Psicología para lograr un penal

Hay quienes se devanan los sesos para estudiar a fondo la anotación perfecta

Por Luis Javier Plata Rosas

Quién, si no un neuropsicólogo, podría explicarnos qué pasó en la cabeza del delantero que decidió arriesgarse y tirar a la portería en vez de pasar la pelota a su compañero, que tenía una oportunidad única de anotar ¡gooool!

Es que también en la materia pambolera la ciencia tiene mucho por decir. ¿Cómo podríamos ganar la discusión de quién es el mejor jugador en este momento, sin ayuda de avanzados estudios estadísticos?

En esa búsqueda de respuestas para todo, se buscan los fundamentos científicos para anotar penales, esos tiros que valen oro y deben hacerse, con exactitud, bajo miles de miradas en tiempo real.

Expertos en psicología del deporte de la Universidad de Colonia, Alemania – Journal of Sports Sciences–, desarrollan un método para determinar la mejor estrategia al tirar un penal.

Los psicólogos teutones dominan el esférico. Afirman que quienes tiran un penal eligen entre dos estrategias: portero-dependiente (intentan anticipar el movimiento del portero antes de patear el balón en la dirección opuesta) y portero-independiente (deciden patear el balón en cierta dirección y mantienen su decisión sin importar lo que haga el portero).

Los psicólogos deportivos notaron que, aunque ambas estrategias son exitosas –o fallidas, si vemos el estadio medio vacío y no medio lleno–, quienes tiran un penal prefieren la estrategia portero-independiente.

¡Goool del equipo teutón!

Si uno está en el otro lado de la ecuación, identificar como portero qué estrategia seguirá quien cobrará el penal puede aumentar la posibilidad de ser goleado.

Según estos expertos, un jugador que baja la velocidad, usa zancadas más cortas y que mira frecuentemente al portero, es más probable que use la estrategia portero-dependiente, por lo que se recomienda esperar un poco antes de moverse.

Si el portero observa que quien patea el balón lo ignora mientras corre a velocidad constante y conoce de antemano las preferencias de su oponente, puede moverse hacia el lado al que acostumbra tirar éste, pues lo más probable es que se trate de una estrategia portero-independiente.

Sale el equipo alemán y entra el equipo de Welker y colegas, científicos que aseguran que ver –o, mejor dicho, medir– la cara de un jugador basta para predecir su desempeño en la cancha, incluyendo la probabilidad de que anote goles y cometa faltas –Adaptive Human Behavior and Physiology–. Para ello, hay que medir la distancia entre los pómulos y dividirla por la distancia del entrecejo al labio superior: valores altos de este cociente están asociados con un comportamiento más agresivo, posiblemente a causa de la exposición del jugador a concentraciones más altas de testosterona a una edad más temprana.

Caras vemos, goles… ¿sabemos?