Por Luis Estrada

La ofensiva contra el cáncer ya no se basa sólo en hacerle frente a la enfermedad. También se busca mejorar la calidad de vida de las pacientes. Para ello, cada vez hay más estudios y tratamientos en todas las esferas. Por ejemplo, en la fertilidad. El Instituto Nacional de Cancerología (INCan) estima que 11 % de los casos de cáncer de mama se presenta en mujeres que tienen 40 años o menos y, según el Censo de Población y Vivienda de 2010, en México el porcentaje de alumbramiento de edad igual o mayor a los 30 años es de 31 %. Esto significa que “cada vez más pacientes con cáncer de mama se encuentran en edad reproductiva y que muchas aún no han completado sus deseos de ser madres”, asegura la doctora Cinthya Villarreal, directora del Centro de Mama en el Hospital Zambrano Hellion de Nuevo León.

Además de la carga emocional que significa padecer cáncer a temprana edad, el deseo de ser madre es un factor que muchas veces se interpone en el tratamiento. Como algunos estudios registran que las latinas rechazan con más frecuencia la quimioteria, si pone en riesgo su fertilidad, en 2016 la Sociedad Americana de Oncología publicó una serie de recomendaciones a los oncólogos para que puedan informar a sus pacientes en edad fértil sobre la posibilidad de esterilidad debido a algunos tratamientos.

En el Centro de Mama del Zambrano Hellion existe un programa para preservar la fertilidad en mujeres jóvenes. Y es único en su tipo en el país, ya que cuenta con un enfoque multidisciplinario de especialistas en este tipo de cáncer. “Consiste en la preservación de óvulos o la crioperservación del tejido ovárico para aspirar a tener un bebé”, explica Villarreal. Otra técnica usada es conservar la función de los ovarios mediante medicamentos durante la quimioterapia, que disminuye la probabilidad del daño a los óvulos. Con esto se aumenta la probabilidad de embarazos posteriores. Hasta el momento, únicamente hay dos programas similares, en Boston y Toronto.

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Hay que vigilar a la familia

El cáncer de mama que aparece con mayor frecuencia se da en pacientes cada vez más jóvenes, factor que podría estar relacionado con la herencia genética. “Los familiares de primer grado de un paciente con cáncer, como padres, hermanos e hijos, tienen 50 % de probabilidad de padecer algún tipo de cáncer”, explica la genetista Dione Aguilar y Méndez.

Para estas personas, el centro cuenta con un programa de vigilancia personalizada que inicia diez años antes de la edad de la persona más joven de la familia que haya padecido cáncer. “Las mujeres y hombres deben hacerse cada mes una autoexploración de mama para identificar cambios en el volumen o forma del seno”. Se debe visitar a un experto cada año; realizarse un ultrasonido, si se tiene menos de 40 años, y una mamografía, si se es mayor, recomienda Dione Aguilar.

Para hablar de cáncer hereditario, los especialistas tienen en la mira dos genes: BRCA1 y BRCA2. “Están en todos los seres humanos y su función principal es suprimir la aparición de tumores, pero cuando éstos tienen alteraciones o mutaciones, quedan defectuosos y no cumplen bien esta función”, explica la genetista. Una de las referencias del papel de la genética en la prevención es la actriz Angelina Jolie. “No tenía cáncer, pero su mamá tuvo cáncer. Ella tenía una mutación en el gen BRCA1 y realizó medidas reductoras de riesgo antes de desarrollar el cáncer, a través de la extirpación del tejido mamario, de ovarios y trompas de Falopio”.

Despertar sin un seno, o el hecho de decidir extirparse un órgano para disminuir riesgos, implica consecuencias emocionales. Para ello, en el Centro de Mama está la psico-oncóloga Melina Miaja, encargada en el tratamiento de pacientes y familiares que podrían tener algún tipo de cáncer. También investiga las repercusiones psicosociales de este grupo de pacientes en México.

Reducir muertes por cáncer

Aunque el cáncer de mama es considerado una enfermedad del mundo desarrollado, la mayoría de muertes se registra en países en desarrollo como México, con 15 fallecimientos cada día, según datos del INCan. “Una de las principales causas se debe a la detección tardía y la falta de especialistas en este tipo de cáncer”, asegura la doctora Magaly Garza, directora del Centro de Imagen Diagnóstica del Zambrano Hellion.

El Centro de Mama del Tec de Monterrey tuvo una inversión de 60 millones de pesos. Lo hace único que en 1,500 metros cuadrados confluyan 32 médicos, entre especialistas de diagnóstico, cirugía, quimioterapia, psico-oncología y genética, quienes pueden intercambiar ideas y estudiar caso por caso. “Es el primer centro multidisciplinario para la atención de cáncer de mama en el país; trabaja con tres objetivos principales, como son la personalización de la atención del paciente, la formación de nuevos profesionales y el desarrollo de investigación orientada a la práctica médica”, comparte la directora del centro, Cinthya Villarreal.

“La meta es reducir la mortalidad en México, como ha sucedido en Estados Unidos en los últimos 20 años”, asegura el doctor Vicente Valero, oncólogo de Institute of Oncology del MD Anderson, en Houston, Texas, y asesor del centro. En Estados Unidos, las tasas de mortalidad por cáncer de seno han disminuido desde 1989; según la Sociedad Americana del Cáncer, hay 2.8 millones de sobrevientes de esta enfermedad.

En contraste, durante los últimos diez años, en México la mortalidad por cáncer de seno ha aumentado 14 %. Según el INCan, hay 1,200 oncólogos, cuando los estándares de la OMS señalan que debería haber 30 % más.

El papel del nuevo espacio se vuelve, entonces, fundamental para cambiar la prevalencia de la enfermedad, ya que permite que médicos de todas las disciplinas se comuniquen entre sí y con el paciente, sin barreras del tiempo y sin visitas de un lugar a otro para la atención. “Esto nos permite ofrecer un tratamiento personalizado”, explica el doctor Valero, cuya participación forma parte de las alianzas del Centro de Mama con instituciones en México y el mundo para la formación de médicos y la investigación.

Otro caso es el de las doctoras Cynthia Villarreal y Dione Aguilar, quienes desde 2014 encabezan un proyecto colaborativo en el INCan y el City of Hope, en California, donde se han evaluado a más de 500 pacientes y encontrando a 81 portadoras de mutaciones relacionadas al cáncer de seno. Este estudio permitirá crear una mapa genético del cáncer de mama en México, comparte la doctora Villarreal.

También en este centro, en Monterrey desde 2014 se imparte un curso de especialización en cáncer de mama.

Este sueño médico se logró después de 10 años. El equipo ha trabajado todo este tiempo en el Hospital San José y el Zambrano Hellion. Es un grupo “capaz de ofrecer atención personalizada y de calidad”, resalta Cynthia Villarreal.