“Los problemas no son monstruos”: Pablo Ferrara

El arquitecto, quien a sus 50 años tiene más del 95% de su cuerpo paralizado, se ha convertido en promotor y ejemplo de perseverancia y lucha.

Foto: Juan Rodrigo Llaguno

Por Carlos Fernández de Lara

No tengo dinero. Es imposible. Mi vida es tan difícil. ¿Por qué las peores cosas me pasan a mí? Son pensamientos que muchas personas llegan a tener al enfrentar problemas o retos difíciles. No es el caso de Pablo Ferrara, arquitecto formado en el Tecnológico de Monterrey y maratonista, quien a sus 50 años tiene más del 95 % de su cuerpo paralizado. Se ha convertido en promotor y ejemplo de perseverancia y lucha. Hoy, ya no corre maratones ni realiza deportes extremos. Habla a través de una computadora conectada a su silla eléctrica que registra su mirada para marcar palabras (así fue como respondió nuestras preguntas). Pese a todo, sigue desempeñándose como arquitecto, es consejero de varias instituciones, escribe y da conferencias. Para él la motivación en la vida obedece a dos actitudes: no ver los problemas como grandes monstruos y tener siempre metas y objetivos claros.

El arquitecto regiomontano Pablo Ferrara no deja de inspirar a jóvenes y adultos. Recientemente se presentó en público como orador huésped de la generación 2016 del Tecnológico de Monterrey, en la que su hija Bárbara Ferrara fue una de las graduadas. Para él las nuevas generaciones deben aprender que la vida está llena de retos a los que tendrán que adaptarse. “Los jóvenes enfrentan un incesante y vertiginoso estado de cambio –dice–. Así que la lucha empieza por entender el nuevo reto que se presenta con cada amanecer. No hacerlo significa correr peligro de no estar caminando en la dirección correcta. Cualquiera que haya manejado un bote, sabe que mantener firme el timón no te lleva en línea recta. Tienes que estar haciendo constantes ajustes para lograrlo”.

—¿Qué es el éxito para Pablo Ferrara?

—Es una sensación de bienestar empapada por la paz del deber cumplido. Tiene que ser multidimensional. La alegría de los logros personales se disipa si no sirven a un bien superior, y ese bien tiene que enaltecer al ser humano. El hombre trasciende a través de lo que logra para los demás, no para sí mismo.

—¿Correr era para ti reflejo de ese éxito? ¿Cómo llegó esa pasión a tu vida?

—En preparatoria me interesé por el trote. Pero fue ya casado, después de años de correr tres veces a la semana sin mejorar mucho mis tiempos, que decidí probar cambiar mi entrenamiento empírico por uno profesional. Para saber si funcionaba, reté al entrenador a que me hiciera bajar mi tiempo récord en competencia de 10 kilómetros, de 52 a menos de 40 minutos. El entrenador me dijo que si seguía sus instrucciones lo lograría en 10 meses. Lo hice al pie de la letra, y en exactamente 10 meses lo logré. Esa experiencia me hizo aprender y me obligó a ponerme más retos en la vida. Durante ese proceso, aprendí a andar en bici de montaña y conocí deportes extremos, que me daban mucho miedo. Pero todos los tomé como retos personales que, al vencer, expandieron mis límites.

Pablo no bromea cuando explica su amor por el deporte. Como atleta, hizo montañismo, treking, espeleología, buceo, remo, esquí , bicicleta de montaña y ruta, y fue un destacado ironman, la prueba más exigente del triatlón que consiste en 3.86 kilómetros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y 42.2 kilómetros de carrera a pie (un maratón).

Sin embargo, en 2010 mientras se preparaba para el triatlón de Santa Lucía, en Monterrey, comenzó a tropezar y acalambrarse durante el entrenamiento. Las causas de esos temblores le cambiaron la vida, cuando tras una serie de diagnósticos el médico le dijo que tenía esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

“Cuando enfrenté la enfermedad, me di cuenta de que el mismo principio de enfrentar los miedos aplicaba. Por eso cuando me decidí a relatar mi lucha contra los retos de la ELA, lo hice entrelazando aventuras deportivas que representan las actitudes necesarias para vencer”, comparte.

—Mucha gente pierde la esperanza frente a padecimientos y pronósticos severos. ¿Cómo fue para ti?

—La esclerosis lateral amiotrófica es progresiva. Sus efectos se manifiestan músculo a músculo, que se debilitan hasta quedar flácidos. Eso impone muchos retos, pero el más grande es el de resistir una batalla que mes a mes te roba algo. Cada vez que te adaptas a una realidad y le encuentras solución, llega una pérdida y tienes que repetir el proceso. Me di cuenta de dos cosas: que mi sufrimiento era mental y podía dejar de sufrir si lo decidía, y que de la velocidad en la que aceptara lo que ya no podía hacer, tendría más tiempo para buscar soluciones y aprovechar lo que sí podía hacer.

—¿Cómo mantienes esa motivación?

—Cuando fuimos a Baltimore, al centro más avanzado para ELA, llevaba como portada de mi expediente una foto con mi familia. Los médicos tenían que tener claro, como yo, por qué íbamos a luchar. Mantener la motivación depende de no ver el problema como un gran monstruo, para no abrumarnos, sino dividirlo en pequeñas batallas de modo que cada victoria nos anime y tener una visión clara de la meta. Para mí, la meta es seguir apoyando y disfrutando a mi familia.

“La lucha empieza por entender el nuevo reto que se presenta con cada amanecer”

Libro: Voluntad de acero

La esclerosis lateral amiotrófica es una enfermedad degenerativa neuromuscular derivada de la muerte y disminución gradual de las células del sistema nervioso conocidas como motoneuronas, lo que provoca parálisis muscular progresiva con un pronóstico mortal. Personalidades como el beisbolista Lou Gehrig y el físico Stephen Hawking han padecido sus efectos. La enfermedad es intratable y no tiene cura. La mayoría de los pacientes no sobrevive más de 30 meses y el 80 % no rebasa cinco años. Pero Pablo Ferrara ha luchado desde hace siete años contra este mal de la misma manera en que se retaba en cada carrera o actividad física que realizaba, un camino que incluso lo llevó a escribir el libro Voluntad de acero.

*Nota del editor. Esta entrevista se publicó en el número 10 de Tec Review de los meses marzo-abril de Tec Review

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