Washington, Estados Unidos (AFP) El minúsculo pero casi indestructible tardígrado obtiene gran parte de su ADN de organismos ajenos, lo cual podría explicar su gran capacidad de supervivencia, estiman los científicos.

Estos microorganismos, también llamados osos de agua, viven en todas partes del mundo.

Con sus ocho patas, estos animales que no miden más que unos 0,5 milímetros, se mueven muy despacio y de manera muy torpe. Se adaptan con gran facilidad a su ambiente y pueden sobrevivir en temperaturas extremas.

Incluso tras haber pasado diez años en un congelador a -80°C es capaz de empezar a moverse de nuevo a los 20 minutos de haberse descongelado.

Cuando secuenciaron el genoma de estos microorganismos, expertos de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill, se sorprendieron al descubrir que un 17,5 por ciento -casi una sexta parte- de su ADN provenía de organismos ajenos.  

En la mayoría de los animales, sólo el 1 por ciento de su genoma contiene ADN de otros organismos.

Nuevos conocimientos sobre la evolución

Bob Goldstein, uno de los autores del estudio que fue publicado en la revista oficial de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, y sus colegas descubrieron que los tardígrados obtienen alrededor de 6 mil genes ajenos sobre todo de bacterias, plantas, eucariotas y de los microorganismos unicelulares Archaea.

Esto lo consiguen a través del traspaso horizontal de genes, un proceso en el que dos especies diferentes intercambian ADN en vez de exclusivamente heredarlo de sus ascendientes.

Los científicos explicaron que la información probablemente se incorpora al genoma de manera aleatoria, pero le permite a los tardígrados sobrevivir en las condiciones más hostiles.

En situaciones difíciles, como en extremas sequías, el ADN de los osos de agua se rompe en pequeños pedazos, según el equipo de expertos.

Cuando la célula vuelve a hidratarse, su membrana y su núcleo se vuelven temporalmente permeables, lo cual permite que penetren grandes moléculas fácilmente.

De esta manera, mientras la célula se vuelve a hidratar, estos organismos logran reparar su propio ADN con el ajeno, armando un rompecabezas de datos de diferentes especies.

“En vez de pensar en un árbol genealógico, podemos imaginar una red genealógica y que el material genético se cruza de rama en rama”, explicó Boothby.

“Es muy emocionante. Estamos empezando a modificar nuestra idea de cómo funciona la evolución”, explicó.