¿Por qué Francia está ‘reviviendo’ cadáveres?

Un nuevo método llamado Simlife devuelve el color a los muertos.

AFP/GUILLAUME SOUVANT

Poitiers, Francia (AFP) Su corazón late, su sangre circula, y sus pulmones se ensanchan. Aunque no lo creas, esta es la realidad de un cadáver descongelado que ‘vive’ en el laboratorio de anatomía de la facultad de medicina de Poitiers, en centro oeste de Francia.

El trabajo de este cuerpo es permitir que alumnos de cirugía realicen prácticas, gracias al sistema Simlife, que presume de ser único en el mundo. Este fue fabricado y patentado por Cyril Breque, un experto en biomecánica.

Hasta ahora, los estudiantes de medicina y farmacia aprendían el oficio con maniquíes interactivos, en el mejor de los casos. Sin embargo, “las disecciones clásicas ya no respondían a las expectativas”, explicó el profesor Jean-Pierre Richer, responsable del centro de simulación de la facultad.

“Ya no se aprende en el bloque operatorio, al lado del cirujano”, afirmó. En Francia, por ejemplo, “las nuevas directivas nacionales dicen claramente ‘la primera vez nunca con un paciente'”.

Ante ello se ideó Simlife, con el objetivo de que el futuro médico se enfrente a una situación “lo más parecida posible a la realidad” pero sin riesgo para una persona viva.

En una sala, una treintena de estudiantes practican suturas con patas de cerdo, mientras que en el bloque operatorio de al lado una alumna asiste a una doble extirpación de riñón en un hombre que parece vivo.

El abdomen se levanta rítmicamente, el pulso es estable cuando los dos cirujanos hacen un corte hasta el ombligo para sacar las vísceras. Sólo el olor y el color delatan que se trata de un cadáver descongelado muy lentamente para hacerlo pasar en unos días de -22°C a más de 37°C.

Una experiencia real

AFP/GUILLAUME SOUVANT
AFP/GUILLAUME SOUVANT

La sangre artificial que circula devuelve rápidamente el color natural a los órganos y tejidos.

“Ves, allí, la vena cava, en realidad es así, rosada y azulada”, dijo el profesor Jean-Pierre Faure, corresponsable de la escuela de cirugía de la Universidad de Poitiers.

Sacan despacio los intestinos para no obstaculizar la operación. Después de una hora de trabajo, extraen un riñón, pero surge una hemorragia. El equipo la para, visiblemente tenso.

“¿Ha visto? Tenemos dos profesionales tan concentrados en el trabajo que se olvidaron de que era un simulacro. Es la vida real en un bloque operatorio con todas sus vicisitudes”, comentó el profesor Richer.

Detrás del campo operatorio quirúrgico que oculta el rostro del “paciente” se esconde la maquinaria de Simlife: dos carritos con un monitor.

“Lo de allí es una parte neumática para la respiración y, allá, la hidráulica para la circulación sanguínea”, detalló Cyril Brèque, un médico con gran habilidad para las actividades manuales.

Con un destornillador en mano, adapta en una válvula la presión de inyección de la sangre falsa. “Un poco de pintura, un aditivo para obtener la viscosidad de la sangre, todo el material proviene de tiendas de bricolaje y de jardinería”, sonríe.

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