Por estas razones Donald Trump podría no terminar su mandato
AFP

Este 20 de enero, el empresario y político republicano Donald Trump se convierte oficialmente en el presidente número 45 de Estados Unidos. Sin embargo, “hay una gran probabilidad de que enfrente un juicio político” que termine por destituirlo, de acuerdo con el docente Allan Lichtman de la Universidad Americana en Washington.

El también conocido como “profesor Predicción” por anticipar con precisión el resultado de las elecciones presidenciales de su país desde 1984 —incluida la de 2016—, comentó que normalmente utiliza un sistema de afirmaciones que se responden con ‘verdadero’ o ‘falso’ para adivinar quién será el siguiente en ocupar la Casa Blanca. Pero en este caso, aclaró, su audaz predicción sobre la destitución de Trump tiene base únicamente en su “instinto”.

Entonces, ¿es realmente posible que Donald Trump sea incapaz de terminar su mandato? Si, como en el caso de cualquier otro presidente. Para empezar, en el Artículo II de la Constitución de los Estados Unidos, Primera Sección, Cláusula 6, se establece que en caso de incapacidad o fallecimiento, el puesto de presidente será ocupado por el vicepresidente.

“Sin embargo, el hombre se ve, hasta ahora, con una salud de roble”, dijo en entrevista con Tec Review Iliana Rodríguez, Directora del Departamento de Derecho y Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México. “Así que es difícil hablar de un evento de esta naturaleza, aunque no es imposible”. Pero es dentro del mismo artículo, en su Cuarta Sección, que el tema resulta más interesante.

El documento establece que: El presidente, el vicepresidente y todos los funcionarios civiles de los Estados Unidos, serán separados de sus puestos al ser acusados y declarados culpables de traición, cohecho u otros delitos o faltas graves. “Podríamos observar diferentes faltas que podrían llevar (a Trump) al procedimiento de un juicio político”, explicó la experta. Te invitamos a analizarlos junto con nosotros.

Traición

El Artículo III de la Constitución del país norteamericano, en su Tercera Sección, define la traición como: hacer la guerra en contra de Estados Unidos o unirse a sus enemigos. Al respecto, Iliana Rodríguez comentó que esto puede incluir ejercicios orientados a generar violencia dentro del territorio estadounidenses o discriminación contra sus habitantes, así como signos propios de un líder autoritario.

También hay casos, destacó, en que no es la práctica la que ofende, sino la negación de los hechos. “Es un poco lo que pasó cuando se quiso realizar un juicio político a Bill Clinton bajo el escenario de Monica Lewinsky”, recordó. “El problema no fue en sí el escándalo sexual que hubo en torno al tema de la becaria, sino el perjurio”.

Sobre Trump, Rodríguez y Lichtman coincidieron en apuntar a la probabilidad de un conflicto de intereses relacionados con los negocios y organizaciones personales del hoy presidente, así como en la posibilidad de que el empresario sea vinculado a algún tipo de filtración de información.

Delitos o faltas graves

Dentro del derecho estadounidense, los delitos graves implican una conducta inmoral o un comportamiento ofensivo que viola los estándares morales de la comunidad. Entre estos se encuentran el robo, el secuestro, el tráfico de drogas o armas, el terrorismo o el asesinato, “los cuales tienen cierta transversalidad con los delitos graves tipificados en  la Corte Penal Internacional”, apuntó la especialista en Derecho y Relaciones Internacionales.

“Ciertamente, Estados Unidos no pertenece a la jurisdicción de esa Corte”, dijo. “Sin embargo, los delitos que ahí aparecen son aquellos que se recogieron de todas las legislaciones del mundo y que deben ser considerados como graves al ser cometidos por cualquier persona, sobre todo, en rangos como los presidenciales”. Estos se refieren también a los crímenes de lesa humanidad.  

Respecto a Donald Trump, saltan a la mente acusaciones de abuso sexual y demandas que hay en su contra por parte de un grupo de mujeres.

El proceso

La destitución requiere votos tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. La primera deberá determinar si existen o no motivos para acusar al Presidente. Si la Cámara decide que los hay, el Senado se encargará de realizar el juicio de destitución.

Específicamente, el Comité Judicial de la Cámara es el que deberá elaborar una lista de los artículos de acusación para que la Cámara de Representantes vote. Si la mayoría lo hace a favor de aprobar los cargos, entonces la cuestión debe ir a juicio.

En este, el Presidente estará representado por sus abogados. Un selecto grupo de miembros de la Cámara de Representantes actuará como fiscales y el Senado se reunirá en privado para debatir si se retira o no al Presidente. Una votación de dos tercios del Senado resulta en una condena oficial.

Hasta ahora, sólo dos presidente estadounidenses han sido acusados, aunque ninguno fue condenado. El primero fue Andrew Johnson, el 17º mandatario , quien fue acusado de violar la Ley de Tenencia de Oficio. La Casa acusó a Johnson, pero el Senado lo absolvió más tarde ese año.

El segundo fue Bill Clinton, quien fue acusado por la Cámara de Representantes de cargos de perjurio y obstrucción de la justicia después de engañar a un gran jurado sobre su relación con Monica Lewinsky. El Senado absolvió a Clinton de ambos cargos.

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