ESA

Científicos detectaron oxígeno molecular en el sitio más inesperado: el cometa 67P/Churyumov–Gerasimenko.

El hallazgo, que se logró gracias a la sonda Rosetta, obligará a los astrónomos a repensar sus teorías sobre la formación del Sistema Solar.

“Tan pronto como nos acercamos los suficiente al cometa, lo descubrimos”, dice Andrè Bieler, físico de la Universidad de Michigan y autor del reporte que se publica en la revista Nature.

Entre septiembre de 2014 y marzo de este año, conforme el 67P se acercaba al Sol, Bieler y su equipo de trabajo utilizaron uno de los espectómetros de Rosetta para analizar las moléculas que se arremolinaban en el cometa e identificaron su composición química. Ellos observaron que, en promedio, el oxígeno molecular representa el 3.2% de la nube en relación con la sustancia más abundante, el agua.

“Fue una proeza”, dijo Paul Feldman, astrónomo de la Universidad Johns Hopkins, investigador en otro de los espectómetros de la sonda. “Creo que hicieron un gran trabajo”.

Lo que no quedó claro de inmediato fue el origen. El equipo de Bieler descubrió que a menudo el agua y el oxígeno se encuentran juntos, lo que indicaría que un proceso similar genera ambas moléculas. Bieler y sus colegas descartaron varios escenarios en los cuales el oxígeno aparece cuando partículas como fotones o neutrones separan el agua.

Los investigadores argumentan que el oxígeno es remanente de la formación del 67P hace miles de millones de años, un proceso que pudo atrapar el gas en pequeñas partículas de hielo y roca que se unieron para formar el núcleo sólido del cometa.

Muchos modelos sobre el desarrollo del Sistema Solar descartan lo anterior porque sostienen que el oxígeno tiende a emparejarse con el hidrógeno. Esta afinidad impide que los modelos se ajusten para explicar la presencia del oxígeno molecular, dice Mike A’Hearn, astrónomo de la Universidad de Maryland y colega de Feldman.

Bieler reconoce que se requieren más experimentos para determinar qué significa realmente la presencia de oxígeno: “Creemos que el resultado es de importancia, más allá de la comunidad que estudia los cometas, porque nos obliga a repensar nuestros modelos”.

 

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