iStock

Washington, Estados Unidos (AFP) Los ratones que vocalizan repetitivamente, con pausas, de forma similar al tartamudeo humano, podrían ayudar a los científicos a entender mejor las causas de este problema.

El primer paso que el grupo de expertos dio en esa dirección fue la creación de roedores transgénicos con una mutación genética que se vincula a este trastorno en el hombre.

De acuerdo con los investigadores, este modelo animal podría ayudar a entender el origen molecular y neurológico de la tartamudez que afecta a cerca de 1% de la población mundial. Esto podría abrir la vía a posibles tratamientos contra esta dificultad, estimaron los autores del estudio publicado el 14 de abril en la revista científica Current Biology.

Por mucho tiempo se creyó que la tartamudez era producto del nerviosismo, del estrés o de un trauma emocional de la infancia. Sin embargo, hoy, la medicina estima que este problema tiene principalmente una causa biológica, aunque la ansiedad pueda exacerbarla, de acuerdo con los expertos de la facultad de medicina de la Universidad Washington en St. Louis, Misuri, y los Institutos Nacionales de Salud (NIH).

Algunas de las personas que presentan este trastorno tienen una mutación en un gen llamado GNPTAB. Los científicos pudieron crear ratones genéticamente modificados para que porten esta misma variedad.

“La palabra es una capacidad única de los humanos pero la manera de vocalizar es una mezcla de muchos elementos que son mucho más simples”, explicó Tim Holy, profesor adjunto de neurociencia en la Universidad Washington y principal autor del estudio.

Para emitir sonidos y hablar es necesario controlar la respiración y los músculos de la lengua y la boca que los humanos compartimos con los ratones y otros animales, detalló el especialista, y agregó que los roedores producen continuamente sonidos complejos a frecuencias indetectables para el oído humano.

Las vacilaciones que interrumpen el flujo regular de la vocalización son una característica clave de la tartamudez. Por ello, los autores del estudio desarrollaron un programa informático que analiza la duración de estas pausas en ratones de tres a ocho días de nacidos, cuando se los aparta de sus madres.

El grupo ya constató que los que tienen la mutación genética del tartamudeo humano hacen pausas más largas en sus gritos que aquellos que no la tienen.

A continuación, los científicos usaron el mismo software para analizar las grabaciones de personas con y sin tartamudez. El programa pudo distinguir con precisión a los que tartamudean de los que no.

¿Te gustó esta información? Consigue más en nuestro boletín semanal, ¡suscríbete ahora!