El riesgo oculto en el agua de Río de Janeiro

La Bahía de Guanabara luce limpia a simple vista. Pero esconde bacterias de las heces que llegan al drenaje, algunas inmunes a los antibióticos.

Foto: NASA / Infografía: Diana Estefania Rubio

Por: Renata Sánchez

Una garza se posa en un barril oxidado, rodeado de basura. Los restos descompuestos de un cuadrúpedo están junto a bolsas, cuerdas y pedazos de objetos indescifrables. Es la contaminación que se extiende en los 381 kilómetros cuadrados de la Bahía de Guanabara, en Río de Janeiro. De los 18 ríos que desembocan aquí, 12 reciben aguas negras directas del drenaje y basura. En estas condiciones se realizan las competencias de vela, remo, canotaje y nado en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

El legado de los Olímpicos es uno de los puntos clave para que el Comité Olímpico Internacional elija o no una sede. En 2008, cuando Brasil concursó para ser sede junto a Chicago, Madrid y Tokio, el gobierno prometió tratar 80 % de las aguas que se descargan en Guanabara y regenerar la Laguna Rodrigo de Freitas. Hoy, los científicos prueban que la promesa no se cumplió.

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Tragedia ecológica

El verde se extiende a lo largo del Mar Amarillo, en China. Parece una gran cancha de futbol, pero es un brote incontrolable de algas, a tan sólo seis semanas de que se inauguren las Olimpiadas de Pekín, en 2008. Más de 20,000 voluntarios de Qingdao ayudan a remover las más de 100,000 toneladas de algas en la sede de las pruebas de vela. Por la imposibilidad para realizar cualquier actividad acuática y el hedor de la putrefacción, el Comité Organizador califica esta situación como un problema grave.

En abril de 2015, la laguna Rodrigo de Freitas, en Río de Janeiro, vive una historia similar. Hay peces muertos en vez de algas. Y no es la primera vez que ocurre. Tan sólo entre 2000 y 2002 se presentaron tres grandes mortandades que sumaron 400 toneladas de peces muertos.

En los dos países, las autoridades culpan a las lluvias de arrastrar materia orgánica que consume el oxígeno y provoca ambos problemas. No reconocen que la contaminación es la causa. Lo que ocurre en Brasil, explica Márcia T. S. Lutterbach de la Universidad de Santa Úrsula, es que el aumento de desechos orgánicos por las descargas de drenaje de hogares e industrias desata un proceso que se conoce como eutrofización, en el que el ecosistema se desequilibra por un enriquecimiento de nutrientes y minerales, lo que genera la corrupción del exceso de materia orgánica y disminuye el oxígeno en las aguas profundas. De ahí la muerte masiva de peces y, aunque los cadáveres se retiren, la inestabilidad ecológica continúa.

La deforestación de los manglares es otra de las agravantes de la contaminación en Río, señala el biólogo Mario Moscatelli, defensor de la recuperación del ecosistema en Marina da Gloria, Rodrigo de Freitas y Guanabara desde hace 20 años. Los manglares funcionan como filtros de agentes contaminantes, también proveen de alimento a las especies que ahí habitan y sirven como zonas de reproducción y anidación para algunas especies.

Las corrientes de aguas negras que arrastran basura, materia orgánica, metales pesados o hidrocarburos no son las únicas que alimentan la Bahía de Guanabara. El agua fresca del mar remueve los desechos que se acumulan ahí. En esa zona se realizarán las pruebas olímpicas de vela donde se diluye la concentración de contaminantes.

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“La mayor parte de la basura y las descargas de drenaje provienen de las ciudades del norte. Son 15 las municipalidades que deben intervenir, pero no hay un programa homologado de tratamiento de aguas ni de manejo de desperdicios”, asegura Joao de Lima Rego, líder del proyecto Guanabara Limpa del Instituto Deltares que forma parte de la iniciativa holandesa Clean Urban Delta que presentó 20 proyectos a las autoridades brasileñas para remediar la contaminación de ríos, lagunas y playas.

Para frenar la llegada de contaminantes, el gobierno brasileño no desarrolló una estrategia de gestión de desechos en los barrios que carecen de servicio de limpia. En su lugar, implementó ecobarreras para frenar la llegada de la basura cuando ya está en el río. Se trata de embarcaciones pequeñas que capturan los desechos sólidos que provienen de las ciudades del norte.

