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Por: Jansel Jiménez

Donde el ojo poco adiestrado nada había visto de útil, la ciencia descubre un gran tesoro.

Mediante un novedoso proceso de extracción de metales, en el que actúan microorganismos, jóvenes del Tecnológico de Monterrey lograron separar oro y plata de desechos de computadoras.

El proyecto, en el que participaron 14 estudiantes de Ingeniería en Biotecnología, Física Industrial y Computación del Tec, fue premiado con medalla de oro en el concurso internacional de biotecnología iGem, ocurrido en Boston, Estados Unidos, en octubre pasado.

En la competencia hubo 300 proyectos universitarios de todo el mundo y en el contexto de 17 equipos de Latinoamérica, la propuesta del Tec de Monterrey quedó en primer lugar.

De tarjetas madre de computadoras que, de otra manera, hubieran ido directamente a la basura, el grupo de estudiantes logró su cometido con la ayuda de Chromobacterium violaceum, una bacteria capaz de extraer oro y plata de componentes electrónicos.

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“La bacteria produce cianuro por sí misma. Entonces el cianuro forma unos iones complejos con la plata y el oro, los cuales quedan disueltos en el medio. Entonces se pasan a una celda electroquímica y, por medio de enzimas, precipitan y se separan los metales solos”, explica Alejandra Vela Elizondo, coordinadora del proyecto y estudiante de noveno semestre de ingeniería en biotecnología, del Tecnológico de Monterrey.

iGem
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Sin embargo, tuvo sus bemoles la idea de capturar los metales mediante una disolución de cianuro, pues esta sustancia es sumamente contaminante. Para resolver el problema los estudiantes recurrieron a la ingeniería genética. “Le hicimos una modificación genética a la bacteria para que no le afectara el cianuro del medio, y también logramos que lo procesara y lo convirtiera en su propio alimento”, expresa la estudiante, de 22 años.

Dicho de otra manera, el microorganismo fue reprogramado para que formara parte de un circulo virtuoso, en el cual no quedan residuos contaminantes tras la extracción de oro y plata. “Nuestro proyecto es ecológico, no contaminamos”, dice Vela.

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En la investigación, precisa la joven, también se trabajó con Acidithiobacillus ferrooxidans, otra bacteria que también dio excelentes resultados en la separación de metales como cobre, níquel y zinc, los cuales pueden reutilizarse en la fabricación de nuevas computadoras.

Aunque este proceso de separación de metales aún está en fase de prototipo, se espera que en cinco años ya forme parte de la línea de producción de alguna empresa, para lo cual Vela comenta que ya se está trabajando en asuntos de patentes y propiedad intelectual.

iGem
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La ciencia, una forma máxima de ayudar

El proyecto no sólo fue una oportunidad de desarrollo académico para Vela, sino también una manera de cristalizar su visión de ciencia como una actividad generadora de conocimiento útil para cualquier otra disciplina que pretenda mejorar la calidad de vida del ser humano. “Por ejemplo, si yo no me metí a estudiar medicina fue porque yo creo que con la ingeniería en biotecnología puedo ayudar a muchísima más gente. Un médico necesita medicinas, vacunas, saber cómo actúa una bacteria… y toda esa ciencia que el médico utiliza, es producida por un biotecnólogo”.

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