Foto: Andrea López

Seguimos adelante

Estas reflexiones personales son un mensaje desde lo más profundo de mi corazón a las miles de personas que pertenecen o son cercanas a la enorme y entrañable comunidad del Tecnológico de Monterrey. De esa comunidad con la que me quisiera encontrar en lo personal y sin intermediarios.

Qué más quisiera que responder uno por uno al dolor infinito de cinco familias, al profundo duelo de tantas más, y a los sentimientos, temores, preocupaciones y esperanzas de toda nuestra gente. ¿Cómo multiplicarme para agradecer uno por uno y de inmediato el afecto y el respaldo conmovedor de tantos amigos nuevos y de siempre, en México y en el exterior, que nos ofrecen generosos sus condolencias, su afecto, su valentía, sus recursos y sus aulas para resolver nuestras urgencias?

Hay adversidades que llegan sin previo aviso. Que rebasan todo precedente. Es el caso del terremoto del 19 de septiembre. Un sismo que si se combina magnitud y cercanía del epicentro, fue el más intenso en décadas.

Hemos estado informando de nuestras respuestas a la tragedia. Es nuestra la responsabilidad de ayudar a encauzar nuestra vida universitaria por el camino de la solidaridad, de la reconstrucción y de la entereza para encontrar en estos momentos trágicos la fuerza para seguir adelante.   

Me siento inmensamente orgulloso de la comunidad Tec. De los estudiantes, exalumnos, empleados, profesores, consejeros, decanos y directivos que de la mano de una profusión de ayuda externa generosa apoyaron las labores de salvamento; de los que facilitaron el reencuentro entre familiares en los momentos inmediatos al terremoto; de los que colaboran hoy con los peritos y especialistas reconocidos que encabezan la revisión exhaustiva de nuestras instalaciones, de la mano de Transparencia Mexicana; de los que están luchando día a día por dar la mejor respuesta al difícil retorno a la normalidad académica.

Es nuestra, en conjunto, la responsabilidad de continuar la marcha en todo el Tec, una de las redes académicas más grandes y prestigiosas del mundo. Un Tec conformado por el Tecnológico de Monterrey y la Universidad Tecmilenio, en la vastedad de cerca de 150 mil alumnos en 60 campus, presentes en 36 ciudades.

La adversidad pone a prueba nuestro concepto de liderazgo; forma y madura en cuestión de horas a nuestros estudiantes como ningún ejercicio académico. Pone a prueba nuestra capacidad de estar a la altura de la sensibilidad que la desgracia y la inquietud de tantos ameritan.

La situación nos llama a pensar en la esencia del Tec; en cómo potenciar a un Tec aún más sensible, el que se asoma en nuestro programa de Líderes del Mañana; en el papel del Tec en la construcción de un nuevo México; en participar en dilucidar un proyecto de nación más justo; en ayudar a construir más cauces, muchos más, de vida cívica, solidaridad y cooperación; en ayudar a construir dos pilares centrales para México: inclusión y ciudadanía.

Es tarea de todos impulsar y encauzar lo que está haciendo el Tec en comunidades afectadas. Nos contagia el entusiasmo y la entrega de nuestros estudiantes, profesores y personal en distintos ámbitos, sustentando el duelo, dándole un asidero a la tragedia.   

La tragedia nos muestra lo mejor de nuestra nación, lo que podemos lograr y lo que debemos cambiar. Nos muestra las semillas de una nueva normalidad en potencia. La de un México solidario, la de una nueva generación que no se divida en estratos e inequidades, la de una ciudadanía que tome su destino en sus manos.  

Cuando la fuerza del terremoto y la tragedia nos golpean, hay un liderazgo que se convierte en referente. Es el liderazgo de los miles de héroes anónimos. Del caudal de voluntarios que lo dan todo, de muchos de ellos que arriesgan la vida sin esperar el menor reconocimiento.  

Frente al calibre de esas entregas, todo lo que hagamos será insuficiente.  En nuestro ámbito universitario, en mi microcosmos en el Tec, deja uno insatisfechos a muchos padres de familia, estudiantes, maestros y colaboradores que requieren de algo más que una solución a las urgencias académicas. Que merecen un abrazo uno a uno, de palabras sinceras, de una empatía que queremos desplegar plenamente. 

Una empatía ante lo que configura una de las peores tragedias en 74 años de vida del Tec: 40 heridos y la muerte de nuestros cinco estudiantes. De Alex, Edgar, Juan Carlos, Luis y Rubén, cuyas vidas se truncaron trágicamente en este terrible sismo.

La enorme respuesta de dentro y fuera ha sido abrumadora; de aliento, de apoyo, de esperanza. El orgullo, cariño y optimismo que expresa respecto al Tec nos emociona e impulsa. Ese es el espíritu del homenaje que les ofrecemos a nuestros cinco estudiantes.

Una semana después del sismo nació mi primer nieto. Me conmueve de manera indescriptible y me lleva a preguntarme el por qué de estos contrastes dramáticos en la vida. ¿Cómo reconciliar esta enorme dicha con la infinita pena que comparto y me rodea, ese cruel reparto de lo providencial, esa amalgama de la mayor ventura y la mayor desgracia? No tengo explicación, pero trato de responder de la mejor forma que soy capaz: con mi total entrega para dejar mi mejor legado ante lo efímero de la vida.

El Tec es la suma de nuestras entregas y nuestros legados. Como nos recuerda un estudiante, el Tec no es sustantivo, sino verbo. En ese verbo, en esa acción, sumaremos juntos toda la energía, entereza, compromiso, creatividad, sentido humano y transparencia que esta extraordinaria institución representa, para que el Campus Ciudad de México y todo el Tec, que es un sólo Tec, renazca para cumplir nuestro sueño y el de toda nuestra comunidad. Con el puño en alto, los Borregos siguen de pie, adelante.

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