Lo que se vive en la Bahía de Guanabara es calificado como una verdadera tragedia ecológica y se ha convertido en un gran negocio. Por ello, no se resuelve. “En cada gobierno se han recibido cientos de millones de dólares para recuperar el ecosistema; sin embargo, el dinero se gasta sin ningún manejo eficiente. Nadie es investigado ni es castigado”, denuncia Moscatelli, vía correo electrónico.

Riesgos para los deportistas

En agosto de 2015 –a cuatro meses del más reciente hallazgo de peces muertos– se realizó el campeonato juvenil de remo en la laguna, como parte de las pruebas de reconocimiento para la máxima justa deportiva. Después de la competencia, 13 atletas del equipo de Estados Unidos enfermaron de infección estomacal.

La Organización Mundial de Remo (FISA, por sus siglas en inglés) desestimó las infecciones y se mostró satisfecha con la calidad del agua en la laguna. Por su parte, ante los atletas enfermos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó realizar pruebas de monitoreo del líquido, para identificar enterococos y Escherichia coli. Desestimó la investigación en rotavirus, adenovirus o virus de hepatitis A. “La evidencia disponible sugiere que los efectos a la salud más frecuentes se asocian a la exposición de agua contaminada con materia fecal, que provocan enfermedades gastrointestinales a menudo de corta duración”, aseguró.

Estudios realizados por científicos contradicen a este organismo internacional: la calidad de agua de la Laguna Rodrigo de Freitas no es apropiada para nadar, describe Ana Paula D’Alincourt, del Departamento de Microbiología y Parasitología del Instituto Oswaldo Cruz, en un estudio publicado en Antimicrobial Agents and Chemotherapy en mayo de 2016.

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Paula D’Alincourt y su equipo encontraron varias muestras de bacterias resistentes a las carbapenemas, antibióticos que han sido la principal alternativa terapéutica frente a infecciones graves por microorganismos gramnegativos multirresistentes, como neumonía o infecciones estomacales y de la piel, muy difíciles de tratar. La aparición e incremento de la resistencia a las carbapenemas pone en peligro la efectividad de esta familia de antibióticos, según el informe global y del SENTRY Antimicrobial Surveillance Program.

También se identificaron bacterias que producen la enzima KPC, que inhibe el efecto de los antibióticos comunes en tres puntos del río que desemboca en la Playa Flamengo, un sitio que atrae visitantes y es cercana a Marina da Gloria, sede de las competencias de vela de los Olímpicos.

“Al entrar en el agua, donde hay bacterias productoras de KPC, quien nade puede ser colonizado por estos microorganismos. Incluso, si no se enferma en el momento, con el tiempo puede aportar estas bacterias resistentes al medio ambiente y propagarse”, explica en un comunicado el microbiólogo Carlos Felipe Machado de Araujo.

Para Mario Moscatelli, la recomendación para los atletas es que se vacunen al menos contra la hepatitis A. “Es lo mínimo que los equipos pueden hacer para prevenir problemas serios a la salud”, comenta vía correo electrónico.

Apoyos millonarios

La situación de la Bahía Guanabara no es nueva. Existe desde los años 70, cuando se crearon varios cinturones de pobreza en Río de Janeiro, por la expansión de la mancha urbana. Son comunidades que carecen de servicios de saneamiento, por lo que no están conectados a sistemas sépticos ni alcantarillas públicas. Moscatelli participó en la elaboración del programa de recuperación para ganar la sede de los Olímpicos; al final, ningún plan propuesto se implementó.

Entre otras cosas, el gobierno brasileño aseguró que priorizaría acciones a largo plazo con orientación en obras de infraestructura de saneamiento, además de que educaría y sensibilizaría a la población. También, mejoraría el sistema de tratamiento de aguas residuales hasta llegar al 80 % prometido y se esperaba que la capacidad de agua tratada aumentaría hasta 2,800 litros de aguas residuales por segundo, sirviendo a las zonas más densamente pobladas en la cuenca Jacarepaguá.

Hoy, Mario Andrada, vocero de los Juegos de Río 2016, asegura que la bahía no será rehabilitada porque no hay suficiente “compromiso, recursos ni energía” para lograrlo. Así lo declaró a un medio especializado en deportes.

