Aquel 10 de mayo no fue como cualquier otro. Vicente Russildi era dueño de un pequeño negocio de hojalatería en Monterrey, Nuevo León, y volvía a su casa un sábado por la tarde, tras haber completado su jornada de trabajo. Sin embargo, al abrir la puerta, se encontró con una multitud de familiares y amigos que estaban esperándolo, ansiosos por felicitarlo tras enterarse de que su boleto –el 0348– resultó ganador de la primera “Rifa Pro-Biblioteca” del Tecnológico de Monterrey. Era el año de 1947. En total, el sorteo incluía 28 premios con un monto de 58,825 pesos.

Fueron vendidos 1,500 números a 50 pesos cada uno, que se agotaron en cuestión de días, tras su anuncio en el periódico estudiantil El Borrego. Vicente Russildi acudió ese mismo día, acompañado de su hijo, a recibir su premio: un automóvil Lincoln Continental sedán del año con valor de 21,000 pesos, que es considerado el más bello de esa época.

Vicente Russildi se sentía satisfecho ya que, además de tener un coche nuevo, sabía que, con la compra de su boleto, estaba colaborando en la construcción y acervo de la biblioteca para los estudiantes de la nueva universidad regiomontana –“el Tec”–, que había sido fundada cuatro años antes por Eugenio Garza Sada. Lo mismo sucedió con el resto de los participantes, quienes tuvieron la oportunidad de obtener otros premios, como una sala de tres piezas, un radiofonógrafo, un refrigerador y cuadros de Carlos Ruano Llopis, así como acuarelas de Ricardo Marín.

 

Apoyar la educación

Debido al éxito de ese primer sorteo, la iniciativa creció y se comenzó a realizar año con año. Desde entonces se ha conformado una red de colaboradores voluntarios; además, los premios han aumentado y se han diversificado –al principio eran coches y electrodomésticos; en 1954, se rifó la primera casa.

En 1968, los boletos ya se vendían a toda la Comunidad Tec, y en 1988 en todo el país; la frecuencia de los sorteos se amplió a cuatro para 1990 y para 2010 se crearon nuevos, como el Sorteo Educativo, el Sorteo AventuraT y el Sorteo Mi Sueño, dirigidos a diversos públicos y gustos, pero siempre manteniendo su razón de ser: apoyar la educación.

Con el apoyo de los fondos que se reunieron, se pudieron construir campus, edificios como el CEDES, la EGADE Business School, así como la Escuela de Gobierno y Transformación Pública, el Centro Médico Zambrano Hellion, además del campus de la Universidad Tecmilenio. La investigación en los campus creció y se apoyó con becas a casi el 50 % de los estudiantes.

De mexicanos a mexicanos

Aproximadamente, cada año 1.4 millones de mexicanos compran boleto a los más de 130,000 colaboradores voluntarios o a los cerca de 1,000 trabajadores de la organización. Hasta ahora, Sorteos Tec ha entregado 264 residencias, 114 departamentos o casas, más de 270 premios millonarios, 29,600 automóviles y miles de premios más.

Desde hace cuatro años, los recursos recaudados se destinan íntegramente al programa Líderes del Mañana, que se encarga de buscar a jóvenes talentosos y brillantes, comprometidos con la sociedad y que no pueden pagar sus estudios superiores, para becarlos al 100 %. Este programa ya ha becado a más de 550 personas de toda la República, quienes han podido elegir qué carrera estudiar y en cuál campus del Tecnológico de Monterrey lo quieren hacer.

Uno de ellos es Carlos Alberto Matías Barrios, quien estudia Ingeniería Química en el Campus Monterrey. Es originario de un pequeño pueblo de Chiapas, ubicado a unos 20 minutos de la frontera con Guatemala, en donde sus padres laboran como agricultores. Cuando salió de la preparatoria, su familia le pidió que se pusiera a trabajar, ya que no podían seguir pagando sus estudios. Así lo hizo y, mientras trabajaba en Cancún, Quintana Roo, se enteró del programa Líderes del Mañana y aplicó.

En diciembre de 2015, Carlos Alberto se hizo acreedor a la beca. Cuenta que Sorteos Tec y Líderes del Mañana le permitieron encontrar una nueva familia dentro de “el Tec” que no deja de apoyarlo. Hoy, asiste a cursos de inglés y cuenta con el respaldo de los EXATEC para adquirir artículos como útiles escolares, su mochila y su computadora. Para él, esto implica una enorme responsabilidad, porque sabe que, al participar en el sorteo, los organizadores y los compradores ponen su confianza en él y en sus compañeros, “aun sin saber quiénes son, sin conocer sus historias”.

Los colaboradores voluntarios de Sorteos Tec también se ven beneficiados. Uno de ellos es Gerardo Posadas Ramos, quien lleva 21 años vendiendo boletos. Para él, lo más importante es contar con una ayuda monetaria extra –ya que es jubilado–, y darle la oportunidad a los participantes de los sorteos de cambiar su vida con un gran premio. Posadas Ramos ya ha vendido dos boletos ganadores, uno en 2002 y otro en 2004.

“La sociedad está ayudando a la misma sociedad”, señala Jorge Blando Martínez, director general de Sorteos Tec. “Es una obra de los mexicanos para los mexicanos. Nosotros sólo somos el puente”. Por su parte, la doctora Laura Ruiz Pérez, directora de Educación para el Desarrollo del Tec de Monterrey, piensa que “apoyar la educación de calidad nos va a permitir convertirnos en un país con mayor rendimiento y crecimiento”.

Con siete décadas de impulsar los proyectos del Tecnológico de Monterrey, Sorteos Tec ya mira al futuro: “Trabajamos en estrategias para prepararnos para la siguiente década siendo una organización más digital y más centrada en los sueños de nuestros clientes. También hemos formado un grupo con otras 17 universidades que realizan sorteos educativos para compartir mejores prácticas y, con el apoyo de la Secretaría de Gobernación, lograr generar más recursos para la educación. Vamos a cambiar mucho en los próximos años”, agrega Jorge Blando.