Por Rodrigo Pérez Ortega

Es como si el mundo se fuera a acabar. Piensas en esa persona una y otra vez. No quieres hacer nada, el equilibrio en tu vida está ausente y el cuerpo duele. Así es como muchas personas describen el desamor.

El amor es un sentimiento complejo que nos llena de alegrías, euforia y tranquilidad. Sin embargo, cuando dejamos de percibirlo, nuestro estado de ánimo se desploma y sentimos un malestar general… es el desamor. ¿Por qué es que se siente tan mal, tanto física como mentalmente? Para entenderlo, es necesario saber lo que sucede en el cerebro durante el amor.

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En 2005, Lucy Brown, del Albert Einstein College of Medicine, en Nueva York, y un grupo de investigadores hallaron que el área ventral tegmental (AVT) se activaba en individuos a quienes se les mostró una foto de una persona querida. La activación del AVT y el núcleo caudado son claves para experimentar la motivación, ya que forman parte del “circuito de recompensa”. Al activarse, el AVT libera dopamina –un neurotransmisor relacionado con la excitación, la motivación y el deseo– en varias partes del cerebro; también responde a sustancias estimulantes, como la cocaína, por lo que a partir de este estudio se propuso reconsiderar al enamoramiento similar a una adicción.

Durante las primeras etapas del enamoramiento, se producen niveles elevados de dopamina, parecidos a los de una droga estimulante, por lo que el cerebro se adapta a este cambio, “acostumbrándose” a estos nuevos niveles. Así, ante una falta de dopamina elevada el sistema no funciona bien y emergen los síntomas del desamor, que incluyen depresión, anhedonia, ansiedad y obsesión.

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En 2010, Brown y sus colegas descubrieron que luego de un rompimiento amoroso se activaban el AVT y el núcleo caudado, pero también la corteza prefrontal y orbitofrontal, que se involucran en la regulación de las emociones, la adicción y la ansiedad. De igual manera, encontraron una activación de la ínsula y la corteza cingulada anterior, que están relacionadas con el dolor físico.

Éste y otros estudios han establecido que algunas áreas cerebrales que se activan durante el dolor físico también lo hacen durante un dolor social –el provocado por la relación entre las personas–, lo que resulta en un malestar corporal. Ésta podría ser la razón por la que sentimos un dolor en el pecho cuando somos rechazados románticamente.

Con estas evidencias se podría decir que el amor es una droga endógena, y el desamor, un tipo de abstinencia, pero los rompimientos (casi) siempre se pueden superar sin problemas aunque cueste un poco.

(Nota del editor: Este contenido se publicó en la edición No. 9 enero/febrero de 2017 de la revista Tec Review)

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