Especial

Por José Manuel Linares y José Alberto Castro

Una de las señales más prometedoras para el futuro de un país es la cantidad de emprendedores jóvenes con que cuente. Según una encuesta de la firma Ernest & Young a 685 emprendedores globales en 2016, más de la mitad de ellos montó su primera compañía antes de los 30 años. La mayoría no comenzó sus proyectos recién egresados de la educación superior, sino después de un tiempo de haber sido empleados en alguna empresa.

El informe Young Business Talent 2017, por su parte, indica que los jóvenes mexicanos prefieren ser emprendedores más que funcionarios públicos o contratarse como trabajadores en una empresa. Gran parte de ellos prefiere ser emprendedor (65.30 %), que trabajar para una empresa (29.38 %) o ser funcionario público (5.24 %). Los resultados provienen de una encuesta realizada a jóvenes preuniversitarios de entre 15 y 21 años en México, España, Italia, Portugal y Grecia, promovida y patrocinada por Nivea, ESIC Business & Marketing School y Praxis MMT, con el apoyo de las secretarías de Educación Pública y de Cultura.

En México, entre la juventud existe un gran talento, pero está sin guía, sin apoyo, particularmente en las zonas pobres. Así lo considera el doctor Alejandro Frank Hoeflich, quien es miembro de El Colegio Nacional e investigador del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3). También es uno de los fundadores del Programa Adopte un Talento (Pauta), que reúne los esfuerzos de las familias, las escuelas, los científicos, la iniciativa privada y el gobierno para impulsar el talento de las nuevas generaciones.

“Usamos varias frases, por ejemplo, ‘fuga de talentos’, que se refiere a aquellos chicos que tuvieron la oportunidad de hacer estudios superiores, que salieron del país, y que por distintas circunstancias no vuelven –explica el doctor Frank–. Pero la verdadera ‘fuga de talentos’ es hacia el interior de México: son los millones de niños que jamás se enteran de sus talentos porque no tienen oportunidad de cursar una carrera y dejamos que se apaguen”.

El recurso natural más importante que tiene México, señala el doctor Frank, son estos niños y jóvenes. “Tenemos que enfocarnos en una educación más rica, e incorporar a los maestros en este proceso. Obviamente, sin los maestros no podemos llevar a cabo esta tarea. Los maestros deben ser estimulados para aprender más, para poder lidiar con los niños que tienen problemas especiales, o que tienen alguna discapacidad. Pero también para los niños muy capacitados tenemos que estar preparados. Se trata de una gran alianza de maestros e instituciones. Los padres de familia también deben intervenir. Se trata de tender un puente con los académicos y la sociedad civil en general. La educación es muy importante para salir del subdesarrollo”.

Las historias que aquí contamos muestran a ocho jóvenes que tienen puesto el chip de la innovación, la camiseta del emprendedor, y sueñan con encabezar los cambios tecnológicos y científicos para transformar la industria, la empresa, la agricultura, la salud… Son una muestra de la riqueza creativa, talento e ingenio de los jóvenes mexicanos.

El doctor Frank ve un mejor futuro para México, siempre que se dé un cambio de enfoque de la sociedad hacia sus niños y jóvenes. Está convencido de que es una prioridad que no puede esperar. “Si le damos el lugar que se merece a la cultura, a la educación y a la ciencia, saldremos adelante”, sentencia.

Un biosensor contra el cáncer

El caso de Julián Ríos Cantú es excepcional, porque a sus 18 años ya encabeza Higia Technologies, empresa creadora de un parche biosensor, EVA, que sirve para detectar, de forma no invasiva, cáncer de mama.

Cuando era adolescente, vio amenazada la vida de su madre debido a un cáncer de mama. Avanzado el mal, por un diagnóstico tardío y fallas en los protocolos, a ella le extirparon los senos. Sin perder un segundo, este chico de Monterrey leyó todo lo que encontró sobre la enfermedad y pensó en una solución que contribuyera a la detección, en etapas tempranas, de un mal que acaba con la vida de miles de mujeres en todo el planeta.

Debido a la mala experiencia por la que atravesó su madre, Julián buscó un procedimiento no invasivo, más certero que la autoexploración y menos riesgoso que las mamografías, que son cuestionadas por posibles efectos tóxicos de la radiación y daños colaterales. Así surgió EVA, un dispositivo médico que detecta el cáncer gracias a 200 minibiosensores que mapean la superficie de la mama y muestran, entre otros datos, las zonas de altas temperaturas, que podrían indicar una mayor circulación de sangre y, por lo tanto, la posibilidad de cáncer.  

