Por Macario Schettino

En 2018 tendremos la elección más grande de nuestra historia. Además de los puestos federales (presidente, senadores y diputados), ocho elecciones de gobernador y la del jefe de Gobierno de CDMX, así como miles de diputaciones locales y presidencias municipales. Afortunadamente, el impacto del año electoral en las cuentas públicas es mucho menor, ahora que vivimos en democracia (con las deficiencias que se quiera). Además, el margen de maniobra en ellas es sumamente reducido, debido a la escasa recaudación que, aunque ha mejorado desde la reforma fiscal de 2013, sigue siendo una de las más bajas del mundo.

A pesar de ello, la economía mexicana parece estar en condiciones muy razonables. No para alcanzar crecimientos muy elevados, pero sí para mantener el piso de 2 a 2.5 % que hemos tenido desde hace tiempo. En los últimos años, el consumo logró sostener este ritmo a pesar de una menor dinámica en las exportaciones no petroleras, y una caída muy seria en la industria petrolera y la de la construcción. Ahora, aunque estas dos industrias no se reponen, hay una leve mejoría en las exportaciones que compensará la reducción en el ritmo de crecimiento del consumo, resultado de la mayor inflación vivida en este 2017.

A pesar de las emergencias producidas por huracanes y terremotos, vividas recientemente, no hay señales de que tengamos problemas económicos relevantes en este año. Más bien, continúa el avance de las reformas estructurales, especialmente la financiera, la de telecomunicaciones y la energética, que acumulan importancia. Si la elección de 2018 no implica un cambio abrupto de ruta, a partir de 2019 el ritmo de crecimiento de la economía mexicana será notoriamente mayor.

Los obstáculos para romper con la trampa de ingreso medio en que hemos estado por décadas parecen ya nada más ser tres: Estado de Derecho, finanzas públicas, y liderazgo. Como todos sabemos, las leyes en México no se cumplen, y no hay castigo por ello. La impunidad es lo que está detrás tanto de la corrupción como de la inseguridad, que son hoy las dos grandes quejas de los mexicanos. Y son también trabas a la inversión productiva, nacional y extranjera. En cuanto a las finanzas públicas, ya decíamos que tenemos una de las recaudaciones más bajas del mundo, y eso hace imposible que el gobierno cumpla con todo lo que le hemos encomendado. Eso tendrá que resolverse pronto.

Pero el tema más importante en cuanto a las limitantes que tenemos es la escasez de mexicanos calificados al más alto nivel. Producimos muy pocos jóvenes en nivel de excelencia, según la prueba PISA, por lo que la gran mayoría de los que entran a educación superior lo hacen en niveles insuficientes o apenas aceptables, según la prueba Planea. La consecuencia es que nos faltan investigadores, maestros, directivos, políticos, capaces de convertir a México en primer mundo. Urge atender eso.

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