Centro Eugenio Garza Sada.

Por Jansel Jiménez:

“No repartas riquezas, reparte trabajo y elevarás el nivel de vida del pueblo”. Cuentan que ésa era una de las frases que decía Eugenio Garza Sada, quien tras haber concluido sus estudios en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) llevó su credo a un proyecto de gran alcance: fundar el Tec de Monterrey. Esto fue hace 74 años y, desde entonces, ha existido un importante vínculo entre ambas universidades.

El último eslabón de la cadena que une al Tec y al MIT se engarzó este 2017: el presidente del Consejo del Tecnológico de Monterrey y presidente del Consejo de FEMSA, José Antonio Fernández Carbajal, fue invitado a formar parte del Consejo de Administración del MIT, integrado por 76 líderes en temas de educación, ciencia, ingeniería e industria. Es el único mexicano presente.

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“Habrá una vinculación más cercana con el MIT, tanto en intercambios académicos como en vinculación de investigación. Una mayor cercanía con una institución como ésta le puede dar muchas buenas oportunidades a los estudiantes del Tec”, comenta César Alejandro Salinas Márquez, coordinador de Acervos Históricos del Centro Eugenio Garza Sada y especialista en la historia del Tecnológico de Monterrey.

El origen de la relación

Esta colaboración comenzó por la fascinación que Eugenio Garza Sada sintió por el MIT cuando estudió ahí la carrera de Ingeniería Civil, en los albores del siglo XX. En aquellos años, casi todos los mexicanos aceptados en el MIT eran “estudiantes especiales”, no regulares: sólo podían asistir como oyentes a las clases. Un título no era imprescindible para desarrollarse profesionalmente.

“Empresarios, mineros y hombres de negocios mexicanos, sobre todo del norte del país, acostumbraban mandar a sus hijos a estudiar a Estados Unidos. Quedaba claro que ahí podían tener una buena educación técnica”, señala Gabriela Recio Cavazos, doctora en Historia por El Colegio de México. “Eugenio Garza Sada ingresó el 28 de septiembre de 1910 a MIT y el 9 de junio de 1914 obtuvo su título de Bachelor of Science in Civil Engineering. Junto con Armando González Longoria, originario de Cuba, escribió su tesis intitulada An Experimental Investigation of a Method of Measuring the Velocity of Water in Open Channels by Means of Moving Vane, que fue presentada en mayo de 1914 al Departamento de Ingeniería Civil como parte de los requisitos necesarios para obtener su título”, se lee en Don Eugenio Garza Sada. Ideas, acción, legado, libro escrito por la doctora Recio.

Además de cumplir con los cursos obligatorios de su carrera, Eugenio Garza Sada llevó a cabo las actividades extracurriculares que ofrecía el instituto. En 1913, por ejemplo, fue uno de los alumnos que formaron el Club Latinoamericano, conformado únicamente por estudiantes que tenían el español como lengua materna. También se sumó al Club de Ingeniería Civil, que había sido creado en 1899. “En 1911 el club estudiantil era el más numeroso del MIT al contar con 225 miembros”, indica Recio Cavazos en su obra.

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Proyecto con visión

Centro Eugenio Garza Sada.

Desde un principio, el MIT propuso un tipo de educación principalmente enfocado a la industria. Era revolucionario, porque la mayoría de las universidades transmitía conocimientos teóricos más ligados a la filosofía clásica que al desarrollo de la tecnología. En ese lugar, Eugenio Garza Sada tomó nota de la calidad de los profesores, la infraestructura y los programas estudiantiles extraacadémicos. “Muchas de las ideas que agregó al Tecnológico de Monterrey se basan en su experiencia en el MIT”, explica César Alejandro Salinas, quien también es historiador por la Universidad Autónoma de Nuevo León.

La estrecha conexión entre academia e industria, mediante programas y carreras cuyo objetivo es resolver problemas reales del sector productivo del país; la vinculación de la institución con sociedades de ex alumnos, por medio de revistas, bolsas de trabajo y cursos de actualización, así como el énfasis en contratar preferentemente a profesores con grado de doctor y que cubrieran cabalmente el plan de estudios, fueron algunos de los atributos que Eugenio Garza Sada aquilató durante su estancia en el MIT y que incluyó en la estructura del Tec de Monterrey.

Poco antes de su fundación, en 1943, se planteó la idea de que el Tec de Monterrey se llamara Monterrey Institute of Technology (MIT), para que compartiera las mismas siglas del lugar donde profesionalmente se había formado Eugenio Garza Sada. Esto con el afán de asemejarse hasta en el nombre a la institución que se tomó como modelo educativo. Ello no prosperó.

