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En mi vida he tenido la fortuna de residir en algunos de los países más emblemáticos del mundo: en la costa este de Estados Unidos, que concentra más personas con premios Nobel que el resto del planeta; en Ginebra, la cuna de Jean-Jacques Rousseau; en Singapur, la dinámica y tranquila ciudad-país que se transformó de puerto malogrado a capital financiera, y en Londres, con su elaborado sistema democrático y social.

Suiza, Singapur, Estados Unidos y Reino Unido están dentro de los diez países más competitivos del mundo, de acuerdo con el Foro Económico Mundial. México está, hoy, en el lugar 57 de 140 países incluidos en el índice. Pero, ¿qué nos impide ser como ellos? Muchos mexicanos –incluyendo al presidente actual– dirían que la diferencia es de orden cultural.

Pero la realidad es que gran parte del éxito de estas sociedades se basa en un conjunto de hábitos y valores adoptados en tiempos recientes. Con ellos, estos países han logrado avanzar no sólo en su nivel de competitividad, también han conseguido balancear los dos objetivos primordiales de toda sociedad moderna: la prosperidad económica y el progreso social.

¿Y cómo le hicieron? Primero, entendiendo que el bienestar social sólo puede alcanzarse bajo condiciones de crecimiento económico, un punto que al ser asumido por la gran mayoría de sus ciudadanos genera mayor armonía y paz social. Segundo, invirtiendo en educación, pues es la clave para competir en un mundo globalizado. Tercero, perfeccionando constantemente sus democracias, y sus sistemas políticos y electorales. Sin embargo, en el centro de este esquema tripartito –competitividad, educación y democracia– estos países han colocado un ingrediente adicional: la meritocracia.

La meritocracia establece un sistema social en el que los beneficios económicos y el reconocimiento se distribuyen de acuerdo con el mérito. Es quizás la única forma en este tiempo, dentro de las reglas globales, para producir una sociedad más productiva y cultivada.

La meritocracia establece un sistema social en el que los beneficios económicos y el reconocimiento se distribuyen de acuerdo con el mérito

Anuhar Nahum
Anuhar Nahum

Por Arturo Franco, economista, escritor y emprendedor mexicano

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