Más de 15 vehículos aceleran por un pequeño circuito del Autódromo Hermanos Rodríguez; sus velocidades alcanzan los 180 km/h y la habilidad de los pilotos, incluyendo una mujer, Simona de Silvestro, es la diferencia entre llegar en primer lugar o quedarse fuera del podium.

Y, sin embargo falta una cosa: no es el ánimo del público, tampoco las decenas de patrocinadores ni las celebridades posando ante la lente de fotógrafos ávidos de su mejor ángulo. Aquí, lo que falta es gasolina. Aquí, lo que sobra es electricidad.

La primera carrera del serial de Fórmula E en México llegó y aficionados de todo el País llegaron a verla; niños con gorras más grandes que su cabeza, hombres con muñecas más pequeñas que sus relojes y mujeres ataviadas para una ocasión diferente (es decir, en tacones) llenaron el autódromo para presencia el futuro, en donde los vehículos olvidan la gasolina y apuestan por la electricidad para cumplir 45 vueltas de alarido.

“Apostamos por esta carrera porque es el cambio hacia un ecosistema mejor; las dos principales razones del cambio climático son las combustiones de los automóviles y la cantidad de vacas que existen en el mundo. La segunda la podemos corregir de alguna manera, mientras que los automóviles es más complicado”, dice el presidente de Qualcomm América Latina, Rafael Steinhauser.

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La tecnología de la firma es uno de los principales componentes de la competencia; gracias por ejemplo a su producto conocido como Halo, los coches cuentan con un sistema que de manera inalámbrica conduce energía eléctrica a otro dispositivo. Los autos de carreras están equipados con esta tecnología, lo que permite que estos monoplaza se recargen rápidamente durante la competencia.

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Otra cosa a destacar, diferente a la tradicional Fórmula 1, es que aquí los automóviles, cuando entran a los pits o ‘garage’, en lugar de cambiar de llantas o bujías, cambian por completo de automóvil, uno completamente recargado, y listo para arrancar de inmediato.

Cortesía
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Aquí, la otra cosa en la que los miles de los mexicanos tienen sus ojos puestos es el piloto mexicano, Salvador Duran, por parte de la escudería Aguri.

“Chava (sic) tiene que dar un buen espectáculo, está en su tierra y estamos listos para animarlo”, dijo Martín, un aficionado que gastó entre su boleto y el de su familia, poco más de 4,000 pesos.

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La parafernalia de la llamada “competencia ecológica del futuro” tampoco se queda sin sus patrocinadores; desde las clásicas bebidas espirituosas hasta las marcas de celulares, llama la atención el stand de la CFE, que con bicis que simulaban la generación de energía, llamaba a concientizar al público asistente sobre el recurso.

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En su segunda temporada y, con sólo 15 carreras en su historia, la Fórmula E ya corre en 10 ciudades del mundo como Pekín, París, Londres, Rusia, Buenos Aires, Punta del Este, y este es el primer año en México.

Después de 45 minutos, el brasileño Luca de Grassi, de la escudería Abt Schaeffler se alzó con la victoria; sin embargo por la noche del sábado, de Grassi fue descalificado del premio, luego de que su auto pesara 886.2 kilogramos durante la primera parte de la carrera, 1.8 kilogramos menos de lo permitido.

En su lugar, el belga Jerome D’Ambrossio del equipo Dragon Racing se llevó el ePrix de Ciudad de México.

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