría en total unos cinco kilómetros.

Hay evidencia de que esta actividad puede mejorar la memoria, la creatividad y la solución de problemas, ya que funciona como una suerte de descanso para el cerebro de otras tareas más intelectuales. Es en ese momento en el que aparece la “hipofrontalidad transitoria”.

Se trata de la moderación en la actividad de ciertas partes de órgano central, especialmente en los lóbulos frontales que participan en procesos como el juicio y el lenguaje. Al reducir un poco su labor, el cerebro se enfoca en otras cosas, lo que puede llevar a la persona a nuevos pensamientos y percepciones a los que no llegaría sentado en su escritorio.

¿Qué opinas ahora caminar en lugar de usar el automóvil o el transporte público?

Comer espagueti

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En algún momento Albert Einstein comentó que sus cosas favoritas de Italia eran “los espaguetis y el matemático Levi-Civita”, y es que aparentemente este platillo era el favorito del físico, el cual consumía regularmente.

Aunque la pasta tiene mala fama debido a su contenido calórico, es sabido que el cerebro devora el 20% de la energía del cuerpo, prefiriendo los azúcares simples como la glucosa desglosada de los carbohidratos.

Ya que el órgano central no es capaz de almacenar energía y que, cuando los niveles de glucosa bajan, la consume con mayor velocidad, una dieta baja en estas biomoléculas puede provocar que una persona presente un tiempo de reacción más lento y una memoria espacial reducida, ambas a corto plazo.

“El cuerpo puede recurrir a su propio almacenamiento de glucógeno, liberando hormonas de estrés como el cortisol, pero esto tiene efectos colaterales”, explicó Leigh Gibson, profesor de la Universidad de Roehampton, Inglaterra.

Sin embargo, aunque los azúcares pueden darle a los cerebros altamente activos el impulso que necesitan, esto no significa que comer espagueti todo el tiempo sea una buena idea.

“La evidencia sugiere que cerca de 25 gramos de carbohidratos (aproximadamente 40 piezas de pasta) es algo beneficioso. Pero si duplicas esa cantidad, podrías en realidad perjudicar tu capacidad de pensar”, concluyó Gibson.

CON INFORMACIÓN DE BBC

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