“La propuesta se hizo en una reunión de Eugenio Garza Sada, Virgilio Garza Jr., Bernardo Elosúa y Antonio L. Rodríguez. Ellos cuatro fueron quienes hablaron de las primeras propuestas para hacer el Tec”, expone César Alejandro Salinas. Posteriormente, estos personajes ligados a la comunidad empresarial regiomontana formaron parte del grupo de hombres de negocios que aportaría el capital inicial, 24,000 pesos, para la creación y el desarrollo de la institución educativa.

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Proyecto modelo en Latinoamérica

Eugenio Garza Sada siempre se dijo afortunado por haber estudiado en el MIT. En parte, porque en ese tiempo no había ninguna universidad de esas características en México. Por esto, hasta su fallecimiento, en 1973, mantuvo una estrecha conexión con su escuela. “Siempre formó parte de la asociación de ex alumnos del MIT, en México. También estaba muy pendiente de los muchachos mexicanos que estaban estudiando allá, y a algunos de ellos les hablaba y les decía: ‘sé que te estás graduando. ¿No te interesaría trabajar en el Tec o en alguna de mis empresas?’ Los buscaba para reclutarlos”, cuenta la doctora Recio Cavazos.

Eugenio Garza Sada, reconoce César Alejandro Salinas, es de los pocos egresados del MIT que han fundado universidades basados en el modelo que asimilaron como estudiantes. “Creo que para el MIT el máximo logro no sólo es preparar profesionistas, sino también impulsar que algunos de ellos creen otras universidades. La semilla del MIT en América Latina es el Tec de Monterrey”.

Entre otros motivos, la creación del Tec de Monterrey surgió como reacción al modelo socialista de educación que el general Lázaro Cárdenas del Río impulsaba como presidente de la República. Los empresarios regiomontanos no estaban de acuerdo con las premisas de “lucha de clases” y “emancipación del proletariado” que el Estado imprimía en el modelo educativo oficial.

El sentido diferente al imperante en aquella época se plasma en el documento fundacional del Tec: “El Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey debe su nombre a que en él se enseñan diversas ciencias y artes, necesarias para la lucha material por la vida. Cuenta, de momento, con varias ramas de ingeniería y de estudios contables. Las palabras ‘y de Estudios Superiores’ expresan la importancia que el Instituto otorga al cultivo de las Humanidades y a los estudios de alta especialización post graduados”.

Futuro prometedor

Centro Eugenio Garza Sada.

En 2014 comenzó a escribirse un nuevo capítulo en esta historia. Ocurrió cuando José Antonio Fernández Carbajal y Rafael Reif, presidente del MIT, pactaron la creación del Fondo MIT México-Tecnológico de Monterrey, con el cual se ha impulsado la cooperación académica entre ambas instituciones. “En el MIT, nuestra misión de brindar conocimiento para influir en los grandes desafíos del mundo para el beneficio de la humanidad, nos inspira a construir relaciones con personas e instituciones de todo el mundo que comparten nuestra visión y valores”, mencionó Reif en aquella ocasión, durante la firma del convenio, en el campus del MIT, de Massachusetts, Estados Unidos.

La cooperación ha impulsado, sobre todo,  investigaciones en áreas de nanotecnología. Jesús A. del Álamo, director de Laboratorios de Tecnología en Microsistemas, en el MIT, se ha encargado de coordinarlas y de involucrar en ellas a talento tanto de Boston como de Monterrey. “El Tec tiene estudiantes fantásticos: muy motivados, muy bien preparados y muy inteligentes. Estamos encantados de recibirlos en estancias de investigación en el MIT. Sabemos que aprovecharán esta oportunidad”, señala.

El MIT ya ha recibido a 48 estudiantes y 24 profesores del Tec de Monterrey, en talleres de nanotecnología, de una semana de duración. “También hemos acogido a cuatro profesores, siete investigadores de posdoctorado, tres estudiantes de posgrado y dos estudiantes de pregrado, en prácticas de investigación, de entre tres y 15 meses de duración, en laboratorios del MIT”, detalla el académico.

De los integrantes del Tec reclutados por el MIT, Del Álamo recuerda al doctor Mario Moisés Álvarez, ingeniero bioquímico, quien formó parte de la “primera cosecha de investigadores visitantes y obtuvo excelentes resultados reflejados en publicaciones científicas muy influyentes”. Por esto, y luego de su regreso al Tec, fue galardonado con el Premio a la Investigación e Innovación Rómulo Garza 2016, en México.

“Nuestra esperanza es que este programa creará vínculos entre muchos grupos de investigación del Tec y el MIT que luego colaborarán en iniciativas educativas y de investigación en áreas de interés común. Empezamos con la nanotecnología pero, en pocos años, el programa podría extenderse a otras áreas de trabajo”, finaliza Jesús A. del Álamo.

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