El XX fue el siglo de oro de la industria. Aunque se suele utilizar el término “Revolución industrial” para señalar la irrupción de una nueva forma de producción a finales del siglo XVIII, en realidad es a partir de la Primera Guerra Mundial que conocemos la producción masiva. Todo mundo ha oído hablar del modelo T de Ford, que empezó a producirse en 1908, pero que a partir de 1918 sólo se vendía en un color, para mantener los costos accesibles. Se atribuye a Ford la frase: “los clientes pueden comprar el auto en el color que quieran, siempre y cuando sea negro”.

Aunque el modelo T sea paradigmático, no es único. Durante el siglo las empresas produjeron mercancías de un solo tipo, o un puñado de ellos. Eso permitía precios bajos, accesibles, aunque a todo mundo le quedara un poco mal la ropa, el auto, o el refrigerador.

No sólo las mercancías se igualaron y masificaron, lo mismo ocurrió con los servicios. Nadie volaba antes de la Primera Guerra, pero muchos lo hicieron a partir de la Segunda. Para el fin del siglo, cualquiera podía tomar un avión, en un sillón incómodo, pero barato. Aunque ha sido menos notorio, este proceso de masificación ocurre también en las formas de comunicación, que antes de la Primera Guerra dependían esencialmente de la imprenta, pero al término de ésta el eje se movió a los medios masivos, que por algo se llaman así. La radio y el cine sonoro son de esos años, y la televisión aparece poco después del fin de la Segunda Guerra.

Masificar permitió homogeneizar ideas, y por eso acabamos con dos opciones: izquierda y derecha. Otra vez, nadie estaba totalmente satisfecho, pero era aceptable. Hasta que la izquierda implosionó, a inicios de los años 90. Poco después apareció internet: la comunicación directa e interactiva era posible. A inicios del siglo XXI, las redes sociales, donde cada quien puede ver y oír lo que guste. Y junto con este cambio, la producción está bajo el control de los clientes: eso es Uber, o AirBNB, que multiplica las opciones; o Amazon, con millones de opciones, o Google, el infinito de la información.

El mundo del siglo XXI será muy diferente a cualquier época anterior. La escasez conocida por los humanos hasta el siglo XIX ha desaparecido (para más del 90 % de los humanos, eso ya es un hecho). La masificación del siglo XX está quedando atrás. Ahora, cada quien puede decidir. No tenemos idea de cómo administrar esta nueva realidad.

A INICIOS DEL SIGLO XXI, LA PRODUCCIÓN ESTÁ BAJO EL CONTROL DE LOS CLIENTES: ESO ES UBER, O AIRBNB, QUE MULTIPLICA LAS OPCIONES

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