La esperanza de las células madre

Son un universo que los investigadores exploran a profundidad para desarrollar tratamientos médicos. Sin embargo, no falta quien las utiliza como producto milagro sin validez científica.

Ilustraciones: Alex Arizmedi

Por Thelma Gómez Durán

Piensa en este escenario: padeces alguna enfermedad para la cual aún no se ha encontrado cura. Quizá uno de tus primeros impulsos será buscar en la web información sobre tu padecimiento, recomendaciones médicas y, por qué no, algún tratamiento innovador. ¿Te someterías a una terapia que no ha sido avalada por la ciencia, que no ha seguido los protocolos que exige una investigación científica?

En tiempos en los que aumenta el número de personas que padece una enfermedad crónica-degenerativa, en los que la diabetes y el cáncer son el dolor de cabeza para muchos, es cada vez más común encontrar supuestos centros médicos, hospitales y clínicas que utilizan las promesas de la ciencia para venderlas como si fueran una realidad. Y no son pocos los que lo hacen.

En un buscador de internet escribe “terapia con células madre”, y verás decenas de anuncios que ofrecen tratamientos para diabetes, insuficiencia renal, afecciones cardiacas, esclerosis múltiple y otras enfermedades. También se asegura que estas terapias pueden “regenerar órganos dañados” e, incluso, rejuvenecer.

Lo que no informan estos anuncios ni los centros, hospitales o clínicas que los ofrecen es que esas terapias con células madre no han sido aprobadas para comercializarse, porque no hay evidencia científica suficiente para asegurar que estos tratamientos son eficaces.

Las células madre son una gran esperanza para revolucionar la medicina. Eso lo saben los científicos que, desde hace décadas, las estudian y buscan desarrollar tratamientos médicos. Pero, para ser una realidad, requieren de investigación, inversión, un marco regulatorio y, sobre todo, lineamientos éticos.

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Ilustración: Alex Arizmedi

 

Los seres vivos somos, en esencia, células. Un humano adulto, por ejemplo, tiene poco más de 200 tipos diferentes. Cada una de ellas es una microscópica maquinaria que debe cumplir con una función específica. Justo en este preciso momento muchas de tus células trabajan para reparar tus glóbulos rojos, para mantener tu piel sana, para que tu intestino trabaje en forma adecuada o para reparar alguno de tus órganos.

Por las células vivimos y cuando ellas mueren, funcionan mal o presentan cambios en la forma en que se multiplican, nos enfermamos.

¿Cómo es que llegan a especializarse entre ellas? ¿Cómo es que nuestro organismo reemplaza las células que mueren o se dañan? ¿Por qué hay organismos en los que no funciona en forma adecuada este reemplazo celular?

Desde principios del siglo XX, los investigadores sospechaban que existían células que tenían la capacidad de especializarse para realizar una labor en particular. Fue en 1961 cuando se tuvo la evidencia de que existían las células “madres” o “troncales”. Los científicos James Till y Ernest McCulloch, del Instituto de Investigación de Cáncer, de Ontario, Canadá, demostraron que en el cuerpo existían células capaces de especializarse y reemplazar a las que sufrían daños o cumplían con su ciclo.

En 1998, James Thomson dio un nuevo impulso a esta revolución científica al lograr obtener, en laboratorio, células troncales embrionarias humanas.

En las últimas dos décadas, los científicos han descubierto que casi todos los órganos de nuestro cuerpo se encuentran dotados con “un paquete” de células troncales.

Durante mucho tiempo se pensó que las células troncales de cierto tejido sólo podían especializarse en las funciones del órgano en el que se alojaban. A partir del año 2000, varios investigadores comprobaron que estas células son capaces de especializarse en un tejido totalmente diferente. Por ejemplo, una célula troncal de la médula ósea puede “transformarse” en una neurona. A esta capacidad la han bautizado como “plasticidad”.

Cuando se comprobó el potencial de estas células, los investigadores comenzaron a buscar tratamientos que permitieran utilizarlas para regenerar corazones dañados por un infarto; cerebros que sufren a causa de padecimientos como esclerosis, Alzheimer o Parkinson, así como huesos, pulmones, riñones o hígados afectados por enfermedades.

Es justo por todas estas investigaciones que las células troncales son una de las grandes apuestas de la ciencia y la medicina regenerativa. Pero eso son aún: una apuesta. Hasta ahora ningún grupo de investigación ha logrado desarrollar un tratamiento que haya recorrido todo el camino de ensayos clínicos para comprobar su eficacia y demostrar que pueden curar estas enfermedades.

Retos celulares

En México, la investigación en células troncales comenzó a mediados de la década de los 90. En la actualidad es posible encontrar en el país alrededor de 20 grupos científicos concentrados en esta área. Estos equipos trabajan, principalmente, en instituciones como la UNAM, el Cinvestav, el Centro Médico Nacional Siglo XXI, el Instituto Nacional de Perinatología, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, la Universidad Autónoma de Nuevo León y el Tecnológico de Monterrey.