Sin embargo, las aportaciones para solucionar el problema han sido millonarias. Entre 1995 y 2006, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) dio 350 millones de dólares para el Programa de Saneamiento Básico de la Bahía de Guanabara (PDBG). Con esos recursos sólo se trató de 15 a 44 % de las aguas residuales. El dinero sirvió para construir alcantarillas y crear sistemas que no pudieron utilizarse, porque los troncos colectores necesarios para su conexión con las plantas de tratamiento no fueron instalados en su totalidad, según reportes del mismo BID.

A partir de que se obtuvo la sede para los Juegos en 2009, el BID volvió a dar poco más de 400 millones de dólares para ampliar la planta de tratamiento de agua Alegría, la cual brinda servicio a algunas de las regiones con mayor carga de aguas residuales, como el centro de la ciudad y los barrios de Caju, Madureira, Maracaná, Grajaú, Vila Isabel y otros. La idea era aumentar la capacidad de tratamiento de 2,000 litros por segundo en 2006 a 13,000. Sin embargo, eso nunca ocurrió.

El dinero del BID que ha recibido el gobierno brasileño para rehabilitar la bahía no ha sido el único. Japan Bank for International Cooperation (JBIC) también aportó 236.7 millones de dólares y, en 2010, el gobierno de Río de Janeiro invirtió 114.7 millones de dólares provenientes del Fondo Estatal de Conservación Ambiental y Desarrollo Urbano para dar continuidad a las obras e instalar plantas de tratamiento secundario a las aguas residuales.

También hay empresarios que han dado dinero para la limpieza de los cuerpos acuáticos de Río. Es el caso de Eike Batista, quien fuera uno de los hombres más ricos de Brasil, antes de la crisis de 2008. Según comparte Yvon Wolthius, directora de la empresa Investments in Sustainable Innovations, Batista pagó millones de reales para recuperar la Laguna Rodrigo de Freitas. No obstante, ésta volvió a contaminarse debido a que no se implementaron programas integrales con la comunidad de las favelas ni para el manejo de desechos.

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¿Existen soluciones?

Para tratar de remediar la situación, Arnaoud Passenier, del Ministerio de Infraestructura y Ambiente de Holanda, e Yvon Wolthuis tenían una propuesta: la iniciativa Clean Urban Delta, un consorcio que presentó tecnología y proyectos sustentables al gobierno brasileño para limpiar los acuíferos rumbo a Río 2016.

“Revisamos 20 proyectos con tecnología aplicable para resolver distintos niveles de contaminación; teníamos a los representantes del gobierno, empresarios y quienes permitirían implementar el flujo de capital para hacerlo sustentable. Pero ocurrió la crisis de precios del petróleo y todo se puso en espera”, narra con decepción Wolthuis, en entrevista con Tec Review.

Sólo continuaron dos proyectos. Uno, del Instituto Deltares, para crear una plataforma de previsiones de las corrientes superficiales, viento y nivel del mar en Guanabara, para hacer más eficaces las ecobarreras y adelantarse al paso que tendrán los desperdicios sólidos, explica Joao de Lima, experto en hidrodinámica ambiental del instituto, desde Holanda.

El otro proyecto fue el de Plastic Soup Foundation, que contaba con recursos del Fondo Mundial para la Naturaleza de Brasil (WWF, por sus siglas en inglés). Su objetivo es limpiar la bahía un 75 %, en cinco años, a través de programas con recolectores de residuos en las “comunidades” de reciclaje del plástico.

“Contamos con soluciones integrales –dice De Lima–, pero nuestros sistemas en Río de Janeiro sólo operan en desechos sólidos, porque fue lo que más le importaba a las autoridades, ya que los Olímpicos ocurrirán en la Bahía de Guanabara. Por supuesto, para la población local y la vida natural es más importante arreglar los problemas de descargas de drenaje y bacterias, pero en los Olímpicos lo más visible era la basura flotando.”

Yvon Wolthuis se mantiene optimista. Reconoce que es complejo recuperar los ecosistemas en Río, pero cree que al final de esta crisis las instituciones se fortalecerán y lograrán este objetivo.

Por desgracia, como afirma Mario Moscatelli, no hay voluntad política, ni el interés de la comunidad para presionar y lograr que se recupere Guanabara. Para él, la petición de créditos internacionales continuará, así como las descargas de aguas residuales a la bahía que desemboca en el mar. Y, mientras, los Juegos Olímpicos de Río 2016 continúan en cuenta regresiva.

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