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Piracicaba, Brasil (AFP) Se obtiene de restos de la caña de azúcar y no requiere nuevos cultivos. Te presentamos el etanol de segunda generación que Brasil promueve como la vanguardia en combustibles renovables.

Este país es el primer productor y exportador mundial de azúcar, así como el segundo de etanol detrás de Estados Unidos. Ahí, el combustible ‘verde’ se fabrica desde hace cuatro décadas a partir de la caña y es utilizado por más de 60% de sus 36 millones de vehículos activos.

Ahora da un paso más en ese sentido, aprovechando la paja, hojas y restos de la molienda de caña para crear el “etanol 2.0” o “etanol 2G”.

En Piracicaba, epicentro azucarero del país a unos 100 kilómetros de Sao Paulo, se ubica la fábrica de Raízen, una filial conjunta de la multinacional Shell y la brasileña Cosan. En este lugar, el aroma a cachaça -el licor de caña de azúcar- invade cada rincón.

Ya produce azúcar, etanol y ahora tiene el potencial para fabricar hasta 42 millones de litros de etanol 2G por año.

“La gran ventaja del etanol de segunda generación es que se puede aumentar la eficiencia del sistema sin expandir el área agrícola”, comentó Antonio Stuchi, director ejecutivo de producción de Raízen.

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“Es un producto revolucionario que abre una frontera enorme”, añadió en el patio de la fábrica, rodeado de enormes tanques donde se realizan los procesos químicos.

La producción de etanol 2.0 aumenta el rendimiento de una hectárea cultivada de caña en 50%.

Por ahora Raízen y GranBio, en el estado de Alagoas, son las únicas dos fábricas que producen etanol 2G en Brasil. Por ello, son consideradas pioneras en el mundo.

El etanol 2G puede representar, además, un nuevo impulso para la industria azucarera de Brasil tras años de falta de inversiones y crisis.

Menos emisiones

El gobierno brasileño defiende activamente la aún pequeña producción de etanol 2G y financió en 87% los 60 millones de dólares que costó la planta de 2G de Raízen.

En la cosecha 2014/2015 Brasil produjo 28,300 millones de litros de etanol y la presidenta, Dilma Rousseff, anunció en octubre la “ambiciosa meta” de subir esta cifra a 50,000 millones al visitar por segunda vez la planta de Piracicaba.

“Esta planta también nos califica como país para negociaciones internacionales sobre cambio climático”, destacó Rousseff al inaugurar la instalación en julio, con la mira ya puesta en la conferencia mundial COP21 que se celebra estos días en París.

Brasil anunció la meta de reducir en 37% sus emisiones de dióxido de carbono para 2025 y en 43% para 2030, algo “factible” según Rousseff gracias al etanol de primera y segunda generación.

El país produce en torno a 1,500 millones de toneladas de gases de efecto invernadero con alta participación del sector de transportes.

Por eso, los promotores del etanol 2G afirman que el nuevo biocombustible es un gran aliado del medio ambiente.

“El hecho de que no se necesite desarrollar más materia prima ni expandir los cultivos contribuye a una caída significativa en las emisiones de gases”, afirma Antonio Stuchi, de Raízen.

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