Día Mundial de la Sonrisa: ¿por qué es tan contagiosa?

Nuestro cerebro asocia gestos como la sonrisa con determinadas emociones. Descubre qué hace con esta información.

Día Mundial de la Sonrisa: ¿por qué es tan contagiosa?
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Cada primer viernes del mes de octubre, desde 1999, se celebra a nivel mundial el Día de la Sonrisa. Esta festividad fue creada por el artista estadounidense Harvey Ball, autor de la Smiley Face (Carita Feliz), con la finalidad de contribuir a mejorar el estado de ánimo de las personas.

Tras su muerte, en 2001, se creó la fundación Harvey Ball World Smile que cada año en esta fecha recauda fondos para realizar diversas obras de caridad. Gracias a esta iniciativa Ball aún hace sonreír a personas que, a su vez, contagian su alegría a otras. ¿Cómo funciona esta cadena de felicidad?

De acuerdo con un grupo de psicólogas sociales de la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos, cuando vemos la expresión facial de otro tendemos a imitarla inconscientemente e, incluso, podemos llegar a experimentar los sentimientos que ésta refleja. Todo ello sucede en un proceso que dura apenas algunos milisegundos.

Según Adrienne Wood y Paula Niedenthal, autoras del estudio Fashioning the Face (La Configuración de la Cara) publicado en el medio especializado Trends in Cognitive Sciences (Tendencias en las Ciencias Cognitivas), esto se debe a que nuestro cerebro asocia determinadas emociones a los diferentes gestos que reconoce —como una sonrisa o un ceño fruncido— y con base en nuestras experiencias individuales.

El proceso que refleja los sentimientos de otros en uno mismo implica a los sistemas somatosensorial y motor, encargados del sistema estímulo-respuesta y el control de los movimientos, respectivamente. Este “nos dice cómo debemos actuar ante una expresión facial concreta”, explicó Wood. “Sucede de forma inconsciente, por lo que tenemos la impresión de ser capaces de leer la mente del otro y saber cómo se siente”.

El sistema de identificación de emociones que estudian las psicólogas puede ayudar a nuestro cerebro a prever futuros comportamientos. Sin embargo, recuerdan las expertas, no deja de ser una predicción, ya que en ningún caso se puede conocer con exactitud qué es lo que siente otro ser humano con solo mirarlo.

 

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