Cómo la evolución transformó tu smartphone

Qué relación tiene el comportamiento de los bonobos con nuestro gusto por los gadgest y apps. Isabel Behncke, primatóloga de Oxford, nos los cuenta

Durante casi 20 años, los japoneses que dirigían el centro de investigación Wamba, no habían recibido a ninguna científica de occidente. Conflictos civiles, el clima, así como el difícil acceso a la reserva fueron por mucho tiempo obstáculos para llegar al Congo. Isabel Behncke Izquierdo, aún se pregunta cómo llegó hasta ahí. “La curiosidad es buena, pero también mató al gato”, dice la primatóloga de la Universidad de Oxford. Esta curiosidad la llevó a su juicio al mejor lugar para observar bonobos en estado salvaje para estudiar por qué estos primates, después de nosotros, somos los que más juegan.

En tres años adentrada a la selva, siguió de cerca de un grupo de 30 animales, y encontró que no son seres tan sexuales como se pensaba, pero sí sumamente juguetones, en la que la diferencia de edad y el género no son una limitante para divertirse.

“El juego es clave para su vinculación social y la inteligencia, y no es una actividad exclusiva de jóvenes como los humanos creemos que es, también es una actividad de adultos, incluso el macho alfa jugaba con infantes y hembras, es un verdadero líder carismático”, cuenta Behncke.

Encontró que el juego es un puente entre la socialización y la capacidad de adaptación, que permite que los bonobos no sean tan violentos, ni políticos, ni machistas, ni tan despóticos como los chimpancés, “digamos que son los primos bohemios de los primates”.

Para ella, el estudiar la organización pacífica de los primates significó acercarse a la función del juego en nuestra propia sociedad. “Lo lúdico es un estado que ocurre en lo profundo de nuestra biología y jugamos desde hace 200 millones de años, el observar a los bonobos es acercarnos a nuestras raíces evolutivas como la risa, el bailar, salir con nuestros amigos y todo tipo de celebraciones”.

Evolución, el arma de la tecnología

Y es que hay mucho que el pasado le puede enseñar al presente y al futuro, e Isabel Behncke dice estarle sacando provecho. Sus estudios sobre el beneficio del juego en los primates, así como la experiencia que tiene en evolución y comportamiento humano le han ayudado a establecer una relación entre la tecnología y la evolución humana y trabajar como consultora para startups en San Francisco y Londres para “hacer la tecnología más humana”, explica.

Hay mucho que el pasado le puede enseñar al presente y al futuro y ella le ha sacado provecho. Sus estudios sobre el beneficio del juego, así como la experiencia que tiene en evolución y comportamiento humano le han ayudado a establecer una relación entre la tecnología y la antropología como consultora para startups en San Francisco y Londres para “hacer la tecnología más humana”, dice.

“Tenemos que hacer tecnología adaptada a las transformación, el iPhone está adaptado a la mano humana, y la mano humana evolucionó, si tu ignoras eso nadie lo va a comprar o usar mal”, asegura la investigadora.

Cree que somos seres más tecnológicos y las interacciones cara a cara están terminado, asegura que los humanos evolucionamos con el mundo y tenemos que interactuar con él, es por eso que cada vez buscamos tener experiencias más reales y enriquecedoras. En ese sentido trabaja en la asesoría para la creación de apps usando todo lo que sabe sobre comportamiento y lo que nos hace feliz.

Una de las aplicaciones en las que trabaja es Traces, esta consiste en dejar sorpresas y regalos digitales en ubicaciones físicas (parque, centro comercial, gasolineras, etc.) que otros usuarios para que los contactos puede recoger con sus teléfonos inteligentes cuando están en esos lugares gracias a la realidad aumentada.

Traces ayuda a los usuarios a terminar con la desconexión entre sus mundos reales y digitales, para hacerle frente a la ansiedad causada por nuestras vidas ‘en línea’, incluso a pagar por ella”, asegura. En el estudio para comprobar el éxito y la utilidad de la app encontró que los usuarios estarían dispuestos a pagar hasta 30% más por una canción en una aplicación que te acerca al mundo, como la realidad virtual, que de cualquier tipo de plataforma de descarga convencional.

Asegura que este tipo de experiencias son las mismas con las que el ser humano a evolucionado, un punto donde las nuevas aplicaciones y gadgets integran los principios de la naturaleza y el entorno en el que vivimos a la tecnología.

“La satisfacción tiene que ver con el hecho de que las interacciones son más ricas. Necesitamos tecnología que no acabe con nuestra capacidad de sorprendernos, somos seres que respondemos al entorno en el que evolucionamos, está en nuestro ADN la curiosidad y la creatividad y no hay que desaprovecharla”, dijo.