En abril de 2017, Julián y otros cuatro jóvenes que también participaron en el desarrollo de EVA ganaron el primer lugar en los Global Student Entrepreneur Awards. “No sólo rompió esquemas con una propuesta trascendental para la salud de las mujeres, también sorprendió debido a su corta edad y convicción para el emprendimiento”, fueron las palabras del jurado.

Como muchos otros emprendedores, Julián combinará en los próximos años su labor como CEO de su empresa y sus obligaciones como estudiante universitario; se muestra optimista porque hay muchos casos de emprendimiento precoz: “los adolescentes lideran innovaciones en física, química, medicina y matemáticas. Eso no se veía, no era tan sonado, no existían las oportunidades para emprender en la investigación a una corta edad”. Entre sus planes a futuro está utilizar la misma tecnología de EVA en la detección de cáncer testicular y en pie diabético.

El chico de las partículas

Cristóbal Miguel García Jaimes es originario de San Miguel Totolapan, en la región de Tierra Caliente, Guerrero. Cuando era niño, su padre los abandonó y su mamá enfermó de insuficiencia renal; Cristóbal se hizo cargo de su familia. Su papá, profesor de bachillerato, había dejado unos libros, entre ellos uno de Física avanzada que significó su boleto de entrada al mundo de la ciencia.

En la preparatoria participó con un proyecto de ciencias en el programa “Jóvenes hacia la investigación”. Halló que el zacate puede ser un bloqueador solar y eso le abrió las puertas del Instituto de Física (IF) de la UNAM, donde conoció al doctor Efraín Chávez, quien se convirtió en su mentor y a quien deslumbró con sus conocimientos de Física avanzada. Entonces, comenzó a diseñar un miniacelerador de partículas con material de reuso. Salía de un salón para ingresar a otro con una caja de cartón, con un tubo de PVC, con acrílico y aluminio para integrar el dispositivo. Su acelere era tal, dice, que sus compañeros comenzaron a tildarlo de loco.

Luego de ocho meses, 23 días y 13 horas de trabajo el prototipo quedó listo y resultó ser el acelerador de partículas más barato del mundo. Cristóbal tenía 17 años. “Hice el acelerador de partículas con sólo mil pesos, pues la intención era la de divulgar la ciencia; me propuse que cualquier chavo entendiera en qué consiste el proceso y cuál es su finalidad”. Ese invento le abrió oportunidades académicas a nivel internacional; desde 2015, es parte del Centro Europeo para la Investigación Nuclear (CERN), el mayor laboratorio de investigación en física de partículas del mundo, ubicado en la frontera franco-suiza.

Hoy, Cristobal está considerado como uno de los 200 líderes del mañana por la Universidad de Gallen, en Suiza. “Nací en medio de las montañas, donde no tienes internet, ni 3G o 4G para estar conectado. ¿Una computadora?, ¡imposible! Por fortuna contamos con una escuela primaria y una secundaria técnica que fueron mi tabla de salvación. Pese a todo, me surgió el deseo por irme, estudiar y superarme”.

También fundó, con otros compañeros de la UNAM, Ciencia Sin Fronteras para apoyar a jóvenes de escasos recursos en sus estudios. Piensa que vendrá una generación que hará el cambio, siempre y cuando se supere la desigualdad entre quien tiene internet y quien no. “Si queremos una generación disruptiva hay que dotarla de las herramientas y los conocimientos para innovar y emprender”, sentencia.

Para Cristóbal García resulta alentador que en escuelas de educación media se den casos de jóvenes con innovaciones y emprendimientos, pero aún falta por recorrer un largo camino. Aclara que no encaja en la llamada generación millennial, pues no nació en una casa con internet, televisión, teléfono y computadora.

Emprendedora e innovadora

La anemia afecta a dos millones de niños en México, una situación alarmante de salud en este sector de la población. La alumna de Prepa Tec Katya Elizabeth Unzueta Villalobos decidió emprender una cruzada contra este mal y empezó a estudiar, para conocer a fondo la enfermedad. Encontró que es fácil de curar y que los niños, las mujeres embarazadas y adultos mayores de las zonas rurales no pueden costear una consulta médica, análisis médicos y gastos de traslado a los centros de salud.

Luego de algunas sesiones de trabajo, Katya reconoció que el diagnóstico temprano es fundamental para combatir esta afección. Pensó, así, en la saliva como indicador para efectuar la prueba, un método no invasivo, indoloro y de fácil acceso para una población de escasos recursos económicos. En ese momento llegó a su mente la imagen de la prueba de embarazo.

