Mexicanos luchan contra el hambre ¡con insectos!
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El consumo de insectos puede ser más habitual de lo que crees. Desde gusanos hasta escorpiones, unas 2,000 millones de personas alrededor del mundo —principalmente habitantes de África y Asia— incluyen a este tipo de animales invertebrados en sus dietas.

Pero más allá de tratarse de un alimento exótico, delicioso para muchos, desagradable para otros, estas especies pueden guardar el ‘secreto’ para terminar con el hambre, uno de los mayores desafíos que enfrenta actualmente la comunidad internacional.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la mayoría de los insectos contienen cantidades similares de proteínas a las de la carne o el pescado. Además, son ricos en ácidos grasos benéficos para la salud. Por si fuera poco, estos animales se encuentran prácticamente en cualquier lugar y en grandes cantidades, es por eso que la propia FAO recomienda su consumo.

Si es así, ¿por qué no vemos alimentos derivados de tales especies en los mercados, tiendas de autoservicio o en la mayoría de los restaurantes?

“Las empresas aún no se deciden a apostar por un esquema de producción de productos como harina de insectos o ingredientes provenientes de los mismos”, dijo a Tec Review Alejandro de la Brena, estudiante de Ingeniería en Biotecnología del Tecnológico de Monterrey, Campus Querétaro.

“Esto se debe a dos situaciones: la primera es que les parece difícil imaginar a la mayoría de la gente comiendo insectos. La segunda tiene que ver con el costo que implica desarrollar nuevas tecnologías que permitan explotar este recurso”, agregó.

A pesar de ello, superar estos dos obstáculos significaría beneficios de alto impacto “principalmente para los sectores más vulnerables de la sociedad”, ya que, de acuerdo con el universitario, “requieren de una superficie terrestre menor que otros animales y mucha menos agua, además de que son más eficientes al convertir lo que consumen en materia comestible para el ser humano”.

Esto hará de su costo uno mucho menor al de los productos que vienen de los pollos, los cerdos o las reses.

Tras investigar y conocer toda esta información, de la Brena Meléndez integró un grupo multidisciplinario de estudiantes que actualmente trabaja para hacer del consumo de alimentos procesados provenientes de los insectos una realidad para todos.

El equipo que comparte con Alejandro Macías, Cristina Clocchiatti, Mariana Cázares y Mariana Valles, espera colocar en el mercado barras, galletas, pastas, pasteles y panes, por ejemplo, hechos con ingredientes de estas especies invertebradas para ofrecer “un contenido proteico más elevado a un costo más bajo”.

Su iniciativa, llamada Granjas de Insectos Comestibles para Transformar Comunidades Ejidales en Querétaro, recibió el premio de segundo lugar en la categoría Transformando Comunidades del certamen Cemex-Tec en su edición 2016, presea que recibieron en septiembre de este año.

“Al principio, se trató de un trabajo para la clase de Proyecto Integrador, en la que el profesor nos pide desarrollar una idea de negocio en la que apliquemos los conocimientos generados durante la carrera”, recordó Alejandro de la Brena. “Más tarde, nos dimos cuenta de que es algo muy interesante y viable, así que decidimos aplicar al premio Cemex-Tec con ayuda de nuestro maestro, Alejandro Olmos”.

“También contactamos a las comunidades ejidales que podrían estar interesadas en iniciar una granja de cultivo de grillo domestico para convertirse en productores asociados a nuestro programa”, detalló. “Nosotros seríamos su cliente, compraríamos su producto para procesarlo y producir una harina rica en proteínas”.

¿Por qué trabajar con comunidades ejidales? “Porque nos permite fomentar su productividad, ya que muchas veces no tienen la oportunidad de iniciar este tipo de negocios”, aclaró el universitario.

Actualmente, esta iniciativa se encuentra en sus primeras etapas y espera pronto arrancar con pruebas piloto. Para ello, se dedica a desarrollar prototipos de granjas replicables y escalables con ayuda de organizaciones dedicadas a la tecnología para sectores como el agroalimentario.

Afortunadamente “el premio Cemex-Tec funge como una especie de ventana que permite dar exposición a este proyecto a nivel Latinoamérica”. “Nos permite darlo a conocer y, al mismo tiempo, respaldarlo, ya que fue avalado por expertos tanto de Cemex como del Tecnológico de Monterrey”, dijo de la Brena Meléndez. “También nos dio la motivación que necesitábamos para seguir trabajando en esta iniciativa”.

 

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