Pronto la graduación de tus lentes podría ajustarse sola
CORTESÍA DE ALON SHOAVI/ Scientific American

Con la edad, muchas personas necesitan lentes bifocales o varios pares de gafas para poder ver bien tanto de cerca como de lejos, es por ello que la compañía israelí Deep Optics está explorando la posibilidad de crear unos lentes que se enfoquen de modo automático según aquello a lo que esté mirando su portador.

Estos anteojos “omnifocales” se ajustan de acuerdo a la distancia focal, mediante la interacción entre una corriente eléctrica y un cristal líquido, un material cuyas moléculas actúan a la vez como en un líquido y en un sólido.

Aunque la técnica ya se aplica en algunas cámaras de teléfonos móviles, aún no se ha logrado adaptar a lentes mayores.

Por ahora, Deep Optics ha construido una lente operativa de 20 por 20 milímetros y un sistema de detección de distancias. Una vez integrados en unas gafas, ambos componentes permiten cambiar casi al instante la graduación en función del lugar al que dirija la mirada el usuario.

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La empresa planea tener un prototipo en tamaño real para dentro de dos años. Su director general, Yariv Haddad, explica que esta técnica también podría aplicarse a dispositivos de realidad aumentada y de realidad virtual.

¿Cómo funcionarían estos anteojos?

El portador de los anteojos dirige la vista hacia un objeto. Unos sensores infrarrojos instalados en la montura miden la distancia entre las pupilas y envían esa información a una unidad de procesamiento incorporada en las gafas, la cual determina la distancia al objeto.

A partir del cálculo de la distancia, una batería recargable envía una corriente eléctrica a través de los lentes. Estos constan de tres capas: una central de cristal líquido, de un micrómetro de grosor, y dos exteriores de vidrio recubierto con óxido de estaño e indio, un material conductor transparente.

Cuando el voltaje de la capa de cristal líquido cambia, la orientación y la distribución de los cristales se modifica, lo que a su vez altera la trayectoria de la luz a través de las lentes. Como resultado, el índice de refracción varía. En las gafas normales, el mismo efecto se consigue ajustando el grosor de los lentes.

Este ajuste tarda entre 100 y 300 milisegundos en producirse, un tiempo muy próximo a los 300 milisegundos que necesita el ojo humano para enfocar.

 

Con información de Investigación y Ciencia, edición española de Scientific American