Tras varios meses de investigación integró un equipo de trabajo y su iniciativa mostró grandes posibilidades de desarrollo en el campo farmacéutico. Así, para diseñar y producir masivamente la prueba casera de toma de saliva para detectar anemia, Katya y su equipo constituyeron la empresa médica DetectAn, que fue inscrita el 10 de octubre de 2016 en la incubadora de empresas del Tecnológico de Monterrey, Campus Chihuahua. “Tenemos validado un mercado prometedor para el producto; como empresa estamos activos, efectuamos pruebas finales y damos celeridad a nuestros procesos para obtener muy pronto la autorización de la autoridad sanitarias”, cuenta.

Katya es originaria de Durango y piensa que su generación –la de los millennials– se encuentra emplazada en un mundo competitivo y tecnológico, además de que la sociedad actual espera de ellos iniciativas de cambio; quiere que sean propositivos, autodidactas y eficientes en diversas competencias. Considera que el emprendimiento social será parte medular del desarrollo futuro de la sociedad. “Los jóvenes tenemos más oportunidades para emprender desde una edad precoz, pero tienes que estar preparado para interactuar en un mundo global”, analiza.

Un dilema económico

Andrea Cecilia Sánchez Náñez es ingeniera en Innovación y Desarrollo por el Tecnológico de Monterrey y desde adolescente ha sido emprendedora, líder de grupos de trabajo, creadora de iniciativas y participante reconocida en los ecosistemas de emprendedores de México y Estados Unidos.

Uno de los proyectos de esta zacatecana de 23 años tiene que ver con la salud. En su memoria permanece imborrable el 29 de abril de 2009 cuando el mundo despertó con la noticia de la pandemia de la influenza AH1N1. “Me impactó cómo el virus escalaba tan rápido y en México hubo más 70,000 casos confirmados”. En 2016, en colaboración con Lucía Romo, de ingeniería biomédica, y Jorge Garza, de ingeniería en biotecnología, del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey, comenzó el emprendimiento de un dispositivo médico portátil para la detección de enfermedades como la influenza estacionaria y AH1N1.

En un par de semanas definieron crear un dispositivo mecánico y biológico de un tamaño accesible que, luego de obtener una muestra de sangre, indicara si el paciente tenía alguno de estos dos tipos de influenza. Los resultados eran obtenidos de manera económica y rápida, además de que no ocupaba baterías ni una conexión de electricidad. Andrea estima que esta prueba en un laboratorio costaría entre 800 y 1,000 pesos; con este dispositivo, llamado DE-NEX, el costo sería de 190 pesos.

El proyecto obtuvo el primer lugar en el Premio Frisa ITESM 2016, una competencia interna entre los alumnos del sistema tecnológico. También obtuvo un reconocimiento en el Southwest by Southwest (SWSX), en Austin, Texas, Estados Unidos. Sin embargo, la misma Andrea detuvo el proyecto tras una consulta con investigadores de la Universidad de Stanford, quienes coincidieron en que concretar el aparato de detección tomaría, mínimo, 10 años, y requeriría de una considerable inversión de dinero.

En enero de este año, obtuvo su título profesional como ingeniera y, como parte de un programa auspiciado por la embajada de EU en México, fue a una empresa en San Francisco, California, con el objetivo de desarrollar proyectos en el área de las energías, para la cual concursaron 1,500 mexicanos. Sólo fueron seleccionados 15. A su regreso, ella fue distinguida por Banamex como una joven de excelencia para realizar un posgrado en Energía. Ahora sueña en continuar sus estudios en Reino Unido, Canadá o Estados Unidos.

Maíz sin contaminantes

Querían “crear algo nuevo, algo que no existía” para la Feria Nacional de Ciencias e Ingenierías (Fenaci), que tendría lugar en el Centro Médico Nacional Siglo XXI de la Ciudad de México. Esa fue la razón por la que Misael Alexander Valenzuela Zúñiga y Ana Cristina Valenzuela Cervantes unieron sus talentos.

Era 2016, y apenas tenían 16 años. Eran alumnos del Cobaes 69 de Tamazula, Guasave, Sinaloa, preparatoria enfocada en formar a sus alumnos en pro de la empresa y los negocios. Pensaron en un proyecto científico vinculado con la microbiología y la agricultura, pues es la actividad primordial en Tamazula y toda la vida de la región gira en torno de ella, así como del maíz, su principal cultivo.

Misael Alexander recuerda que la idea del proyecto surgió tras considerar la problemática ambiental en torno al cultivo del maíz y su efecto negativo en la vida comunitaria: en los últimos años la producción del grano se había visto afectada por plagas de hormigas y el uso indiscriminado de agroquímicos y fertilizantes que contaminaban el medio ambiente y dañaban la salud de los agricultores. “Debíamos encontrar una solución que detuviera el uso indistinto de agroquímicos y fertilizantes”.

