Ilustración: Diana Peredo

Por: Rodrigo Pérez Ortega*

Investigadores de la Universidad de Texas, en Estados Unidos, descubrieron que el virus de la gripa se propaga más fácilmente en la primavera y los primeros días de invierno, debido a que esta temporada “deja una estela de inmunidad”. Así lo dicen Lauren Ancel Meyers y su equipo, basados en un modelo informático que reproduce la propagación del virus.

Cuando nos enfermamos de gripa, las habilidades cognitivas se ven mermadas, lo que nos impide realizar tareas diarias. En la Universidad de Cardiff, en Reino Unido, comprobaron que este tipo de enfermedades pueden afectar drásticamente nuestro estado de alerta, tiempo de reacción, estado de ánimo y comportamiento social. También, nuestra percepción visual y auditiva se ve afectada, así como nuestra habilidad de sintetizar palabras y destrezas psicomotoras, que incluyen la coordinación y el balance. Y, aunque todavía no es tan claro, la memoria podría verse modificada.

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Cuando el sistema inmunológico se encuentra con un patógeno intruso, produce citocinas, moléculas que ayudan a luchar contra los virus o bacterias que nos infectan. Sin embargo, aunque estos patógenos normalmente no interactúan con nuestro cerebro, las citocinas sí lo hacen –principalmente IL-6, TNF, IL-1 β e IFN-γ–, ya que además de ser claves de la respuesta inmune, le “avisan” al cerebro que el cuerpo está bajo ataque.

Una de las vías por las cuales las citocinas se comunican con el cerebro es el nervio vago, que conecta al cerebro con muchos de los órganos y áreas en donde el sistema inmunológico está activo, como la garganta y los intestinos. Estudios en roedores han comprobado que, si se corta la conexión entre este nervio vago y el cerebro, el individuo no se “siente” enfermo, aunque lo esté. Entonces, ¿por qué nos sentimos tan mal, cuando podríamos evitarlo?

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Los científicos especulan que “sentirnos” enfermos, nos incita a quedarnos inactivos y esto podría ser una cuestión evolutiva: no se propagan las bacterias o virus causantes del mal y, así, no infectamos a otras personas. Además, el cuerpo tiene más recursos y energía para recuperarse.

Aunque se conocen algunos mecanismos por los cuales las citocinas  cambian la neuroquímica y el funcionamiento del cerebro durante la enfermedad, todavía hacen falta más investigaciones para elucidar esta relación, ya que estas moléculas del sistema inmunológico también están involucradas en trastornos psiquiátricos, como la depresión, la esquizofrenia y el espectro autista.

Riesgos económicos

Entre 10 y 12 % de las ausencias laborales se debe a males respiratorios, dice la OMS. La gripa provoca que cada trabajador se ausente en promedio cinco días y eso conlleva altos costos económicos para las empresas.

*Rodrigo Pérez Ortega es neurocientífico y divulgador de ciencia.

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