El chiste que puede hacer que te paguen más
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Aplicar a un nuevo empleo no es tarea fácil. Durante este proceso puedes encontrarte con situaciones muy estresantes, como el momento de las preguntas. Una de las más temidas es “¿cuánto ganabas en tu último trabajo?”, ya que el empleador puede utilizar tu respuesta como punto de referencia para comenzar la negociación del salario, lo que puede significar un aumento mínimo o nulo en tu quincena.

Este momento puede parecer el peor para hacer una broma, sin embargo, el científico psicológico Todd J. Thorsteinson de la Universidad de Idaho, Estados Unidos, recomienda hacer justo lo contrario para sacar provecho de un concepto psicológico conocido como efecto ancla.

Los estudios de este experto respaldan la premisa de que, en la mayoría de los casos,  la primera cifra con la que el empleador se encuentra durante una negociación de sueldo tiene una importante influencia sobre la oferta final. Así, si lanzas un número muy bajo, la otra persona probablemente hará una contraoferta con una cantidad menor a la que tenía en mente pero, si empiezas alto, puedes encontrarte con lo contrario.

Aún así poner sobre la mesa una cifra con algunos ceros de más también puede ser contraproducente, dando lugar a una mala impresión. ¿Cómo solucionarlo? Con sentido del humor, mencionando un número exagerado capaz de influir psicológicamente en la persona al otro lado de la mesa sin que deje de considerarte para el puesto.

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El chiste clave

Thorsteinson no sólo recomienda sacar provecho del efecto ancla a quienes aplican a un nuevo trabajo, sino que además les dice cómo lograrlo. En un experimento reciente, cuyos resultados fueron publicados en el Journal of Applied Psychology Social, el especialista en psicología reunió a más de 200 universitarios a quienes pidió pretender que estaban contratando a una persona para un puesto de auxiliar administrativo.

Los voluntarios fueron divididos en dos grupos. Al primero se le mostró el salario anterior del postulante (29,000 dólares al año) antes de conocer a la persona y el segundo platicó con ella para, después, conocer lo que ganaba en su último empleo.

Además, durante el periodo de negociación, los candidatos al puesto bromearon al proponer cantidades mínimas (trabajaría por 1 dólar, realmente sólo busco algo que sea justo) o exorbitantes (yo quería 100,000 dólares pero, realmente, sólo busco algo que sea justo). ¿El resultado? Cuando la negociación comenzó con un número ridículamente alto, un chiste, este influyó en la oferta final.

En el caso de quienes hablaron de ganar 100,000 dólares, los voluntarios ofrecieron un promedio de 35,385 sin conocer su paga anterior y 32,463 con la cifra en mente. Gracias a esta pequeña broma, los ficticios postulantes terminaron con 3,000 dólares más al año.

“Incorporar un chiste sobre expectativas salariales imposibles puede ser una forma fácil que para los candidatos a un trabajo puedan establecer un ancla alta y minimizar las reacciones negativas de los empleadores”, afirmó Todd J. Thorsteinson en su estudio.

En agosto, el estado de Massachusetts se convirtió en el primero de Estados Unidos en prohibir a los empleadores preguntar sobre el sueldo previo de los postulantes durante sus entrevistas de trabajo. A partir de 2018, esta práctica será ilegal, lo que se espera que ayude, por ejemplo, a cerrar la brecha salarial persistente entre los hombres y las mujeres.

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