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Este 13 de abril se celebra en todo el mundo el Día Internacional del Beso, una acción relacionada con el amor, el afecto y la sexualidad.

Así, besar es todo un arte pero, también, tiene su ciencia. Se trata de la filematología, disciplina que se encarga de investigar todo sobre los besos: su origen, su evolución a lo largo de la historia y las reacciones físicas o mentales que provoca, por mencionar algunos ejemplos.

Gracias a su estudio, investigadores neurocientíficos han comprobado que esta actividad nos ayuda a escoger a la pareja más adecuada para cada uno de nosotros. ¿Cómo? Aquí te lo contamos.

El primer beso entre dos personas puede ser decisivo en su relación. Ya sea que provoque mariposas en el estómago o que se sienta como un balde de agua fría; depende de si este resulta satisfactorio o no el que la pareja siga adelante. Pero esto no solo depende de qué tan buena es una persona para besar, sino que tiene que ver con la química.

De acuerdo con un experto de la Universidad de Albany, ubicada en el estado de Nueva York, cuando dos personas se besan intercambian información química por medio del olor y el gusto, lo que activa funciones “muy básicas y animales” en el cerebro de ambos que les indican si la pareja califica como “adecuada” en términos de reproducción.

Esta fue la conclusión a la que llegó Gordon Gallup tras revisar recientes estudios científicos al respecto.

Por su parte Helen Fisher, profesora de antropología en la Universidad Rutgers de Nueva Jersey, coincidió y recordó que los besos están presentes en más del 90% de las sociedades humanas, mientras que en el mundo animal “los chimpancés y los bonobos se besan, los zorros se lamen sus hocicos entre sí, las aves se picotean y los elefantes ponen sus trompas en las bocas de otros”.

Intercambio de hormonas

Durante esta actividad, la saliva masculina está llena de testosterona.

¿Te has dado cuenta que los hombres prefieren los besos húmedos? Esto puede deberse a que inconscientemente intentan transferir esta hormona a su pareja para provocar apetito sexual, según Fisher.

Además, este tipo de intercambio puede ayudarles a “medir los niveles de estrógenos en la otra persona para que su cuerpo se haga una idea de su grado de fertilidad”, agregó.

En el caso de las mujeres, los besos sirven para detectar el estado del sistema inmune de su pareja con el objetivo de conocer qué tanto se cuida y cómo protegería a sus hijos.

Es así que, cuando el cerebro considera a la otra persona “no idónea”, provoca que perdamos el interés en ella.

Helen Fisher dijo que existen tres sistemas cerebrales diferentes que evolucionaron en el homo sapiens para permitir la reproducción.

El primero es el deseo sexual alimentado por la testosterona; el segundo regula el “amor” al estar vinculado con la actividad de la dopamina; el tercero controla el apego y tiene que ver con los niveles de oxitocina.

La antropóloga asegura que los besos estimulan todos los anteriores.

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