El 26 de enero del 2015 se estrelló un drone en el patio suroriental de la Casa Blanca, lo que activó las alarmas del Servicio Secreto, que de inmediato investigó el incidente.

Horas después fue reportado como un vehículo aéreo no tripulado de uso recreativo exclusivamente, del cual su dueño había perdido el control al ingresar al perímetro de la construcción.

Luego de este incidente, los pedidos de tecnología anti-drones se dispararon por parte de los organismos de policía, protección civil y de defensa en Estados Unidos. De inmediato comenzaron a surgir fotografías y videos de “dronekillers” que, con bazuca en brazo, estaban dispuestos a eliminar cualquier vehículo aéreo que pareciera no tripulado a su alrededor.

Después fueron águilas.

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Hasta que hace una semana dos empresas de investigación lograron ir más allá del prototipo para poder otorgarle a la Liga Naval de Mar, Aire y Espacio (Navy League Sea-Air-Space), la exposición que permite a las compañías privadas mostrar y vender sus avances de ingeniería bélica al ejército estadounidense y a sus organismos de seguridad; dos ejemplares, que pronto también podrán estar en manos de civiles.

DroneDefender es un sistema bloqueador de señales de control, desarrollado por Batelle, una organización de investigación y desarrollo sin fines de lucro, que colocó en este dispositivo dos puntas, una diseñada para bloquear la señal de un control remoto y la otra para interrumpir la señal GPS de los drones.

Es decir, es un arma con dos cañones juntos que puede destruir dos objetivos diferentes.

El alcance de DroneDefender es de 400 metros y es clasificada por sus desarrolladores como un arma de energía que usa las bandas de posicionamiento global industriales, científicas y médicas.

Dronebuster, la segunda tecnología ya en uso de algunos miembros del gobierno federal de los Estados Unidos es un dispositivo más portátil y tiene más la apariencia de un arma de fuego.

El Dronebuster también bloquea la señal de la señal de banda y una de sus ventajas respecto a DroneDefender es su tamaño, cuenta con miras ópticas, cuenta con un detector de radiofrecuencias y un analizador de señal, todas integradas en su “cartucho”.

Ambos dispositivos están a la espera de la aprobación de la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos para poder contar un una versión de uso civil legal para su uso en las calles.

Cortesía Ars Technica.
Cortesía Ars Technica.

 

Con Información de Ars Technica.

 

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