Así se convirtió Einstein en el científico más ‘viral’ del siglo XX

¿Cómo utilizó las redes sociales de su tiempo? ¿Por qué se hizo famoso? ¿Qué falta entender de él?

Por Thelma Gómez Durán

Albert Einstein, sonriente, andando en bicicleta. Einstein mostrando la lengua. Einstein tocando el violín. Einstein con su pipa. Hay una fotografía que no es tan popular, pero sintetiza el momento en que el físico teórico cruza la frontera del mundo científico, para tomar su lugar en la historia como icono del siglo XX y símbolo de la palabra “ciencia”.

La foto se captó en Nueva York, durante un desfile de automóviles Ford descapotables. El vehículo que encabeza la caravana lleva entre sus pasajeros a Einstein. Con saco negro y una melena aún discreta, está parado en el asiento trasero. Tiene la mirada puesta en la multitud que, a lo largo de la acera, se reunió sólo para conocerlo. Es la primera vez que visita Estados Unidos. Nunca antes, ni en ese país ni en otro, un físico había causado tal conmoción.

La imagen fue tomada el 4 de abril de 1921; en ese entonces, Einstein todavía no recibía el Premio Nobel. Aun así, ya tenía ese halo llamado fama.

El nombre de Einstein atrajo los reflectores en 1919. Es decir, casi 15 años después de escribir los cinco artículos con los que provocó una revolución en la Física y con los que contribuyó a revelar secretos del átomo y del universo.

El reconocimiento y la fama, incluso dentro del ámbito científico, tardaron en llegar. Cuando se instalaron en su vida, Albert Einstein –entonces de 40 años– los aprovechó.

¿Cómo fue que un hombre que desarrolló sus revolucionarias teorías alejado del mundo académico, trabajando como empleado en una oficina, logró convertirse en un icono de la ciencia? ¿Lo hubiera logrado si su imagen hubiera sido más parecida a la de sus colegas, también grandes científicos, como Max Planck o Niels Bohr?

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La revolución del oficinista

Cuando Einstein nació –el 14 de marzo de 1879– la Física clásica, aquella que se había desarrollado a partir de las aportaciones de Isaac Newton, comenzaba a tambalearse.

“La Física que se consolidó en el siglo XIX adquirió un carácter hegemónico y parecía poder explicar todo en la naturaleza. Pero a finales del siglo empezaron a conocerse nuevos fenómenos que quedaban fuera del alcance de las teorías que prevalecían”, explica el doctor Ricardo Guzmán Díaz, profesor investigador del Tecnológico de Monterrey y autor del libro Claroscuros científicos: Paul Ehrenfest y los temas cruciales en el surgimiento de la Física Moderna.

El siglo XX se inauguró con un texto que abrió el camino a la Física moderna. En 1901, Planck publicó un artículo en el que señalaba que la luz no siempre se expande como onda continua, sino que se comporta como un conjunto de partículas, “cuantos” de luz, los llamó. Aunque él mismo no estaba seguro de que su teoría fuera válida.

El tiempo y uno de los primeros artículos de Einstein mostrarían que así era.

Los golpes más contundentes a la Física clásica los daría Einstein en 1905, cuando publicó –en sólo cuatro meses– cinco artículos con los que provocaría una revolución, entre ellos uno sobre las propiedades energéticas de la luz, otro sobre el tamaño de los átomos y uno más sobre su teoría de la relatividad especial con el que sentaría las bases de la relatividad general.

Algo que sorprende a todo aquel que se detenga a conocer la vida de Einstein es el contexto en el que escribió sus artículos: tenía poco de haberse casado con su primera esposa y de ser padre; pero, sobre todo, no pertenecía al mundo académico, no trabajaba en ninguna universidad: era empleado en una oficina de gobierno.

Se graduó del Politécnico de Zúrich en 1900. Fue el único de su generación que no consiguió un trabajo en la academia; en gran parte por su personalidad rebelde que mostró desde estudiante. El trabajo que consiguió –hasta 1902– fue el de “técnico clase tres” de la Oficina Federal de Propiedad Intelectual en Berna, Suiza. Ahí se empleó hasta marzo de 1909 cuando le ofrecieron su primer puesto como profesor universitario.

“El que no haya escrito sus artículos como parte de la academia –resalta el doctor Saúl Ramos, investigador del Instituto de Física de la UNAM–, lo hace ser un tipo fuera de serie, porque los artículos que publicó influyeron en todas las áreas de la Física”. Para 1908 ya contaba con el reconocimiento de la comunidad científica, pero su nombre aún era desconocido fuera de ese ámbito. Para que eso cambiara, pasaron varios años y se necesitó de un astrónomo y de un eclipse.

Einstein seguía una estructura típica en sus artículos. Primero mostraba el carácter incompleto de las teorías aceptadas, después proponía una nueva teoría y, por último, sugería experimentos que podrían darle validez a las ideas presentadas. “No se limitaba al desarrollo teórico de sus teorías, sino establecía claramente qué debería buscarse en la naturaleza para confirmar lo que él decía”, explica el doctor Guzmán. Y el mejor ejemplo de ello es la teoría sobre la relatividad general, la cual presentó en una conferencia en noviembre de 1915 y se publicó en marzo de 1916. La comprobación de esta teoría tenía que darse durante un eclipse solar.

