Tino Soriano/Getty Images

(Notimex) Una científica mexicana, Gloria Soldevila Melgarejo, acaba de ser reconocida con el Premio Dr. Jorge Rosenkranz, en la categoría Biotecnología, por plantear una terapia que ofrece una vida más larga y con mejor calidad para las personas que se sometieron a un trasplante de riñón.

Normalmente, al practicar este tipo de operación, se busca la máxima compatibilidad renal entre el donador y el paciente. Sin embargo, siempre existe un grado de riesgo de que el cuerpo rechace el órgano.

En ese caso, quien recibe el riñón, deberá tomar inmunosupresores de por vida para bloquear las defensas naturales del organismo, medicamentos que generan efectos secundarios que van desde afecciones en los órganos hasta problemas cardiovasculares y metabólicos.

Además, es factible desarrollar propensión a patologías como el cáncer.

Con la idea de hacer frente a esta situación, Soldevila Melgarejo empezó a trabajar en una investigación que permitiera sustituir el método típico de inmunosupresores por uno más directo y natural.

Este pretende establecer una vía para expandir las células T reguladoras —que responden a infecciones o combaten diferentes patologías—para utilizarlas durante el trasplante.

“La ventaja”, afirmó la experta del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIBm) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “es que éstas provienen del propio individuo. Son extraídas, cultivadas y reintegradas al organismo”.

Expansión de células T reguladoras

UNAM
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De acuerdo con Gloria Soldevila, existen dos tipos de células T reguladoras: las provenientes del timo y las que salen como linfocitos T vírgenes. Por ello, el trabajo se divide en dos vertientes.

En la primera, se extraen los linfocitos T regulatorios del individuo y se aíslan para separarlos por tipo. Después se multiplican con anticuerpos monoclonales y se expanden in vitro en presencia de la citosina IL­2 (factor de crecimiento) y rapamicina (estabilizador de su función supresora). Así, de un cultivo de 25 mil células es factible obtener millones.

En la segunda, se toman linfocitos T vírgenes, se cultivan y se programan para convertirse en T regulatorios, luego de activarlos in vitro en presencia de TFGb, rapamicina y ácido retinoico, a fin de regular las células que rechazan el injerto.

Este estudio se realizó en colaboración con Josefina Alberú, del Departamento de Trasplantes del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”. El siguiente paso será empezar a poner a prueba este sistema.

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