Por Marco Serrato

Frecuentemente observamos que nuestros teléfonos celulares, tablets, equipos de cómputo, sistemas operativos y aplicaciones, se ‘actualizan’. Y dichas actualizaciones se realizan cada vez con mayor frecuencia debido a los constantes cambios y avances tecnológicos que se generan día a día. Como sociedad, observamos que estos cambios van más allá de la tecnología. El inicio de Trump con su nueva estrategia y prioridades que nos invitan a mirar más allá de los Estados Unidos en nuestro futuro inmediato, el Brexit en la Comunidad Europea, la situación del sector energético en nuestro país, la volatilidad en el tipo de cambio de nuestra moneda, la inestabilidad y ‘calentamiento’ social, la creciente inseguridad acompañada de corrupción e impunidad en distintos niveles de gobierno, son tan sólo algunas de las fuentes de cambio e incertidumbre que enfrentamos como individuos y organizaciones día a día.

La realidad es que -nos agrade o no- dichos cambios e incertidumbre son parte de nuestra nueva ‘normalidad’. Lo que debe sorprendernos es querer afrontarlos de la misma forma como lo hemos hecho en el pasado: con los mismos conocimientos, habilidades, competencias y herramientas. Al igual que ocurre con nuestros dispositivos móviles, nosotros debemos también cambiar y actualizarnos. Debemos adquirir nuevas habilidades, conocimientos y competencias, que nos permitan desempeñarnos mejor ante esta nueva normalidad. No hacerlo equivale a querer afrontar nuevos retos con herramientas que no tienen la misma utilidad que tuvieron en nuestro pasado.

Debemos reconocer que lo que hemos aprendido al día de hoy es en muchas ocasiones insuficiente u obsoleto, por lo que debemos desarrollar nuevos conocimientos y habilidades que nos permitan afrontar esta incertidumbre y nuevas condiciones de operación y competencia. Debemos considerar nuevas alternativas de formación y actualización profesional, sin importar nuestra actividad profesional, edad, área o sector. Desde formatos tradicionales como diplomados, seminarios, talleres, cursos cortos, certificaciones y programas de posgrado -que son necesarios y muy útiles, pero no suficientes- hasta cursos masivos, abiertos y en línea (MOOCs, por sus siglas en ingles), ‘micro credenciales’ (microcredentials), programas cortos con insignias digitales (digital badges), ‘coaching‘ y ‘mentoring‘ personalizado, recursos cortos de aprendizaje disponibles en el mundo digital, simuladores, herramientas de aprendizaje bajo ‘gamificacion‘, entre otras cosas. Los profesionistas y ejecutivos de hoy debemos aprovechar todo aquello que sea necesario para conocer el ‘estado del arte‘ en nuestro segmento y área funcional, para generar valor de manera rápida y oportuna para nosotros mismos y para nuestra organización ante estos cambios. O lo hacemos en forma ágil, efectiva y continua, o alguien más lo hará más rápido y mejor que nosotros.

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La próxima ocasión que observes una actualización en tu dispositivo móvil, cuestiónate cuando fue la ultima ocasión en que ‘te actualizaste tú’. No importa nuestra edad, actividad profesional, industria, área funcional o sector en que nos desempeñemos. Actualizarnos ya no es un objetivo a alcanzar, sino una forma de avanzar diariamente y en forma continua a lo largo del camino.

Actualizarnos ya no es un valor agregado en el mundo actual. Es un requisito.

 

Marco Serrato es Vicerrector de Educación Continua en el Tecnológico de Monterrey. Tiene un grado doctoral en Ingeniería Industrial por Iowa State University y otro grado doctoral en la misma área de especialidad por el Tecnológico de Monterrey. Ha participado como consultor, profesor e investigador visitante en organizaciones e instituciones de diecisiete países en los cinco continentes. Es además socio fundador de una start-up que desarrolla soluciones digitales para organizaciones en México y Latinoamérica.