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La impresión 3D está cada vez más cerca de nosotros, una tecnología que resulta de gran ayuda para diversos sectores pero, en especial, para el dedicado a la salud. Sin embargo, aún son pocos los expertos o instituciones mexicanas que la utilizan, a pesar de ser “sencilla, eficaz y menos costosa”.

Así la describió la doctora Karla Bustamante Valles, responsable del laboratorio ubicado en el Centro de Tecnología e Investigación en Biomedicina del Tecnológico de Monterrey, campus Chihuahua. Es ahí donde, desde julio pasado, un grupo de estudiantes trabaja para crear prótesis y refacciones para equipo médico impresos en tercera dimensión.

“El objetivo es fabricar cualquier pieza que el paciente necesite”, explicó en entrevista para Tec Review Web, “hasta ahora hemos hecho partes para sillas de ruedas, así como prótesis de mano o de seno para pacientes con mastectomía”.

Para lograrlo, de acuerdo con la doctora Bustamante, el laboratorio cuenta con cuatro impresoras 3D de diferente tamaño y un escáner.

En el caso de las prótesis, el proceso es el siguiente. Primero, “se escanea la parte del cuerpo del lado contrario a la que se quiere sustituir”, según dijo Karla Bustamante, “esto da como resultado una nube de puntos que puede trabajarse en prácticamente cualquier software de diseño”.

Una vez que se obtiene la figura con las características que el futuro usuario requiere, “se manda a la impresora, y tarde de cuatro a cinco horas en obtenerse el objeto”, aseguró.

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Más resistencia, menos costo

Karla Bustamante Valles afirmó que un kilo de material para impresión cuesta cerca de 60 dólares.

“Si, por ejemplo, una prótesis de brazo necesita alrededor de 400 gramos, cada una cuesta 24 dólares”, detalló. Se trata de un precio realmente bajo tomando en cuenta que estos dispositivos normalmente cuestan más de 20,000 pesos.

Por otro lado, para garantizar su resistencia, se utilizan materiales industriales y otros más flexibles, con base en las funciones de cada una de las partes.

“Una prótesis de brazo debe ser más dura que una de seno”, consideró, “por ello estamos probando estas y otras materias primas, como filamentos”.

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Cadena de favores

Los alumnos Tec que participan en este proyecto estudian, investigan y ayudan a su comunidad, todo al mismo tiempo.

“Ellos salen con un currículo más avanzado y con conocimientos que en otro lado no tendrían”, expresó la doctora Bustamante, “mientras que los pacientes obtienen un objeto que mejora y cambia su vida. Nosotros también avanzamos nuestras investigaciones”.

Para la entrega de estos dispositivos, los universitarios se acercan a médicos, especialistas y fundaciones, quienes los vinculan con personas que requieren de ellos.

Dentro del mismo laboratorio también se trabaja en otros avances tecnológicos relacionados con la salud, como el análisis de movimiento y la rehabilitación robótica.

En el futuro, según Karla Bustamante Valles, el equipo espera ser capaz de desarrollar un proceso que les permita “descargar la imagen de una tomografía o una resonancia e imprimirla para que el médico cirujano pueda planear la operación”.

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