En el Tecnológico de Monterrey se desarrollan varios proyectos en ciencia básica y aplicada con células madre. En buena parte de ellos, la protagonista es la CD133+, célula madre que se obtiene de la sangre y que en laboratorio se ha logrado diferenciar en neurona.

Se eligió esta célula porque se ha encontrado que tiene “mínimo riesgo a convertirse en célula cancerosa. Ése es uno de los riesgos de las células madre: pueden producir cáncer. Nosotros buscamos desarrollar una tecnología que permita obtener células madre que tengan la capacidad regeneradora, pero que al mismo tiempo presenten un riesgo mínimo para los pacientes”, explica el doctor Jorge Eugenio Moreno Cuevas, líder del grupo de enfoque de Terapia Celular y Medicina Regenerativa de la Escuela de Medicina del Tecnológico de Monterrey, en donde también se trabaja en diferenciar células madre del tejido graso para producir insulina.

Moreno Cuevas explica que entre los grandes retos de la terapia celular está recuperar células madre del paciente, aislarlas y purificarlas en el laboratorio, además de reproducirlas en número suficiente y seguro para poderlas aplicar en el órgano dañado.

“Los protocolos actuales para recuperar y purificar las células madre son tardados, ineficientes y difíciles de masificar”, dice el doctor Marco Rito Palomares, miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y líder del grupo de Bioprocesos y Biología Sintética del Tecnológico de Monterrey.

Su grupo trabaja, desde hace algunos años, en desarrollar un proceso eficiente de recuperación y purificación de células madre, lo cual ha sido “un reto muchísimo más grande de lo que pensábamos que podía ser, porque además de recuperar y purificar las células madre se debe cuidar el mantener el mayor número de células vivas, no dañarlas y tenerlas viables para utilizarlas en un tratamiento”.

Además, el equipo del doctor Rito Palomares –quien recibió el premio a la investigación Rómulo Garza 2015– busca disminuir los costos de estos procesos. “Los reactivos e insumos que se utilizan son muy costosos, por lo que no son tecnologías accesibles para muchos”.

Otro reto es incrementar, en el laboratorio, el número de células madre en el menor tiempo posible.

“Es vital que se siga investigando en este campo, sobre todo en la recuperación y purificación de las células, porque si no desarrollamos procesos adecuados en esta etapa, será muy difícil que se obtengan los resultados esperados en la aplicación médica”, comenta la doctora Mirna González, miembro del grupo de Bioprocesos y Biología Sintética.

En el Tecnológico de Monterrey también se realizan estudios clínicos que buscan desarrollar terapias para tratar enfermedades como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), enfermedad neurodegenerativa que avanza muy rápido, por lo que las personas afectadas mueren entre los dos y cinco años después de que se presentan los primeros síntomas.

Por ejemplo, en el Hospital Zambrano Hellion ya se realizaron trasplantes de células madre –tomadas de la sangre del mismo paciente y colocadas en la región frontal del cerebro– a 72 personas diagnosticados con ELA, comparte el doctor Héctor Martínez, del Instituto de Neurología y Neurocirugía del hospital.

A estos pacientes se les dio un seguimiento de dos años; durante ese tiempo, el doctor Héctor Martínez asegura que se verificó que el trasplante no provocó efectos adversos en los pacientes. Además, se observó una recuperación del tracto piramidal y de la vía motora.

“No hemos curado la enfermedad, pero hemos logrado prolongar la sobrevida de los pacientes que fueron trasplantados; algunos de ellos ya están superando los 60 meses de sobrevida, cuando el promedio en el mundo es de 29.4 meses, y sólo de 5 a 10 % de pacientes vive más de cinco años”, comparte el doctor Martínez.

Por ahora, este trasplante de células madre no está aprobado para utilizarse como un tratamiento contra el ELA. “Tenemos muy claro que necesitamos investigar más; hacer más estudios. Llevamos diez años trabajando en este proyecto y aún no podemos decir que la CD133+ o cualquier otra célula puede curar el ELA”, señala el doctor Martínez.

La ciencia –recuerda Rito Palomares– puede lograr cosas maravillosas y cambiar la calidad de vida de la sociedad, pero se debe tener cuidado en no exagerar. Aunque los beneficios que pueden traer las células madre son muchos, hay que ser cuidadosos.

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Ilustración: Alex Arizmedi

La realidad de una ciencia

Hoy, la investigación en células troncales tiene más preguntas que certezas. Se ha avanzado en su conocimiento, pero su aplicación aún es muy reducida.

Donde se ha avanzado más es con las células troncales hematopoyéticas, aquellas que están en la sangre. Hoy se realizan trasplantes de estas células para tratar algunos tipos de leucemia o síndromes de falla medular que hasta hace un tiempo eran incurables.

