Por Carlos Elizondo Mayer-Serra

Las elecciones en una democracia son, por definición, un espacio de incertidumbre. Nadie tiene asegurado el triunfo. Hace 12 años, Andrés Manuel López Obrador, según las encuestas, llevaba tal ventaja en la intención de voto que parecía invencible.

No lo fue. El votante va cambiando a lo largo de una campaña política. Para eso sirven. Los candidatos pueden cometer errores o lograr grandes aciertos. Puede aparecer información que los desprestigie frente al electorado o que los haga ver como una opción interesante y novedosa. Lo que dicen hoy las encuestas no es más que una foto del momento, muchas veces borrosa o manipulada. Ciertamente, nada predicen.

La elección del año entrante es la más grande que haya habido en el país. Tanto por el número de cargos que están en juego (3,326), como por el número de mexicanos con derecho a votar. Hoy el padrón electoral es de casi 88 millones, de los cuales más de 14 millones lo podrán hacer por primera vez en el caso de una elección presidencial.

Es también una elección muy importante. El gobierno que termina aprobó una serie de reformas estructurales: energética, educativa, de competencia, de telecomunicaciones, por citar las más importantes. Éstas pueden promover un mayor crecimiento, pero requieren ser implementadas correctamente. El país enfrenta a un mandatario en Estados Unidos abiertamente hostil a México. La inseguridad pública en amplias zonas del país ha estado aumentando en forma alarmante en los últimos años. La corrupción corroe la capacidad del gobierno de proveer bienes públicos de calidad. Hay muchos otros temas importantes. Qué hará el nuevo gobierno al respecto dependerá en buena medida de a quién elijamos los mexicanos.

Nuestros políticos y partidos políticos cargan con un bien ganado desprestigio. Hay tantos casos de corrupción y abusos, que todos terminan en la misma bolsa. Pero no son todos iguales. Ni en su historia ni en lo que proponen. Como lo estamos viendo en Estados Unidos, quién es electo importa mucho. Por esto hay que informarse bien y ejercer el voto. Sobre todo los jóvenes, quienes en
muchas elecciones –el caso del voto en Gran Bretaña es revelador– no salen a votar y luego se quejan del resultado.

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