Berlín, Alemania (AFP) El arreglo de los coches trucados de Volkswagen para adecuarlos a las normas legales durará meses, dijo el nuevo presidente del gigante automovilístico alemán quien achacó el fraude a un puñado de responsables técnicos.

Matthias Müller, que asumió el cargo hace diez días para enfrentar la crisis, hizo esas declaraciones en su primera entrevista cuando vencía el plazo que las autoridades alemanas dieron a Volkswagen (VW) para presentar su plan de reparación de los coches trucados.

“Si todo transcurre como está previsto, podremos empezar las reparaciones en enero, y a fines de 2016 todo debería estar en orden”, dijo Müller al diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ).

Según Müller, la mayoría de los vehículos sólo necesitan una reprogramación informática, pero algunos tendrán que ser sometidos a importantes intervenciones, como el cambio de los inyectores o de los catalizadores.

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“Obviamente”, todo ello será “gratuito para los clientes”, dijo Müller.

A esos gastos, evaluados en miles de millones de euros, se sumarán los de las multas que Volkswagen deberá pagar en diferentes países, los daños y perjuicios reclamados por los clientes, al igual que por accionistas ofuscados por el derrumbe de los valores de la firma en la Bolsa de Fráncfort.

Los costos totales del escándalo aún son difíciles de evaluar, aunque algunos analistas lo estiman entre 25,000 millones y 50,000 millones de euros (hasta 930,000 millones de pesos). Müller ya anunció a los empleados de la firma en su sede de Wolfsburgo, al norte de Alemania, que habrá que apretarse el cinturón.

Los primeros sacrificios vendrán por el lado del plan de inversiones de 86,000 millones de euros que la compañía había elaborado para los próximos cinco años. “Estamos revisando todos nuestros planes de inversiones una vez más. Todo lo que no sea absolutamente necesario en lo inmediato será descartado o pospuesto”, dijo Müller.

VW debe aún deslindar la responsabilidad del escándalo.

“Por lo que sé, solamente algunos empleados estuvieron implicados” en el fraude de los motores diésel, dijo Müller. Se trata de “algunos programadores” y “cuatro personas, incluyendo tres directores de desarrollo de motores en diferentes épocas, fueron suspendidas”, en tanto que otros sospechosos “ya se han jubilado”.

El software fraudulento se creó en 2008, cuando pareció imposible conciliar los imperativos de costos y las exigencias mediombientales para proponer un “diésel limpio” en Estados Unidos.

VW reconoció haber instalado en once millones de vehículos diésel de muchas de sus doce marcas un programa informático que falseaba los datos de emisiones contaminantes, a fin de superar los controles técnicos.