Así estudian los expertos lo que nos hace felices

La psicología positiva fue la primera disciplina en estudiar con rigor y una metodología el bienestar y felicidad. Conócela.

Más que una carita feliz
Daniel Varela

Por Thelma Gómez Durán

De la tristeza profunda a la felicidad. Ese viraje científico lo realizó el psicólogo estadounidense Martin Seligman. Durante varios años estudió la “indefensión aprendida” y su relación con la depresión.

A fines de los 90 comenzó a cambiar su foco de investigación. Observó que mucha de la atención de la psicología se concentraba en entender los males que atormentan la mente, pero había poca investigación para conocer a fondo lo que él y otros llamaron “emociones positivas”. Así que inauguró, en la Universidad de Pennsylvania, el primer centro dedicado a estudiar lo que bautizó como “psicología positiva”, que suma seguidores cada día, como  Lea Waters, directora del Centro de Psicología Positiva en la Universidad de Melbourne, Australia.

“La psicología positiva es el estudio de aquello que nos hace felices”, explica Lea Waters y comparte algunos hallazgos: “por cada vivencia negativa necesitamos tres vivencias positivas para crear felicidad. Antes solíamos pensar que por una experiencia negativa se necesitaba una positiva. Y no es así. Otra contribución importante es que se han logrado identificar aquellas fortalezas –como la gratitud, la empatía, la compasión– que nos ayudan a ser más felices”.

El doctor Enrique Tamés Muñoz, quien es director del Instituto de Ciencias de la Felicidad de la Universidad Tec Milenio, comenta que “la psicología positiva fue la primera disciplina que comenzó a estudiar con rigor y una metodología los conceptos de bienestar y felicidad”.

Desde esta visión, la psicología positiva ha desarrollado técnicas para elevar las fortalezas que ayudan a tener ese estado de bienestar. Por ejemplo, para trabajar la gratitud recomiendan escribir una carta a una persona con la que se esté agradecido y leérsela. También proponen hacer de la filantropía una filosofía de vida.

“Un componente clave de la felicidad –apunta Waters– es nuestra relación con otras personas, nuestra habilidad para lograr que se sientan felices. Entre más felices podemos hacer a otros, más felices somos nosotros”.

En 2011, Roko Belic, productor y director de cine estadounidense, estrenó el documental Happy, donde ciudadanos de varios países hablan de lo que es para ellos la felicidad. Algunos, más aún los jóvenes de las grandes ciudades, afirmaron que para ellos es tener dinero, un buen trabajo y salud. Otras personas mencionaron que la familia. Otros más, sobre todo los mayores, respondieron que la convivencia en comunidad.

En los últimos años se habla tanto de la felicidad que, incluso, hay quienes consideran que la palabra está rebasada. Uno de ellos es Daniel Kahneman, psicólogo israelí-estadounidense, a quien en 2002 se le otorgó el Premio Nobel de Economía –junto con Vernon Smith–, por haber integrado aspectos de la psicología a la ciencia económica. Él dice que la palabra “felicidad” ya no es útil, porque se aplica para diferentes cosas en contextos muy diferentes. Él prefiere utilizar el término “bienestar subjetivo”.

En una conferencia impartida en 2010, Kahneman señaló varias trampas “de tipo cognitivo que hacen casi imposible pensar con claridad acerca de la felicidad”. Una de esas trampas es “la resistencia a admitir su complejidad”. Otra es que no se hace la diferencia entre “experiencia” y “memoria”, es decir, entre estar contento en un determinado momento y estar feliz con tu vida.

Para salir de estas trampas, el psicólogo Daniel Kahneman propone que pensemos en dos “yo”: “un ‘yo’ que tiene experiencias, que vive en el presente. Y otro ‘yo’ que recuerda; ése es el que mantiene la historia de nuestra vida. Confundirse entre ellos es parte de la problemática de la noción de felicidad… Los dos ‘yo’ plantean dos nociones de felicidad. En realidad hay dos conceptos de felicidad al que podemos referirnos, uno para cada ‘yo’”.

Para este investigador, la distinción entre la felicidad del “yo” que tiene experiencias y la satisfacción del “yo” que recuerda comienza a ganar terreno entre diversos investigadores, sobre todo en aquellos interesados en medir estos dos tipos de felicidad.

Tamés señala que “existe una felicidad a corto plazo y otra a largo. La felicidad a corto plazo, también llamada felicidad hedonista, es la que busca un placer inmediato. La felicidad a largo plazo tiene que ver más con una proyección en el tiempo, de lo que hago no para obtener la felicidad en este instante, sino a largo plazo.

Ésa es la felicidad que produce más satisfacciones en la vida. Pero no podemos descuidar ninguna de las dos, porque ambas ayudan a darnos un equilibrio”.

Nota del editor. Este reportaje fue publicado en la edición No. 09 de Tec Review de los meses enero-febrero de 2017. 

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