Las ratas tienen cosquillas y les encantan

Durante este experimento, los roedores saltaron de alegría y rieron sin parar.

Las ratas tienen cosquillas y les encantan
Shimpei Ishiyama/Michael Brecht

Si piensas que sólo el ser humano es capaz de sentir cosquillas, puedes estar en un error. Una investigación alemana publicada este 10 de noviembre en la revista especializada Science demostró las ratas también experimentan esta sensación normalmente acompañada de risa involuntaria. Y no sólo eso, sino que además les encanta.

Pero estamos seguros de que nunca has escuchado a uno de estos animales reír. Esto se debe a que las ratas emiten una risa ultrasónica inaudible para el oído humano. Entonces, ¿cómo pudieron los expertos alemanes comprobar que estos roedores disfrutan de recibir cosquillas?

Primero debes saber que esta sensación, que puede ser tanto agradable como desagradable para quien la experimenta, tiene base en una serie de reacciones nerviosas que provienen de los niveles muscular y cutáneo.

Cuando esta respuesta se da, se liberan en el cerebro grandes cantidades de endorfinas a consecuencia de la activación de varios grupos de neuronas. Estas hormonas son generalmente asociadas con estados de ánimo positivos, lo que puede explicar por qué nos gustan las cosquillas.

Shimpei Ishiyama y Michael Brecht, autores de este trabajo, estudiaban este fenómeno, cuando decidieron ubicar las neuronas que participan en él. Los científicos las encontraron en la corteza somatosensorial, lo que apuntó a que esta región del cerebro está relacionada con el humor y no sólo con el tacto, como se pensó hasta entonces.

A partir de ahí, los alemanes continuaron con sus investigaciones sobre el tema, las cuales contemplaron analizar la actividad neuronal de las ratas con el objetivo de obtener mayor información sobre cómo funciona esta zona.

Fue así que se encontraron con roedores dispuestos a recibir cosquillas, los cuales sufrieron saltos ‘de alegría”, así como risas ultrasónicas que fueron detectadas, justamente, en la corteza somatosensorial. Los animales no intentaron escapar e incluso, cuando se dejó de estimularlos, los mismos buscaron la mano que los hizo reír.

Ishiyama y Brecht también comprobaron que las ratas solo disfrutan de las cosquillas cuando están de buen humor, lo mismo que en el caso humano. Esto prueba la afirmación de Charles Darwin sobre que “la mente debe estar en una condición placentera” para poder reírse con las cosquillas.

En ese sentido hemos evolucionado poco en los últimos 200 millones de años.

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