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Por: Javier Livas

El mundo está frente a un cambio tecnológico tan importante como cuando se inventó la imprenta.

Las nuevas tecnologías de la información apenas empiezan a hacer las transformaciones de las que son capaces. Como que nos falta imaginación para aprovechar lo que tenemos a nuestro alcance.

Un ejemplo es el iPhone. No sabíamos que era posible hasta que Steve Jobs reunió todo lo que tecnológicamente era posible y lo metió en un solo paquete. Ahora la gente no puede vivir sin los famosos smartphones.

Un área en la que estamos en pañales es el área de Gobierno. Nos falta ser más innovadores para sacar el máximo provecho a las tecnologías de la información. Otra área inexplorada debidamente es el área educativa.

Yo me he concentrado en tratar de avanzar la cuestión de Gobierno, de promover una revolución para transparentar, eficientar e innovar. Es decir, sacar máximo provecho a otra mejor manera de tratar las cuestiones públicas, las que nos conciernen a todos.

Debo decir que el éxito ha sido nulo. Ni Vicente Fox en su momento, ni hasta ahora Jaime Rodríguez, ha querido explorar siquiera lo que se podría hacer.

¿Por qué no quieren? Me rebasa. No lo entiendo.

Para mi sorpresa, la revolución que he buscado la estoy encontrando en otra institución que yo consideraba inamovible: el Tec de Monterrey.

Mi relación con esta institución siempre ha sido de sentimientos encontrados, pues a pesar de todo lo bueno imponía mordazas a sus maestros y alumnos. Era típicamente un sistema autoritario y cerrado.

Recientemente he tenido la oportunidad de constatar la vigencia de una nueva y sorprendente visión. Tiene apenas un par de años e implica un giro de rumbo de 180 grados.

El Tec de antaño cumplió su misión para una época. Hoy vivimos otra distinta y el nuevo Tec ha aceptado el reto que la vida compleja demanda.

Lo que antes era cerrazón ahora es apertura. Se está rediseñado a sí mismo para convertirse en un sistema totalmente abierto, más receptivo, más proactivo, más innovador.

Le apuesta a la competitividad global y está avanzando rápidamente en los ratings frente a otras instituciones educativas de clase mundial.

El estilo autocrático de administración quedó atrás. José Antonio Fernández y Salvador Alva hicieron equipo y van por todo. No por ello menosprecio la labor de Lorenzo Zambrano y Rafael Rangel Sostmann. Ellos quisieron crecer y crecer. Ahora la prioridad es la calidad de la educación.

El Tec está sentando unas nuevas reglas de juego que francamente otras instituciones locales y extranjeras todavía ni discuten siquiera como posibilidad.

Esta receta sirve para todos, sirve para personas, sirve para negocios y por supuesto para los Gobiernos. No hay modernidad cerrada, ni opaca.

Crear una nueva identidad no es cosa fácil y todavía falta un trecho entre los nuevos planes y las realizaciones, pero algunos avances ya se están materializando y marcan una tendencia muy clara: la calidad de la educación va en aumento.

Los programas de estudio empiezan a ser totalmente flexibles y diseñados por los mismos alumnos. Los maestros se convertirán en guías, “fuerzas inspiradoras”. Quienes van al Tec a textear en clase pronto pasarán a la lista de prescindibles.

El nuevo Tec piensa plantarse en 50 mil alumnos totales. Apretará el proceso de selección y jalará talento en donde lo encuentre. Ya se prepara para otorgar muchas más becas para admitir a los mejores estudiantes del País, tengan o no recursos.

La principal apuesta del Tec a mediano plazo es la formación de líderes empresariales, políticos, sociales. Es lo que hace mucha falta.

La apertura de esta institución demuestra cómo hacer para generar un mejor Gobierno. Creo que ya tiene un mejor Gobierno que Nuevo León y que la República misma.

Ambos Gobiernos podrían tomar el ejemplo de apertura hacia la modernidad y transparencia para renovarse en serio. Todo era que alguien empezara.

Cortesía Agencia Reforma 

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