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Valga un dato revelador: en 2016, la palabra más usada en redes sociales fue “populismo”. Este fenómeno tiene diversas explicaciones pero, desde luego, está vinculado con la victoria del Brexit en la Gran Bretaña, el 23 de junio, y al triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el 8 de noviembre. Se afirma que esos resultados favorables a la ultraderecha fueron producto de campañas populistas.

En el caso del Brexit, estaba en juego la permanencia o no de la Gran Bretaña en la Unión Europea. El partido que encabezó el “no” fue el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP). Una organización diferente a los partidos tradicionales: de un lado, el Partido Conservador; de otro, el Partido Laborista. La propuesta del UKIP fue muy simple: vinculó la permanencia en la Unión Europea con el problema migratorio. Se le unieron grupos sociales de desempleados que han sido afectados por las políticas monetaristas. Empero, su desgracia económica no se la achacaron al neoliberalismo thatcheriano, sino a los inmigrantes. Con ese recelo fueron a votar a las urnas.

Una estrategia parecida fue la que utilizó Donald Trump. Su campaña estuvo plagada de ataques contra los inmigrantes, sobre todo los mexicanos. El magnate, demagógicamente, enlazó la migración con el desempleo que sufren “los verdaderos americanos”, es decir, los de origen caucásico (nativismo), y la violencia. El slogan “Make America Great Again” significa, para él, expulsar a una mayor cantidad de migrantes indocumentados, levantar el muro fronterizo y revisar el Tratado de Libre Comercio. Centrado en esas premisas más el ataque al sistema de salud construido por el presidente Barack Obama (Obamacare) las cosas le funcionaron para su causa racista y xenófoba.

El populismo se basa en la exaltación de los miedos y odios de las personas, no de la razón. Tiene, en consecuencia, una idea conflictiva de la política. Ésta sirve para destruir, no para construir. Se distingue por la existencia de un líder carismático identificado con las masas movilizadas. Sobre todo, es lo opuesto de la democracia.

El populismo se basa en la exaltación de los miedos y odios de las personas, no de la razón

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