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Por Jansel Jiménez 

Los flechazos que traspasan los corazones de los enamorados no vienen del arco de Cupido, sino del peculiar funcionamiento de la kisspeptina.

El papel determinante de la hormona kisspeptina en la respuesta sexual de los hombres ha sido demostrado por científicos de la Escuela Imperial de Londres, en Inglaterra, en un estudio publicado en The Journal of Clinical Investigation.

“La hormona reproductiva (kisspeptina) ha emergido como una activadora crucial del eje reproductor que actúa en el hipotálamo para estimular la secreción de hormonas reproductivas”, precisa el estudio dirigido por Waljit S. Dhillo, investigador especializado en endocrinología y metabolismo.

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Hasta la realización de la investigación no se había encontrado una sustancia química que vinculara de manera tan clara los componentes fisiológicos y emocionales de la conducta sexual humana. Dhillo fue más allá del efecto de la hormona en el hipotálamo para lograr esta integración.

El sistema límbico, parte del cerebro compuesta por el hipotálamo, el tálamo y la amígdala cerebral, asociado con la regulación de emociones, memoria, hambre y comportamiento sexual, resultaría ser, según Dhillo, controlado por la kisspeptina.

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“El sistema límbico ha establecido roles en el comportamiento emocional y reproductivo y, por lo tanto, puede proporcionar un marco fisiológico que une el sexo, las emociones y la reproducción en los seres humanos. La administración de kisspeptina moduló la actividad cerebral límbica en respuesta a estímulos sexuales y emocionales y se asoció con respuestas conductuales relacionadas”, expresa Dhillo en su artículo.

El estudio reveló que los individuos con más alta concentración de kisspeptina evidenciaban mayor actividad de su sistema límbico ante imágenes de contenido sexual o romántico, mientras que la reacción era neutra ante cualquier otro tipo de fotografías. La influencia de esta hormona en la conducta humana, de acuerdo con la publicación académica, está acotada por un contexto externo específico, es decir, su injerencia opera en la tenue interfase entre fisiología y cultura.

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Fueron analizados en el experimento 29 hombres de entre 24 y 26 años de edad. Todos de orientación heterosexual y con niveles normales de hormonas reproductivas. Fueron reclutados por medio de anuncios en la prensa local que solicitaban voluntarios para una investigación médica.

Otro aspecto revolucionario del estudio fue que logró situar a la kisspeptina en el ápice del proceso reproductivo, por encima de la testosterona, antes considerada principal reguladora del procesamiento sexual de estímulos externos.

En un futuro, se espera que los resultados de la investigación tengan aplicaciones en el desarrollo de nuevas terapias que utilicen fármacos basados en la kisspeptina.

“Los estudios sobre la administración de kisspeptina en pacientes con depresión y trastornos psicosexuales pueden ser fructíferos, así como para desarrollar el potencial terapéutico de la kisspeptina para trastornos reproductivos comunes, incluyendo hipogonadismo masculino, amenorrea hipotalámica e hiperprolactinemia”, concluye el texto académico.

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