La carrera de México hacia el espacio comenzó sin complicaciones y sin la ayuda de grandes plataformas de lanzamiento.

Dos meses después del lanzamiento del Sputnik I, profesores de la Escuela de Física de la Universidad de San Luis Potosí, lanzaron el primer cohete sonda mexicano, con el fin de conocer las propiedades de la atmósfera: el Física I.

Esta primera misión a kilómetros de la superficie fue independiente, sin embargo, la conquista del espacio por el humano necesitaba de cooperación internacional y México fue incluido en la conformación de la infraestructura y rastreo de los legendarios programas Mercury, Gemini y Apolo.

Entre 1959 y 1960, el programa Mercury de los Estados Unidos estaba en su apogeo, y México instaló una estación rastreadora en Guaymas, Sonora, con el fin de poder captar la señal de sus naves. Dicha estación también sirvió para los programas  Gemini y Apolo.

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Sin embargo, fue hasta 1968 cuando México entró a la era satelital de lleno.

Durante las Olimpiadas de México en 1968 se realizaron las primeras transmisiones de televisión a color vía satélite a todo el mundo, que fueron apreciadas por más de 600 millones de espectadores en todo el mundo, esto fue posible gracias a la operación del ATS-3 propiedad de la NASA y rentado por INTELSAT.

Como apoyo  al trabajo del satélite ATS-3, se utilizó la Estación Terrena de Tulancingo, Guerrero, la más grande del mundo en su tiempo, con dos enormes antenas parabólicas de 32 metros de diámetro, que aún funcionan.

Con información del Conacyt