PABLO AYALA VOCES

En uno de sus últimos textos, la filósofa española Adela Cortina señala que la percepción de que la ética es un saber ineficaz, en buena medida, tiene que ver con la enorme brecha que hay entre nuestros ideales éticos y las acciones que realizamos. Si lo pensamos con detenimiento, son muchos los efectos de tal fenómeno frente al reto de convivir con los demás de manera armónica, pacífica y justa. Me explico.

Piensa en una sociedad donde sólo el 3 % de la población actúa siguiendo pautas y normas de carácter ético. Ahora piensa en la disposición de ese 3 % para seguir actuando éticamente, si no puede conocer la efectividad de su actuar. Teniendo en consideración ambos casos, ¿hay alguna forma de dar un voto de confianza a la eficacia del saber ético?

Por razones de espacio únicamente me concentraré en tres mecanismos que demuestran la aplicabilidad y eficacia de la reflexión ética: “la calculadora de impacto ambiental”, “la calculadora de esclavismo” y el “índice de felicidad mundial”.

La calculadora de impacto ambiental (footprint.wwf.org.uk) es un cuestionario que sirve para medir la marca de nuestra huella ecológica. Con diez preguntas muy sencillas, se puede conocer el daño que cada uno de nosotros le generamos al medio ambiente derivado de lo que comemos, compramos o del medio de transporte que utilizamos.

La calculadora de esclavismo (slaveryfootprint.org) se vale de un cuestionario dinámico para llegar a un resultado inquietante: conocer el número de personas en el mundo que permanecen esclavizadas para que nosotros podamos continuar con nuestro actual ritmo y estilo de vida.

El índice de felicidad mundial (happyplanetindex.org) muestra una serie de indicadores que los países pueden seguir para asegurar que sus ciudadanos tengan una vida larga, feliz y sostenible.

Los tres instrumentos han dado un paso desmitificador de “doble derivada”. Por un lado, logran traducir nuestros ideales morales en acciones concretas, concientizándonos del impacto de éstas en el entorno. Por el otro, las calculadoras e índices han dejado claro que a la ética puede acusársele de reflexiva, pero nunca de ineficaz.

La percepción de que la ética es un saber ineficaz tiene que ver con la brecha que hay entre los ideales éticos y las acciones que realizamos

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