Tras varios meses de investigación, Misael Alexander y Ana Cristina afinaron el proyecto El uso de bacterias solubilizadoras de fósforo en la agricultura, para optimizar la producción del maíz, sin fertilización con fósforo, a través de la inoculación de bacterias solubilizadoras. Con esta propuesta, conquistaron el primer lugar en la Fenaci y obtuvieron el tercer lugar en la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería 2017 (ISEF, por sus siglas en inglés), la competencia preuniversitaria de ciencias más importante del mundo, realizada en mayo de 2017 en Los Ángeles, California.

Para Misael Alexander, la innovación debe encaminarse al bien común: “contribuimos con un granito de arena para resolver un problema ambiental, favorecer el cultivo del maíz y ayudar a los agricultores a no gastar dinero en fertilizantes y obtener un mayor beneficio”.

Éxito millonario

Muchos creen que todo comenzó la madrugada del 25 de junio de 2016, cuando la startup Waverly Labs colocó en Indiegogo la campaña para fondear su proyecto Pilot: traductor en tiempo real que funciona a través de un hearable y cuyo origen fue la afición a la ciencia ficción y las distintas nacionalidades de sus creadores. No es así.

“Conocí a Andrew y Jainam al regresar de un programa en Chile llamado Startup Chile; había iniciado una compañía de tecnología para hacer terapias psicológicas remotas con una amiga del Tec, pero nuestro programador backend tuvo una oferta en Facebook y, con un sentimiento agridulce, lo dejamos ir”, cuenta, desde Shenzhen, China, Sergio del Río Díaz, cofundador y Head of Design Engineering de Waverly Labs, quien estudió Diseño Industrial en el Campus Querétaro del Tecnológico de Monterrey.

Luego de 15 minutos de que inició el fondeo del traductor, a las 6:15 de la mañana ya estaba completa la campaña con 75,000 dólares. A las 11 horas rebasaron la barrera del millón de dólares. Y aún faltaba más. La campaña de crowdfunding para este traductor universal logró, al final, un total de 2,718,718 dólares. Fue toda una proeza, pues sobrepasó en más 3,000 % las expectativas de recaudación .

Para Sergio del Río hay jóvenes mexicanos que son ejemplo e inspiración: “Marco Mascorro, en robótica; Karlo Rodríguez, en inteligencia artificial; los chavos de Fontacto; Mariana González y Martín García, en energía solar, incluso el chavo de Tijuana que detonó la industria de los drones, aunque el mercado lo tomó DJI”. Sin embargo, él mismo no se considera “uno de ellos”, aclara, con modestia.

Dos pequeños grandes

Vania Rodríguez Montes y Adonis Isaí Pérez Evaristo aún no acaban la primaria y ya son innovadores de alto nivel. Ella es saltillense, tiene ocho años de edad y participó en el concurso nacional Todos con el Mismo Chip, de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes; tras obtener el segundo lugar, con un cinturón para débiles visuales, irá este noviembre a San Francisco, California, a la Feria de Robótica.

Vania ideó, programó y armó el dispositivo en su clase de robótica; cuenta con un sensor que emite un sonido para avisar de obstáculos en el camino y, así, evitar que los invidentes sufran accidentes. El prototipo tuvo un presupuesto de 270 pesos, costo de los implementos para construirlo; por eso, ella estima que el dispositivo se podría vender a un precio económico y así garantizar que cualquier persona pueda adquirirlo.  

Por su parte, los buenos resultados académicos y su inquietud por la investigación y la ciencia llevaron a Isaí Pérez a formar parte de Pauta, donde vio materializada su idea de crear un vaso biodegradable a base de olotes, los residuos de una mazorca de maíz cuando se le quitan los granos. Este proyecto está dirigido a niños que tienen interés y talento para las ciencias, quienes reciben asesorías de un grupo de científicos, pedagogos, psicólogos y profesores que se dedican a detonar sus habilidades científicas dentro y fuera de la escuela.

Isaí tiene 12 años. La idea del vaso biodegradable, como alternativa al uso de los plásticos, se le ocurrió al salir de una asesoría de Pauta, pues en el camino vio tirados en la calle muchos residuos de plástico. “Se podría usar el olote, que no tiene ninguna función, y después de experimentar fueron saliendo resultados que eran bastante buenos”, señaló en una entrevista para la Agencia Informativa Conacyt. Confiesa que su proyecto aún es imperfecto, pero ya tiene las bases para que en un futuro, con más conocimientos y experiencia, pueda desarrollarlo a la perfección.

*Este reportaje apareció publicado en la número 13 de Tec Review.

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