Centros Virtuales empoderan a comunidades marginadas

Este es el caso del Centro Comunitario de Aprendizaje de Ixtlahuaca, Estado de México, donde más de mil personas se han beneficiado de los cursos en línea.

COMUNIDAD. Habitantes del municipio de Ixtlahuaca se benefician con los cursos en línea que ofrece el Tec. Fotos: Jesús Almazán

Sonríe, mientras su rostro y mirada se pierden entre un folder lleno de hojas blancas. Busca su nombre y lo encuentra pronto. “Marisa Reyes Morales” lee en los documentos que atestiguan que hoy es el día más importante en su vida. Esta joven de 17 años es habitante del municipio de Ixtlahuaca, al norte del Estado de México. En sus manos se encuentra un reconocimiento por el Diplomado de Auxiliar de Oficina que tomó en línea, junto a siete compañeras de bachillerato a través del Centro Virtual de Aprendizaje del Tec
de Monterrey.

En un salón de apenas 10 metros cuadrados, tanto Marisa como los habitantes de Ixtlahuaca tienen la oportunidad de acercarse –algunos por primera vez en su vida– a una computadora y a internet, y lo hacen por medio de un curso de Habilidades Básicas de Informática, diseñado por el Centro Virtual de Aprendizaje (CVA) del Tec de Monterrey.

“Les enseñamos desde las partes que integran una computadora, cómo se usa el mouse o el teclado, hasta cómo utilizar la paquetería de Office”, comparte Sandra Velázquez Mejía, promotora del Centro Comunitario de Aprendizaje (CCA) en la localidad de San Andrés del Pedregal de Ixtlahuaca. Todo lo aprendido en línea no sólo les ayuda a los estudiantes en sus tareas, también en su vida profesional. “En cualquier trabajo, sin importar la profesión, es un requisito saber usar la computadora, crear documentos, hojas de cálculo, etcétera”, asegura Sandra.

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Aliados necesarios

En esa aula, equipada con computadoras e internet, se gestan logros como los de Marisa. Ella, y otras graduadas tienen muchas anécdotas que contar sobre las 144 horas que duró el programa. Coinciden en que ahora están más preparadas para el mundo laboral, con “mayores posibilidades de integrarse a cualquier cadena hotelera o restaurantera o, incluso, para crear su propio negocio”, asegura la doctora Laura Ruiz, directora de Educación para el Desarrollo del Tec de Monterrey, área encargada de diseñar los programas y cursos en línea del CVA.

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Para lograr que los CCA funcionen bien, es importante la participación de personas de la comunidad, como Sandra, quienes conocen muy bien las necesidades de la población, por lo que pueden realizar diagnósticos precisos. Además se requiere que tengan capacidad para gestionar e invitar a alumnos, y que sean capaces de solucionar problemas técnicos.

Durante 12 años, Sandra Velázquez ha recibido capacitación y cursos sobre gestión de recursos y liderazgo para mantener de pie el Centro Comunitario. Esta formación corre a cargo de cada uno de los campus del Tec donde se les forma.

“Los promotores son el éxito del programa”, asegura Dora García Olivier, coordinadora operativa-académica de Desarrollo Comunitario y Emprendimiento Social del Tec de Monterrey. “Un promotor tiene que tener tres habilidades fundamentales: que pueda hacer un diagnóstico comunitario y reconocer cuáles son los requerimientos de la población; que pueda gestionar e invitar a alumnos al CCA, y que sea capaz de solucionar problemas técnológicos”, expone.

Buenos resultados

Ixtlahuaca fue una de las 120 comunidades elegidas por la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) para instalar un espacio con internet y herramientas educativas para fortalecer las actividades con cursos estratégicos en zonas pobres del país. Parte del equipo con que trabajan fue proporcionado por la Sedesol, mientras que otras computadoras y mobiliario pertenecen a los gobiernos locales.

Ese diploma “es la cereza del pastel”, afirma Sandra, quien llegó a San Andrés del Pedregal en 2012. “Llegué los primeros días de julio al Centro Comunitario, justo antes de las vacaciones”. El salón no tenía piso de loseta y apenas había seis computadoras.

Sus conocimientos de técnica en informática y su experiencia de nueve años en otras comunidades, le ayudaron a organizar un curso de verano. Hizo volantes y salió a repartirlos entre los alumnos de las escuelas cercanas. La invitación tuvo mucha aceptación, y ese primer verano recibió a casi 50 niños. En estas vacaciones de 2016 se duplicó la asistencia.

Esta idea de llevar educación a través de internet a las comunidades más marginadas surgió en el 2000, inspirada por la Universidad Virtual del Tec de Monterrey donde descubrieron que es posible “llevar educación más allá de las aulas usando tecnología”, cuenta Laura Ruiz Pérez, directora del programa.

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“El Tec fortalece con programas educativos la instalación de internet en comunidades como Ixtlahuaca, que según datos demográficos de Inegi tienen un elevado grado de desigualdad social”, asegura Ruiz.

Lilia Martínez Robles tiene 28 años y forma parte de uno de los grupos en el Centro Comunitario. Ella, al igual que otras ocho mujeres, dedica una hora a su educación en línea todos los días. “Después de dejar a mis hijos en la escuela vengo a aprender. Desde que salí de la preparatoria no había usado la computadora, y ahora veo que hay nuevos programas, incluso redes sociales. Quiero prepararme para ayudar a mis hijos en sus tareas y enseñarles computación”, cuenta.

El curso de habilidades básicas en informática es la “llave mágica” que le permite a cualquier persona, como Lilia, navegar en el Centro Virtual de Aprendizaje que ya tiene en línea 100 cursos de autoaprendizaje y 20 cursos con tutor en diferentes áreas como la programación de páginas web, inglés, desarrollo personal y emprendimiento.

Además de amas de casa, hay niños y jóvenes que también se benefician. Es el caso de Ángel, que estudia sexto año de primaria. Todo lo aprendido le ha servido para usar la tableta electrónica que le dieron en la primaria. “El Tec tiene más de 100 aliados, entre ellos el Nacional Monte de Piedad, con quienes desarrolla nuevos materiales educativos para la empleabilidad de acuerdo con las demandas del país”, explica Laura Ruiz.

Labor incluyente

Además del apoyo gubernamental y la iniciativa privada, los alumnos del Tec son pieza importante. Durante 10 años, más de 10,000 estudiantes en servicio social han estado del otro lado de la pantalla durante los cursos; ofrecen tutorías en diplomados como el que Marisa acaba de concluir, así como la experiencia de la Universidad Virtual que maneja diseños estructurales y procesos de aprendizaje basados en pedagogía.

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La iniciativa no sólo está en México, también se trabaja con 50 millones de hispanos en Estados Unidos, que tienen un nivel educativo muy bajo. “En toda Latinoamérica tenemos 777 centros activos con más de un millón de usuarios activos; para los hispanos en Estados Unidos existe un curso que les permite cursar la preparatoria en línea para que los adultos concluyan sus estudios”.

Para Laura Ruiz “la meta es seguir trabajando en programas de inclusión social a través de programas educativos que amplíen las oportunidades”, para que personas como Marisa, Lilia y Ángel se superen cada día.

Métodos de aprendizaje

Autónomo. Se refiere a la capacidad de emprender acciones de aprendizaje autodirigido, según el tiempo disponible y al propio ritmo. Con ayuda de un tutor o experto Un alumno del Tec de Monterrey o un especialista asesora a quien toma el curso. En algunos diplomados la asesoría de tutores expertos requiere de una cuota de recuperación.

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