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¿Por qué boxeadores olímpicos ya no usan casco?

La ciencia se opone a eliminar los protectores. El Comité Olímpico los retira una vez más en las pruebas de Río 2016.

El 18 de noviembre de 1982, el boxeo se teñía de luto. El surcoreano Kim Duk-Koo fallecía tras un brutal combate por el Campeonato Mundial de peso ligero contra Ray “Boom Boom” Mancini en Las Vegas. Una de las reacciones que provocó su muerte fue la incorporación del protector en la cabeza de los púgiles en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984.

Más de 30 años después, los boxeadores olímpicos, púgiles amateur, se suben de nuevo al ring sin casco en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Tras la reunión del comité ejecutivo del COI en Lausana, Suiza, en enero de este año, se respaldó la decisión que la Federación Internacional de Boxeo Aficionado (AIBA) había tomado en 2013 sobre la eliminación del protector en categoría masculina, manteniéndolo en los combates de mujeres y en las categorías juveniles.

En sintonía con el panel de expertos del 4 congreso internacional sobre conmoción y la salud en el deporte de Zúrich, no encontramos ninguna prueba de que los protectores en la cabeza protegieran de las conmociones cerebrales”, explicó a Sinc Abdelhamid Khadri, presidente del Comité médico de la AIBA y doctor especializado en medicina deportiva por la Universidad Mohamed V de Rabat de Marruecos.

El investigador marroquí participó en el estudio observacional de la AIBA, publicado en Clinical Journal of Sport Medicine, en el que compararon los cambios en las lesiones producidas antes y después que se eliminasen los cascos.

Un grupo de expertos, compuesto por miembros de la comisión médica y científica del COI y la AIBA, examinó las consecuencias de su decisión de dos maneras distintas. “En el primer análisis contabilizamos las paradas de los combates realizadas por el árbitro comparando las World Series of Boxing (WSB), disciplina que depende de la federación amateur pero con un reglamento próximo al profesional, en las que se boxea sin protectores, y el resto de competiciones de la AIBA en las que se pelea con casco”, señala Khadri.

Los datos hablan pero no convencen a todos

Para el segundo análisis, los expertos examinaron las grabaciones de los últimos cuatro Campeonatos del Mundo de Boxeo Aficionado. En los de 2009 y 2011 se boxeó con casco mientras que los de 2013 y 2015 se desarrollaron sin él. La comparación se hizo midiendo las interrupciones de los combates por golpes en la cabeza por cada 10, 000 rounds y por cada 1, 000 horas.

“Los resultados de ambos análisis demostraron que las interrupciones se redujeron en un 43% en los combates sin casco”, dice Khadri. Además, los datos son más llamativos cuando se cruzan las estadísticas de lesiones por combate obtenidas de los vídeos del Campeonato del Mundo de Doha en 2015 y supervisadas en su totalidad por el COI, con los del mismo campeonato en 2011.

Los impactos en la cabeza se redujeron un 16% en el torneo de 2015, y más del 50% de los golpes recibidos con riesgo de lesión (neurológica o facial) fueron en zonas que no protege el casco. “Los resultados indican que eliminar los protectores puede reducir el ya pequeño riesgo de sufrir una lesión cerebral en el boxeo olímpico”, señala Khadri.

Sin embargo, parte de la comunidad científica discrepa sobre la validez de estos informes y se apoya en otros estudios que defienden la efectividad de las protecciones para disminuir la fuerza de los impactos.

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Dudas y críticas a la retirada del casco

Paul McCrory, neurólogo de la Universidad de Melbourne (Australia) que participó en el Consenso de Zúrich, publicó en 2012 un artículo en la revista científica British Journal Of Sport Medicine en el que criticó la decisión de la federación de boxeo olímpico.

“Las escasas evidencias que existen sobre lesiones neuronales en el boxeo sugieren que los cascos son un medio más para reducir el impacto en la cabeza”, señalaba McCrory en su editorial ‘Volviendo a la edad dorada del boxeo’.

