El éxito se mide por hacer bien las cosas

Por Carlos Fernández de Lara

Un simple vistazo a la oficina de Eduardo Tricio es suficiente para conocer qué clase de persona es. Marcos con fotos de su familia adornan los muebles, revistas y documentos sobresalen del escritorio apilados casi con perfección y, aunque pareciera cliché por el cargo que posee como presidente de Grupo Industrial Lala, vacas, muchas vacas.

Ahí, en un estante, entre una pequeña mesa para juntas y acompañadas de las fotografías con su familia, se asoman las figuritas de una vaca avión, vaca astronauta, vaca veneciana y una con el penacho de Moctezuma.

Todo es reflejo del “amor por el rancho que llevo en la sangre” y su convivencia con éste desde niño. Elementos que son piezas clave en la carrera de uno de los 15 empresarios más importantes de México, responsable de quintuplicar las ventas de Lala desde el 2000 y principal accionista de Grupo Aeroméxico.

El empresario e ingeniero agrónomo zootecnista (IAZ’85) por el Tecnológico de Monterrey no duda en aclarar que su éxito es gracias al equipo detrás de Lala y a una de las mayores lecciones que adquirió como estudiante: aprender.

—Si tuviera que elegir un aprendizaje como alumno del Tec, ¿cuál sería?

—Uno de mis profesores, el doctor Temblador (Sergio Temblador Alcocer), nos decía que al Tec de Monterrey habíamos ido a aprender a aprender. Si tuviera que resumir en unas cuantas palabras lo que aprendí del Tec es eso. Nadie nos hubiera adelantado o preparado para los cambios que la revolución tecnológica traería, nos dieron bases y fundamentos para que emprendiéramos, nos enseñaron a aprender de todo, todos los días.

En octubre de 2013, Tricio hizo realidad “uno de los mayores sueños de la organización”: la salida a Bolsa de Grupo Industrial Lala, en lo que sería la quinta mayor colocación en la historia de la BMV. Para el empresario de 52 años, el verdadero logro está en el trabajo que durante más de 64 años ejecutaron miles de personas para llevar a Lala de ser una empresa regional, a la firma de alimentos más grande del país, con presencia en América Central y con más de 34,000 empleados.

“Lala fue una startup como lo fueron muchas de las grandes empresas en sus inicios. Una a la que le tomó años ser una empresa nacional”, afirma.

Como buen emprendimiento, Grupo Industrial Lala nació en 1949 de la unión de un grupo de pequeños productores que vendían la leche de manera independiente y que juntos formaron la empresa en la región de La Laguna (Comarca Lagunera), una zona localizada a las orillas del río Nazas, conformada por las ciudades de Torreón, Gómez Palacio y Ciudad Lerdo, entre otros municipios de los estados de Coahuila y Durango.

Tricio comparte que su enlace con Lala y su lado startupero llegaron mucho antes de que el empresario naciera. En 1953, emigrante de la posguerra civil española, Eduardo Tricio Gómez (su padre) llegó a México. Durante un tiempo trabajó en un establo y más tarde, junto con su hermano, compró alrededor de una decena de vacas que les permitió integrarse a la cooperativa La Pasteurizadora Laguna, que luego se convertiría en Lala.

“Mi padre fue un gran emprendedor que vino a México sin recursos y en busca de un mejor futuro”, afirma Eduardo, quien lo recuerda como un hombre enamorado de su familia y su trabajo.

—¿Cómo definiría el éxito?

—El éxito en Lala es gracias al trabajo de miles de personas y de un equipo ejecutivo con mucho talento. Soy fiel creyente de que tienes que rodearte de gente más brillante que tú y creo que lo he logrado. Para mí el éxito es como un pensamiento de Gabriel García Márquez que dice: “Todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada”. Se trata de disfrutar cada una de las cosas que haces en la vida, y entender que algunas se van a dar y otras no. El éxito no se mide por el tamaño de una empresa o por lo mucho que se tiene. Se mide por sentirte bien y hacer bien las cosas que te corresponden. Creo que es tan exitoso un vendedor en la calle como lo es un director o un presidente.

Consciente de la posición que goza, Tricio explica que hoy las grandes empresas tienen que cooperar para disminuir la brecha social que aqueja a comunidades y países. “Se trata de poner nuestro granito de arena o, como nosotros decimos, nuestra gotita de leche”.

A través de Fundación Lala, la compañía respalda varios programas sociales, como dar vasos de leche a miles de niños en situación de desamparo; otros proyectos están enfocados en salud y educación. En este último, junto con empresarios de La Laguna, el grupo Lala trabajó con Kipp, una organización sin fines de lucro que maneja un sistema de escuelas concertadas de Estados Unidos en favor de niños de bajos recursos, con el objetivo de implantar una escuela de ese tipo en México.

“Batallamos para convencerlos, pero lo logramos”, recuerda el empresario, quien agrega que la primera escuela Kipp se instaló hace seis años en La Laguna, y ahora hay siete más en León, Chihuahua, Guadalajara, Monterrey, Torreón y Toluca.

—¿Cómo contribuir socialmente?

— Lala tiene varios propósitos estratégicos. Claro, enfocados a la rentabilidad, al crecimiento y a la innovación, pero uno de los propósitos más importantes está en   nuestra cultura, y la estrategia de Lala es la responsabilidad social. Los compromisos que asumimos en responsabilidad social, más que un apoyo son una obligación que tenemos todos aquellos con el privilegio de estar en una mejor situación de vida que otras personas.

Debemos dejar al mundo mejor de lo que lo recibimos. Ese debe ser el objetivo de todos y cada uno de los colaboradores de Grupo Industrial Lala.

—¿Es la salida a Bolsa el mayor éxito en la historia de Lala?

—El reto de ir a la Bolsa fue un logro que vale mucho la pena resaltar en la historia de la firma. Pero lo que realmente vale la pena fue lo que se hizo para llegar y preparar a la empresa para ese momento. Llevar a una compañía a la Bolsa toma unos meses si se tienen los resultados que los inversionistas esperan.

El verdadero éxito es el trabajo que miles de personas hicieron durante años para alcanzar ese sueño. Esa fecha es historia y ahora lo que tenemos que hacer es mejorar los productos, incrementando nuestras eficiencias y dando mayores oportunidades a nuestros colaboradores para que Lala se mantenga como una opción para inversionistas, consumidores, colaboradores y para las comunidades en las que participamos.

—¿Dónde ve a Grupo Industrial Lala en los próximos años

—Observo a grupo Lala como una empresa dinámica, con mucha hambre y con muchas oportunidades de crecimiento en varias categorías en las que ya participamos; la veo consolidando su presencia y convenciendo a más consumidores de que se sumen a la marca. Veo a la compañía entrar en nuevas categorías; tenemos la capacidad de replicar el éxito que hemos logrado en otros segmentos, aprovechando las ventajas competitivas que tenemos en el país. Por último, veo a grupo Lala creciendo fuera de México, no en cualquier lugar ni a cualquier costo. Lo queremos hacer de forma estructurada e inteligente. Como te decía al principio, apenas estamos empezando nuestro crecimiento fuera de México y creemos que hay grandes oportunidades para Lala en diferentes mercados.

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