Einstein 2 Tec Review

Arthur Eddington fue el astrónomo que el 29 de mayo de 1919, durante un eclipse total de sol, confirmó que la gravedad hace curvarse la luz y que, por lo tanto, la teoría de la relatividad general era correcta. El eclipse, apunta Guzmán, “fue la confirmación de que Einstein le había corregido la plana a Newton”.

Newton legó al mundo un Universo en el que el tiempo y el espacio tenían una existencia absoluta, independientemente de objetos y observadores. Se creía que la gravedad era una fuerza que ejercían las masas unas sobre otras, a través del espacio vacío.

En su teoría de la relatividad general, Albert Einstein demostró que el espacio y el tiempo no tienen una existencia independiente, sino que configuran juntos la estructura del espacio-tiempo; además, esta estructura posee su propia dinámica.

El 6 de noviembre de 1919, la Real Sociedad Astronómica anunció el hallazgo. Ése fue el salto a la fama de Einstein. Durante varios días su nombre se publicó en periódicos como el Times y The New York Times. A partir de entonces, el científico comenzaría a ser buscado por reporteros, fotógrafos, universidades y líderes sociales y políticos.

La fama no alejó a Einstein de su quehacer científico. A partir de 1925 comienza a concentrar gran parte de su energía científica en mostrar que la teoría cuántica –la cual él mismo contribuyó a gestar– estaba incompleta y que, por lo tanto, no tenía futuro.

Se equivocó. Hoy, gracias a la teoría cuántica, tenemos semiconductores y parte de la tecnología que domina nuestra cotidianidad, como los teléfonos celulares. “La Física cuántica –afirma Guzmán– ha resultado ser la teoría científica más exitosa que ha existido. Sin embargo, Einstein nunca la aceptó como tal”.

Como todo ser humano, Einstein no era infalible. “Tuvo dos etapas en su carrera científica –menciona Güijosa–. La primera, cuando era un joven rebelde, que iba en contra de todo lo preestablecido. Pero en su madurez no pudo aceptar la idea de que el Universo no era como él lo pensaba”.

Cien años después de que naciera la teoría de la relatividad, Einstein sigue siendo noticia. En febrero, y de nueva cuenta en junio de 2016, los principales periódicos publicaron titulares como éste: “Einstein tenía razón: se comprueba la existencia de las ondas gravitacionales”.

En 1916, Einstein escribió sobre la posible existencia de las ondas gravitacionales, explica el doctor Ramos. La predicción de Einstein fue confirmada por LIGO (Observatorio Avanzado de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales).

“Hay otra cosa de la teoría de la relatividad general que LIGO parece confirmar y que de alguna manera está aún pendiente –recuerda Ramos– y es la naturaleza de los agujeros negros; algo que no se ha podido comprender del todo. Aunque muchos ya los dan por hecho, otros tantos creemos que todavía faltan cosas por afinar sobre los agujeros negros.”

Einstein trató de crear una teoría de campos unificada, la cual permitiera que la gravedad y el electromagnetismo se interpretaran por una sola fuerza. La búsqueda de esta teoría se abandonó durante años –explica Ramos–, hasta que a finales del siglo XX, algunos investigadores retomaron la idea; una búsqueda que sigue hasta estos tiempos.

Lo que quieren encontrar los científicos que se han embarcado en ello es una teoría que permita hacer una descripción microscópica de la gravedad, una teoría cuántica de la gravedad. “Es tratar de entender de qué está hecho el espacio y el tiempo. Cuando logremos eso, será una gran revolución sobre el entendimiento de nuestro Universo”, expresa Güijosa.

Después de Einstein, muchos científicos han colaborado a incrementar el conocimiento, a tener más elementos para entender cómo funciona el Universo y la vida. Sin embargo, sólo unos cuantos investigadores son reconocidos fuera de la ciencia.

Uno de los pocos elegidos por los reflectores es el también físico teórico, astrofísico y divulgador científico Stephen Hawking, científico contemporáneo que ha aparecido como “invitado” en la famosa serie animada Los Simpsons y cuya “voz electrónica” fue incluida por la banda británica Pink Floyd en dos de sus discos.

Fue justo Hawking, a quien la revista Time solicitó un artículo sobre Einstein en 1999. En él escribe: “El mundo ha cambiado mucho más en los últimos 100 años que cualquier otro siglo en la historia. La razón no es política ni económica, sino tecnológica; las tecnologías surgieron directamente de los avances en la ciencia básica, y está claro que ningún científico representa mejor esos avances que Albert Einstein”.

En tiempos en los que la fama es muy relativa, se consigue de la noche a la mañana con varios millones de likes –y se va de la misma forma–, podríamos preguntarnos: ¿cuánto tiempo más Albert Einstein seguirá estando en la mente de muchos como un icono cultural y científico?

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*Nota del editor: Este reportaje se publicó en la edición número 7 de Tec Review de los meses septiembre-octubre.

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