Además, el neurólogo califica como poco prudente la decisión de la AIBA y reclama mayor rigor en la investigación, y que se realice de forma específica para el boxeo antes de tomar una medida que según el autor “parece ir en contra del ideal olímpico que proclama la lucha entre atletas amateurs por la grandeza deportiva”.

Por su parte, el COI financió una investigación en la que evaluó el efecto de los protectores en la cabeza. Para ello, Andrew McIntosh, bioingeniero médico de la Universidad de Monash en Melbourne (Australia), desarrolló un dispositivo que imitaba el golpe de un boxeador sobre un maniquí con las características anatómicas del cuello y la cabeza humanas protegido con un casco aprobado por la AIBA.

“Simulamos impactos en varias zonas de la cabeza del maniquí que iban desde los 4,1 m/s hasta los 8,3 m/s, similares a los puñetazos que reciben y propinan los boxeadores. El resultado fue que tanto para los golpes lineales como para los que producían una rotación en el cuello, el casco reducía el impacto sufrido por el maniquí”, comenta a Sinc el investigador.

Cuestionado por este estudio, el miembro de la AIBA Abdelhamid Khadri responde que esta simulación con maniquí es estática y no se puede comparar con el boxeo real. “Lo investigamos, pero ni el más complejo sistema mecánico puede simular el efecto slosh que se produce por el movimiento del cerebro cuando se desplaza en el interior del cráneo ni la incidencia de la militarización en el estilo del boxeo, porque son factores humanos”.

Estilo de boxeo, efecto slosh y cortes

Los factores humanos incontrolables de los que hablaba Khadri son a los que alude Phil Dickinson, doctorado en neurociencia en la Universidad de Montreal (Canadá) y entrenador y propietario de un club de boxeo en la misma ciudad, para defender el uso del casco. Este apasionado del boxeo ha criticado punto por punto los argumentos científicos con los que la AIBA ha justificado su decisión.

“La militarización que señala la AIBA, entendida como una falsa percepción de la seguridad que proporciona el casco, no es más que la inexperiencia de los atletas amateurs a los que se ha retirado el protector”, comenta a Sinc Dickinson.

“Yo sé lo que duele un golpe, con casco incluido, y a nadie le gusta recibirlo. Los datos con los que la AIBA compara los golpes que reciben los boxeadores de la WSB con los del resto de competiciones son subjetivos. La realidad es que los púgiles del primer grupo combaten en 5 rondas de tres minutos y los del segundo 3 rondas de tres minutos, por lo que la comparación no es exacta”.

Además, los boxeadores de la WSB “tienen más experiencia y se cubren mejor, puesto que esta categoría es la antesala al boxeo profesional”, critica Dickinson, que señala además que en el campeonato del mundo de 2011 participaron 570 boxeadores frente a los 260 de 2015, con lo que al celebrarse más combates se recibieron más golpes.

El canadiense advierte también del aumento de los cortes en el deporte sin casco, que según los propios informes de la Federación Internacional de Boxeo Aficionado han aumentado en más de un 50% desde que se ha retirado. “Tenemos que destacar que aunque el casco no elimina el efecto slosh sí que reduce la intensidad de los golpes que lo provocan”, señala sobre otro de los puntos de la polémica.

La AIBA tomó como una prueba más para la retirada del casco el informe Bianco. El estudio es un detallado análisis de los últimos 59 años de boxeo amateur, de los que la federación señalaba cómo se triplicaron las interrupciones de los combates por el árbitro cuando un boxeador no se defendía lo suficiente desde la introducción del protector.

“Este dato vuelve a ser subjetivo, se refiere al criterio del árbitro”, indica Dickinson. “Del mismo informe yo destacaría la reducción de los knockouts, las pérdidas de conocimiento, como el único criterio objetivo de conmoción cerebral, que con la introducción del casco se redujeron de forma significativa”, apunta el canadiense.

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