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Paradójicamente, opuesto a la esencia de la época navideña, muchas personas están tristes, melancólicas o deprimidas en esta temporada. Puede ser por varios motivos: biológicos y de índole social.

Biológicamente, existe una enfermedad llamada Trastorno Afectivo Estacional (SAD, por sus siglas en inglés). Consiste en una depresión asociada a la temporada invernal debida, en buena medida, a la falta de luz solar en muchos lugares del mundo. Hay personas susceptibles a estos ambientes que sufren este tipo de episodios depresivos. Afortunadamente, este mal tiene tratamiento médico.

Socialmente, al menos en Occidente, hemos aprendido que la Navidad es una época familiar de alegría, gozo, celebración, regalos y compañía de seres queridos; pero ésa no es la realidad para muchas personas que sufren de duelos, carencias, soledad o problemas económicos. Hay expectativas fuera de la realidad y tiempo para reflexionar sobre uno mismo.

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El énfasis comercial en regalos materiales puede enfadar a quienes desean una temporada más espiritual y/o familiar, o ser motivo de envidia para quienes no tienen lo que desean. Además, tener que convivir –por las fiestas– con personas que en otras circunstancias no habrían frecuentado, puede ser una molestia grande para muchos. También hay quienes sufren de soledad acentuada (pérdida de seres queridos, cuestiones de trabajo, son solitarios o no pueden acercarse a las personas con quienes les gustaría convivir). Estos son factores sociales y de personalidad que entristecen o enfadan a muchos que, de otro modo, si esos días no tuviesen ese “significado”, no lo pasarían tan mal.

En la psicopatología hay dos patrones. Por una parte, empeoramiento del estado de ánimo en muchas personas y aumento en el número de accidentes fatales debido al consumo de alcohol. Por otra, disminuye el número de emergencias e internamientos psiquiátricos (los enfermos se agudizan menos), menor frecuencia de autolesiones (cortarse) y menos intentos de suicidio o suicidios consumados. Es decir, en Navidad no hay un incremento de padecimientos psiquiátricos, aunque sí en el estado de ánimo depresivo.

Conviene, pues, ajustar expectativas y moderar el consumo de alcohol en estas épocas. Y apoyar a quien lo necesite.

Hay quienes sufren de soledad acentuada (pérdida de seres queridos, cuestiones de trabajo, son solitarios o no pueden acercarse a las personas)

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