La problemática de los refugiados, aunque es histórica y multifactorial, debe llamar a la conciencia de la humanidad, pues más allá del fenómeno migratorio que simboliza, exhibe la ausencia del estado de derecho de los territorios que los expulsan, o bien circunstancias ambientales adversas que imposibilitan el desarrollo de fuentes de trabajo sustentables y, por ende, la realización de una vida plena.

De acuerdo con el último informe “Tendencias globales. Desplazamiento forzado en 2016”, del Alto Comisionado de Naciones Unidas (ACNUR), hay 65.6 millones de personas desplazadas forzosamente. Este informe indica que, en promedio, 20 personas por minuto huyeron forzadamente de sus hogares tratando de salvaguardar sus vidas en puntos distantes a sus lugares de origen e incluso a otros países.

En el informe se desglosan 10.3 millones de desplazados por conflictos, 6.9 millones desplazados internos, 3.4 millones son nuevos refugiados. De los 65.6 millones, 22.5 eran refugiados, 40.3 millones eran desplazados internos y 2.8 millones solicitantes de asilo (perseguidos políticos u otros casos). En esta cifra destacaron, como países expulsores de refugiados, Siria con 5.5 millones, Afganistán con 2.5 y Sudán del Sur con 1.4 millones. De los estados que más refugiados recibieron hasta 2016, estaban Estados Unidos, miembros de la Unión Europea como Alemania, Italia, España, Grecia y Australia.

La situación de los refugiados que huyen de sus hogares sea por situaciones de violencia y/o conflictos armados internos o internacionales, problemas de degradación ambiental o ecológica, por injusticas económicas a poblaciones enteras, impacta al mundo por el sistema global en el que vivimos y que hasta el momento ha sido incapaz de resolver o mitigar esta problemática.

Los ciudadanos requerimos pensar en cómo participar con los gobiernos, para sumar el valor de los refugiados que, tras vivir la tragedia de abandonar lo que les es familiar y propio, de atravesar territorios bajo vejaciones o miedo a la incertidumbre de una nueva forma de vida, o de haber vivido en campamentos de refugiados que les excluyen de la sociedad, requieren la oportunidad y trato justo acorde con los derechos humanos, que les permita realizarse y contribuir a enriquecer económica y culturalmente a los estados que les abren las puertas. Se trata, pues, de humanizar el problema, no en deshumanizarlo ni ignorarlo, sino atenderlo en tanto las condiciones que les expulsaron cambian.

En promedio, 20 personas por minuto huyeron forzadamente de sus hogares tratando de salvaguardar sus vidas

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