Ben 10 lo envidiaría. Un día puede ser Batman o el Hombre Araña. Invariablemente en Navidad es Santa Clós y en septiembre, durante las fiestas patrias mexicanas, es un charro.

Se trata de Sergio Gallegos, un oncólogo pediatra de 46 años que acumula 34 disfraces para atender a pequeños agobiados por el cáncer que acuden al Hospital Juan I. Menchada, en Guadalajara, Jalisco, con la ilusión de descubrir un nuevo personaje.

El día que recibió a la agencia AFP, Gallegos era un luchador; vestía una capa roja y su cuerpo luce rellenos en piernas, muslos y abdomen para simular un físico musculoso, los pies enfundados en zapatillas color plata.

El médico inició esta tradición en la Navidad de 2007, cuando se vistió de Santa Clós. Los disfraces se fueron adaptando a las festividades en México. Siete años más tarde ya son cotidianos e incluyen lo mismo a superhéroes que futbolistas y hasta un médico brujo.

“Ya tengo 32 vistos por el público”, cuenta Sergio Gallegos. Hay dos esperando a ser estrenados en honor de dos pequeños que han concluido su tratamiento y que quieren conocer a un nuevo superhéroe.

“Ahorré, los compré y ahí están en el clóset esperando que llegue ese día especial que ese niño lo pidió para ser estrenado”, dice el médico, quien para complementar su papel simula su voz según el personaje.

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AFP
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El día de consulta es motivo de alegría para pacientes y familiares, quienes acuden con la ilusión de descubrir cuál superhéroe los recibirá.

“Él hace que hasta se nos olvide un ratito el problema que tenemos, la enfermedad”, platica sonriente Hilda Rocío Colmenares, mamá de José Manuel, de 16 años y quien es atendido por leucemia.

La experiencia de Gallegos con el cáncer es de primera mano. Es un sobreviviente de la enfermedad. Recuerda que durante su estancia en un hospital de Estados Unidos le visitaban voluntarios disfrazados de payasos; eso fue lo que le inspiró a ‘cambiar de piel’ para atender a sus pacientes.

“Eran ellos los que realmente me hacían olvidar que yo estaba enfermo y que yo estaba sufriendo los efectos de la quimioterapia“, dice al explicar que su primer disfraz fue de payaso cuando era voluntario de otro hospital.

“Es el disfraz que más años tiene y todavía lo uso. La nariz está toda aplastada por el uso pero me sirve”, asegura.

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Hoy, gracias a las redes sociales el número de disfraces -y pacientes- ha aumentado. Alguna vez pidió a través de Facebook que le donaran un vestido de princesa para sus pacientes y recibió más de 2,000.

En otra ocasión, cuando anunció que sería el mes de la llamada “lucha libre”, muy popular en México, le llovieron máscaras y hasta juguetes enviados por luchadores.

“Aquí hay excelentes médicos, pero conmigo crearon una fantasía. Mi prioridad es dar consulta, lo demás es por añadidura. Muy probablemente cuando tenga 65 años, el Hombre Araña no brinque en la puerta, pero seguirá viviendo el Hombre Araña”, dice Sergio Gallegos.

Con información de Ulises Zamarroni, de la Agencia AFP.

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