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Le Bourget, Francia (AFP) Laurent Fabius, ministro francés de asuntos exteriores y presidente de la cumbre sobre el cambio climático COP21, anunció que la versión final del acuerdo será dada a conocer el sábado 12 de diciembre, un día después de lo previsto.

Esto, para lograr un verdadero consenso entre los representantes de 195 países que permita frenar eficazmente el calentamiento del planeta.

“Estamos casi al final del camino, soy optimista”, dijo Fabius. Agregó que tras realizar las consultas, presentará “a todas las partes un texto que, estoy seguro, será aprobado y constituirá un gran paso para toda la humanidad”.

En esta carrera contrarreloj, las discusiones alcanzaron el punto en el que cada quien defiende su punto, del que no se sale sin hacer concesiones.

“La noche fue difícil. En lugar de avanzar hacia compromisos, cada país se atrincheró detrás de sus posiciones. Es el momento duro de las negociaciones”, comentó Matthieu Orphelin, de la ONG Fundation Hulot.

Ante ese desafío ambiental, cada país tiene capacidades, intereses y una exposición distinta a las amenazas. Por eso es tan complicado -y tan importante- poner a todos de acuerdo.

Christoph Horman/imagico.de
Christoph Horman/imagico.de

Una meta ambiciosa

Los Estados insulares del Pacífico que quedarían sumergidos por una elevación del nivel del mar, apoyados por aquellos que ya padecen fenómenos extremos, como casi toda América Latina, reclamaban que el acuerdo limite el alza de las temperaturas a 1,5 ºC respecto a la era preindustrial.

Los poderosos países petroleros encabezados por Arabia Saudí y Kuwait, se negaban a ir más allá del límite de 2 ºC.

El proyecto de acuerdo fija la meta “muy por debajo de los 2 ºC” y llama a “proseguir con los esfuerzos” para alcanzar los “1,5 ºC”.

Arabia Saudita, en este caso con el apoyo de Venezuela, consiguió eliminar del texto la noción de “descarbonización”, sustituida por la de “neutralidad” de carbono, más favorable a sus intereses.

China e India también frenaron a lo largo de las negociaciones distintos puntos del acuerdo, con el fin de obtener más espacio para desarrollar sus economías antes de convertirlas a sistemas sostenibles.

El borrador prevé que, de manera general, cada país se comprometa a superar lo antes posible el pico máximo de sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Las revisiones se harán cada 5 años a partir de 2025, y no de 2020, cuando entre en vigor el acuerdo, como pretendían Francia y otros países.

Pero la principal manzana de la discordia sigue siendo el dinero: los países del Sur reclaman financiamiento y acceso a las tecnologías necesarias para adaptarse a cambio climático, mientras que los ya industrializados quieren que las potencias emergentes también colaboren.

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