Una muestra de la incertidumbre que aún prevalece en este campo es que no se sabe con certeza cuántos tipos de células madre tiene nuestro organismo. “Se conocen alrededor de 30 tipos, pero conforme pasa el tiempo se siguen descubriendo nuevas”, indica el doctor Héctor Mayani, científico en la Unidad de Investigación Médica en Enfermedades Oncológicas del Centro Médico Nacional Siglo XXI, del IMSS.

“Antes de pensar en la aplicación de células troncales, primero debemos aprender a manipularlas con seguridad, lo cual representa una tarea formidable y nada fácil”, escribió el doctor Héctor Mayani Viveros, jefe del Departamento de Investigación en Oncología del Centro Médico Nacional Siglo XXI, en el libro Células troncales y medicina regenerativa. Todos los estudios que se realicen con estas células, asegura, tienen que hacerse bajo dos premisas: un sustento científico y respetando las normas bioéticas.

Los científicos que trabajan en este ámbito son sumamente cautelosos. Todos ellos coinciden en que todavía falta mucha investigación para que puedan hacerse realidad las promesas de la medicina regenerativa.

Todos miran con preocupación la creciente existencia de clínicas y empresas que anuncian la comercialización de terapias con células madre; sobre todo reprueban que se asegure que estos productos tienen la capacidad de curar diversas enfermedades.

“Hay médicos, y otros que no lo son, que se han dedicado a explotar el boom de las células madre en forma inadecuada; engañan a la gente diciendo que esto puede curar diabetes, hipertensión, incluso autismo. Y eso, además de no ser cierto, demerita la investigación que se está haciendo con células madre”, resalta Héctor Martínez, del Zambrano Hellion.

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Ilustración: Alex Arizmedi

Ciencia vs marketing

En diciembre pasado, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) clausuró el Centro Biotecnológico de Terapias Avanzadas, SA de CV, donde se ofrecían terapias con células madre, pero no contaban con protocolos de investigación médico-científica que avalaran la efectividad del tratamiento. Éste es uno de los centros y empresas que ofrecen terapias con células madre en México; varios de ellos están en Cancún, Ciudad de México y Tijuana.

En un estudio sobre este tema, la doctora María de Jesús Medina-Arellano, especialista en bioética y jurisprudencia médica del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, encontró que en el país existen, por lo menos, 27 “proveedores de terapias con células madre”.

El incremento de clínicas que ofrecen estos tratamientos prendió las luces de alerta entre la comunidad científica desde 2008. Ese año, científicos de 13 países, miembros de la Sociedad Internacional de Investigación en Células Troncales (ISSCR, por sus siglas en inglés), elaboraron la guía para el uso clínico de estas células y un manual del paciente.

En estos documentos alertan sobre el marketing de prácticas de células madre, sin evidencia científica: “Numerosas clínicas en el mundo están explotando las esperanzas de los pacientes, ofreciendo novedosas terapias con células madre para tratar pacientes, generalmente por grandes sumas de dinero y sin una razonable credibilidad científica, efectividad terapéutica, transparencia y seriedad profesional de aquellas personas involucradas en dichas actividades”.

Los miembros de la ISSCR alertan que las terapias con células madre son prácticamente nuevas y experimentales, “por lo que puede que no funcionen, y podrían incluso mostrar efectos negativos”.

En 2010, investigadores de Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Australia y Brasil publicaron el artículo “Turismo médico de células madre: tiempo para actuar”, donde calcularon que durante ese año 1.6 millones de estadounidenses viajaron a otros países para buscar algún tratamiento con células madre.

“Se lucra con el potencial hipotético y estado experimental que guarda la ciencia en células troncales”, escribió Medina-Arellano en su artículo “Turismo médico asociado a las intervenciones con células troncales en México”.

Por su parte, Héctor Mayani señala que los pacientes tienen derecho a saber cuáles son los alcances reales de las células troncales: “no merecen que se aprovechen de su desesperación por encontrar una cura para su enfermedad. Y hoy hay mucha gente que se está aprovechando de esto”.

El vacío legal que hay en México, así como la desinformación de la población, propicia, en parte, la proliferación de clínicas y empresas que lucran con las promesas de esta área. “No se debe prohibir, sino regular para evitar lo que hoy sucede en México, que se ofrecen tratamientos que no han sido probados dentro de ensayos clínicos”, menciona Medina-Arellano. La falta de regulación puede poner en peligro la seguridad de los pacientes, así como el progreso en la ciencia de las células troncales, acota.

Éste es uno de los retos que tiene la investigación en células troncales en México: contar con una legislación que permita el avance científico, que impida malas prácticas y proteja al paciente. Otro, coinciden los científicos, es contar con presupuesto suficiente para las investigaciones, las cuales son necesarias, sobre todo si se busca que México entre en el camino que definirá la medicina regenerativa del futuro. Una medicina en donde las células madre serán las grandes protagonistas.

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